El caso de Nahir Galarza y los noviazgos violentos en adolescentes


Daniela Sanchez.-Todos los días, diferentes medios de comunicación de Entre Ríos ayudan a inundar las tapas de los diarios nacionales sobre noticias de diferente tenor acerca del asesinato de Fernando Pastorizzo en Gualeguaychú por parte de su novia Nahir Galarza. Idioteces sobre el instagram o los chat de wassap contribuyen a no tratar seriamente el tema.
Es cierto que la muerte es irremediable y que se hace mas difícil superarla cuando se trata de un homicidio y de una persona tan joven, pero es hora de que quienes están al frente de la comunicación con este tema, lo hagan de una manera responsable y por lo menos que este caso nos pueda ayudar como sociedad para reflexionar, debatir y prevenir la violencia, sobre todo la que aparece en las relaciones de noviazgo.

Tengamos en cuenta que según la Organización Mundial de la Salud, algunas estadísticas  revelan indicadores de violencia en donde muestran que: el 30% de las estudiantes universitarias reportan violencia en el noviazgo.
La violencia en el noviazgo tiene altas probabilidades de dar comienzo a un estilo de interacción de pareja violento, se inicia con agresiones verbales que continúan con agresiones físicas aumentando su nivel de severidad. Los indicios de violencia de género en la pareja durante la adolescencia y la juventud son comparables a los que se manifiestan luego en la adultez. En el 60% de los casos, el agresor es la pareja o novio/a, mientras que en el 40% es la ex pareja. Entre los tipos de maltrato, el 97,8% denunció haber sufrido violencia psicológica, el 86,2% violencia física y el 27,3% violencia simbólica. Las cifras revelan que muchos casos reportaron más de un tipo de violencia.


En caso de que se probara que la relación era enfermiza entre estos dos jóvenes, no sería un hecho aislado. Sí su trágico desenlace.
Se trata entonces, de empezar por visibilizar situaciones de violencia, que muchas veces son  escondidas en relaciones de abuso de poder que se viven en forma cotidiana de tal manera que no llegan a conceptualizarse como tal: los celos, el control de la pareja, el aislamiento (no quiero que estés con otro/a), son las manifestaciones mas comunes de esta violencia. Estas manifestaciones de la violencia son potenciadas por la utilización de las tecnologías de comunicación, sobre todo por las redes sociales y el WhatsApp.

Un noviazgo violento entonces se da cuando tu novio, amigovio o compañero no respeta tus derechos. Se manifiesta de diferentes formas: un empujón, un insulto, una cachetada, burlas. Las reacciones violentas empiezan de a poco y suelen empeorar, aunque por momentos se atraviesan etapas más tranquilas, por ejemplo que cuando se le pasa el enojo, te pida disculpas.

Es necesario reflexionar sobre la idealización que construyen las y los jóvenes en relación con el amor romántico, ese amor que todo lo perdona, que todo lo entiende, ese amor que disfrazado de amor para toda la vida es, en realidad, el comienzo de una relación intoxicada por el control y la posesión.

Para prevenir este tipo de violencia el ámbito familiar y la escuela pueden aportar a la sensibilización, promoviendo la desnaturalización de los pilares socioculturales de la desigualdad en los vínculos. Ya que tanto la escuela como la familia son espacios que brindan las condiciones necesarias para construir confianza y dialogar, es en estos espacios donde el adolescente se siente escuchado sin juzgamientos, y donde puede recibir información sobre todas aquellas maniobras sutiles que limitan en el día a día, sus posibilidades de crecimiento y autonomía; y además lo fundamental es que estos espacios pueden orientarlo y acompañarlo en relación a los riesgos que le puede ocasionar el sostener un vínculo de este tipo.

Volviendo al caso de los adolescentes entrerrianos tengamos en cuenta que es en la adolescencia y en el ámbito familiar donde se naturalizan estas conductas violentas. No se trata de echar culpas, pero si en una familia hay un permanente clima de violencia, los adolescentes crecen con la idea de que la tensión forma parte del amor, para esas personas las peleas y los golpes son lo normal y familiar.
Y no, no es normal. Para nada.
Por eso es necesaria la educación, para desnaturalizar las situaciones de violencia.