Entre el Kete Castrillón y Brad Pitt



Lucas Carrasco-. La Ley Castrillón es el sujeto de disputa trasnochada luego de cada elección, donde algunos se despiertan con resaca y otros con la mina más linda acostada al lado, de la cual no recuerdan el nombre.


Seis meses antes de las elecciones la legislatura entrerriana debe fijar por ley cuándo serán esas elecciones donde se elegirán cargos provinciales en dos de los tres poderes que nos legara Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, el filósofo que se ponía ruleros; el Poder Ejecutivo (se llama así por una vieja convención del lenguaje, pero se refiere a la Capitanía General, también conocida como Gobernación, que depende del Consejo de Indias, también conocida como "la billetera que hace que Frigerio parezca Brad Pitt") y el Poder Legislativo, que es ese lugar que parece una mezcla de aula escolar con viejo bar de San Telmo y hay señores que piden la palabra pero el mozo en vez de llevarle el pedido -la palabra- les lleva café.
A diferencia de constituciones como las de Santa Fe y Buenos Aires que dicen, taxativamente, que las elecciones para cargos provinciales se deben realizar en otra fecha que las nacionales (caso Santa Fe) o en conjunto con las nacionales (caso provincia de Buenos Aires), en Entre Ríos esto queda librado al interés del partido que tenga la gobernación, pues obtiene inmediatamente la mayoría en Diputados y la otra Cámara, la de Senadores, representan Departamentos, no intendencias.

La Ley Castrillón está pensada para fortalecer el bipartidismo y, especialmente, para que el jefe partidario, que usualmente es el que maneja mayores recursos estatales, sea el definitorio en las elecciones internas para la selección de candidatos. El bipartidismo entrerriano no es consecuencia de la Ley Castrillón. Hay que recordar que la reforma constitucional de 1994, enmarcada en el Pacto de Olivos, se hizo para consolidar el bipartidismo: el plan salió mal. Las PASO fueron creadas, en el orden nacional, con el mismo fin. Y hoy la presidencia y los dos distritos más importantes, CABA y provincia de Bs As, están en manos de un partido que se presentó por primera vez a las presidenciales y que, en el caso bonaerense, llegó a perder la personería jurídica antes de ganar la gobernación con María Eugenia Vidal. Como decía Juan José del Pozo, señor de la Brède y barón de canal 9, más conocido como Tusam: "puede fallar".

¿Tusam no será hermano de Aldo Ballestena?

Cada tanto, se elucubra con nuevas formas de votación. En estos días del 2018, también.
En el arranque de 2016, el gobierno provincial estaba jugado a fondo, en conjunto con el gobierno nacional, por la boleta electrónica. Nunca salió, por razones que ya no vienen al caso.
Hoy se habla de adoptar el modelo de Santa Fe, que es de lista única y uno marca una cruz en cada categoría de candidatos. Así, por ejemplo, puede votar por Urribari para diputado provincial, Varisco para intendente de Paraná, y un tercer partido para gobernador. O todo lo contrario: votar a Bordet, al socialismo para senador provincial, al vecinalismo para intendente, etc. Sin necesidad del engorroso trámite de cortar las boletas.
Es un método de votación que achica los costos de impresión y robos de boletas, con lo cual ganan peso las minorías partidarias, y a la vez, como las boletas se las entregan a los votantes las autoridades de mesa, disminuye el valor del aparato partidario. Algo muy conveniente al socialismo santafesino, cuyo enclave es Rosario, para balancear el poder de la capital, Santa Fe, y el aparato partidario del peronismo en las comunidades rurales en la vecina provincia.
Ese método de votación, trasplantado a otra sociología como la entrerriana, quitaría peso al radicalismo en Paraná y las juntas de gobierno; y al peronismo concordiense. A la par que debilitaría el dedazo, tanto para Macri como para Bordet. O sea, se estarían poniendo un cucurucho en la frente. Con Crema del Cielo y Menta Granizada, encima. 

Concordia no tiene el peso económico ni demográfico en Entre Ríos que sí tiene en la provincia de Santa Fe la ciudad de Rosario. La capital entrerriana, a su vez, es un tercio del padrón y concentra el grueso de los empleados públicos. O sea, suma peso demográfico con peso estatal y económico derivado, a la inversa de Rosario-Santa Fe.