El cuco sindical



Pablo Mori-. Las amenazas de Barrionuevo terminan siendo funcionales a los sectores más conservadores, que pretenden una reforma laboral que degrade los derechos laborales, ya de por sí socavados.




Un fantasma recorre el peronismo: la Banelco.
En el gobierno nacional no se dejaron extorsionar ni presionar por los diversos mecanismos que el sindicalismo de la CGT utilizó para distintos fines pero fundamentalmente par cuidar sus propios intereses, que no equivalen a los intereses de todos los trabajadores.
Uno de los voceros más claros fue Luis Barrionuevo, que representa lo peor de la Argentina corporativa. Sus dichos finalmente terminan siendo funcionales a los sectores más conservadores de Cambiemos, que se hallan en el PRO y la Coalición Cívica, arrinconando así a los sectores progresistas que aún conserv la Unión Cívica Radical.

Lindo favor le hizo a los más de 3.000 secretarios generales de sindicatos que tiene Argentina, el esposo de la defensora de la moral del Frente Renovador Graciela Camaño de Barrionuevo, al amenazar la democracia si se meten con los "sindicatos", tomando como sindicatos a aquellos sindicalistas eternos (el propio barrabrava Luis Barrionuevo tiene 74 años y no se le conoce un solo trabajo en toda su vida) que se han vuelto multimillonarios a través de la extorsión, el patoterismo y las actitudes mafiosas. No tengo dudas de que la mayoría de los sindicalistas son honestos. En el caso entrerriano, quién puede dudar de la honestidad de Edgardo Massarotti de ATE o de Beatriz Montaldo de AGMER, ambos de distintas ideologías y pertenencias partidarias. De distintos gremios y hasta distintas preferencias en cuanto a centrales sindicales (uno, más afín a la CGT, la otra a la CTA) Pero ambos, reconocidamente honestos.
Las amenazas de Barrionuevo de que Macri no terminaría su mandato si la Justicia sigue encarcelando mafiosos de los sindicatos, cayó mal en la sociedad como todo lo que diga Barrionuevo. Hay que ver si en el gobierno le hacen caso, dado que Barrionuevo es parte importante del Frente Renovador de Sergio Massa y un gobierno en minoría en ambas Cámaras del Congreso, necesita contar con aliados.



La previa para la reforma laboral recalienta todos los motores. Los sindicalistas corporativos acostumbrados a vivir de los privilegios ven la mano del gobierno detrás de cada acción de la Justicia y es probable que tengan razón. No hay otra forma de explicar la inacción judicial durante décadas sin que esté detrás el actual gobierno. Tuvieron que pasar casos de enorme magnitud social para que un sindicalista de los pesados viera la cárcel. Casos como el asesinato de Mariano Ferreyra o la venta de medicamentos truchos para el cáncer cruzaron la línea de lo permitido hasta entre los delincuentes. No podían quedar impunes los sindicalistas involucrados y de hecho terminaron presos.
Aunque en otros casos se los pasó por alto en la investigación, como en la tragedia de Once.
La cuestión es que sería necio negar que el PRO, no Cambiemos sino el PRO y Elisa Carrió, están detrás de las investigaciones judiciales a los sindicalistas mafiosos. Casualmente, no se investiga a los herederos y testaferros del Momo Venegas, recientemente fallecido, que integraba Cambiemos a través de su partido FE.
También es evidente que este impulso judicial no nace de la virginidad del gobierno ni de su pretensión de transparencia, sino que es un coletazo de la lucha por imponer la reforma laboral. La amenaza latente a los dirigentes conocidos como "los gordos" de la CGT está implícita: si se oponen se van a investigar sus lujosos modos de vida.

Esos lujosos modos de vida son los que los volvieron, a los ojos de la mayoría de la sociedad, en impresentables. Aunque también la pérdida de calidad de vida, las desmejoras en el mercado laboral y la creciente desigualdad social que heredó la formación Cambiemos, son el contexto donde se va a discutir una reforma laboral que a priori parece más de lo mismo: las recetas del Fondo Monetario Internacional, que ya las aplicó el peronismo en la Argentina de los 90 pero resguardando las cajas de los sindicalistas. Tales reformas no cumplieron los objetivos declamados, que eran aumentar el empleo, los salarios y la cobertura en salud. No hay razón para creer que esta vez vayan a funcionar. Más bien hay razones para sospechar lo contrario.
Llamativamente el radicalismo, que cuenta con numerosos sectores progresistas, hace silencio sobre esta reforma laboral regresiva. Quizás para no quedar pegados a los sindicalistas más impresentables, como Barrionuevo.
En ese sentido, la amenaza de Barrionuevo es funcional a los sectores más conservadores del gobierno. Lo cual, tratándose de Barrionuevo, no es ninguna novedad.