El Gráfico y el peluquero



Lucas Carrasco-. La hipocresía en torno al cierre de la revista El Gráfico



En el estante de las revistas, el peluquero tiene El Gráfico, la última edición.
-Me contó el kiosquero que deja de salir. ¿Sabés por qué?
-Y...son muchos los medios gráficos que han cerrado. Es por internet. La gente lee más por internet.



Lo que le cuento al peluquero es parcialmente cierto. Porque si fuera verdad del todo, no hubiera discontinuado también la edición Web. Probablemente, el peluquero, por su edad, no sepa lo que fue El Gráfico durante el Mundial del 78: un propagandista de la dictadura. Ahí escribió sus loas a Videla alguien que venía de elogiar la dictadura uruguaya pero la Argentina le parecía más grande y con más oportunidades. No se equivocaba, Victor Hugo Morales. Le fue muy bien. Después de escribir en El Gráfico, pasó por muchos medios, pero sus últimos escritos eran en el semanario Perfil. Donde su director recuerda mientras escribo esta nota, que El Gráfico también sacó El Gráfico Diario, para competir con Olé, de Clarín. El peluquero no sabe, seguramente, nada de esto, porque vive en Paraná y El Gráfico Diario venía dentro de Tiempo Argentino, que solo se vendía en CABA y el Conurbano. Perfil aprovecha para recordar que fue Sergio Szpolski el que llevó adelante esta aventura de El Gráfico Diario.
La nota en Perfil se llama, curiosamente "Lo que no se dice de El Gráfico" y, ya que estamos, lo que el señor no dice es que El Gráfico Diario se imprimía en la editorial Perfil, que tiene una máquina para hacer diarios pero que fracasó con un paskin fugaz que se llamaba Libre y era desopilantemente panfletario, amarillista y vulgar hasta el colmo. Con la imprenta al pedo, porque Perfil solo podía ser bisemanario porque no tenía pauta oficial -ahora, que la tiene en abundancia, prefieren crear radios y canales, a lo Szpolski- y esa es otra cosa que el peluquero no sabe: los medios gráficos no se venden, la gente no los compra. Por lo tanto, viven del estado. De la pauta oficial.

Pasa en todo el mundo y pasa en Buenos Aires, los medios gráficos cierran, de manera imparable;  mientras que en las provincias quedan diarios que son reducidos a panfletos del gobierno de turno, como El Diario de Paraná, que el peluquero no compra. Al igual que la inmensa mayoría que alguna vez lo compró. ¿Por qué pagar por notas mal escritas en sótanos gubernamentales si se puede leer contenido de calidad y mayor veracidad en la web?
Los últimos dueños de El Gráfico, la empresa Torneos y Competencia, olvidaron su pasado ultraK y ahora arreglaron con Macri, pero perdieron contra Clarín: Olé es preferido por los lectores, así como la revista Genios se llevó puesta a Billiken (que supo ser parte de la misma editorial que El Gráfico, al igual que Para Tí y Gente, que perdió lectores por la competencia con la TV: la tarde tiene programas de vulgaridades mucho más entretenidas y grasas que la propia revista Gente).
Cosas del mercado, mezcladas con la política, la falta de lectores del papel y la crisis intensa que vive mundialmente el periodismo, que en todos lados sobrevive como periodismo estatal o va a pérdida, y es subsidiado por empresas del mismo grupo. Como Clarín con Cablevisión, por ejemplo.
Es una tendencia mundial y es imparable.
Arrastra también a los libros, aunque estos seguramente sobrevivirán, por su prestigio (sobrevalorado, la mayoría de los libros que se publican son una porquería, pero bue, la gente cree eso) y como objetos de culto.



Hay cierta tendencia patética al lloriqueo por esta situación de los medios y su complicada relación con internet, porque internet está lleno de mentiras. Es cierto. pero también, si se sabe buscar y clasificar, si se sabe, en suma, leer, también está lleno de verdades. En los diarios y revistas es muy difícil encontrar algo que sea verdad. Así que ese lloriqueo patético se reserva para los boludos solemnes. En el reino de la hipocresía, la muerte de un medio de comunicación se vive con gestó Balbín-Despidiendo-A-Perón. Con la misma solemnidad y secreta alegría: se acaba de morir un competidor. 

Todo esto pienso mientras terminan de cortarme el pelo, el poco que me queda, bien cortito para no peinarme. Y en silencio, porque voy a esa peluquería y el muchacho sabe por qué. Le conté, la primera vez que fui, la anécdota de Perón (que nadie sabe si es cierta).
Entra el peluquero presidencial y le pregunta al recién electo presidente:
-General, ¿cómo quiere que le corte?
-En silencio- respondió Perón.