Ecoufología


Sebastián P -. Las predicciones sobre contaminación, muertes y calamidades por culpa de las pasteras frente a Gualeguaychú, resultaron ser mentira. Sin embargo, los mismos gurúes esotéricos encuentran una y otra vez algún fantasma que, según predicen, nos va a matar a todos.



Es raro que se consulte en algunos medios periodísticos a quienes mintieron tanto, aún si hablaban de buena fe pero luego en vez de reconocer que se equivocaron inventan una y otra vez nuevos fantasmas para asustar a la gente.
Recordemos que quienes auguraban inmensas calamidades ambientales en Gualeguaychú por culpa de las pasteras instaladas en la República del Uruguay cortaron los puentes internacionales durante años, subordinando la relación con el país hermano a su exclusiva causa, la cual por cierto resultó ser falsa.
Argentina fue a un juicio en la Corte Internacional de La Haya y lo perdió, porque no tenía razón.
Lejos de la autocrítica los supuestos expertos en ecología se olvidaron del asunto y al rato ya tenían nuevo fantasmas para asustarnos con siempre las mismas calamidades que nos anuncian como si fueran profetas evangélicos. La evidencia empírica no les interesa e incluso y para estupor del mundo (si alguien los tomara en serio) hay uno o dos médicos que dicen haber descubierto las causas del cáncer y por lo tanto de su solución. Del "cáncer" dicho así, genéricamente tal como lo dicen estos profetas bíblicos que por alguna razón que no llego a entender se creen gente de izquierda. Son lo más reaccionario que hay en la sociedad.



Es normal que algunos delirantes les hagan caso. Pasa con todas las sectas. Lo curioso es que el periodismo no quiera nunca consultar a un experto, sino que son siempre los mismos predicadores evangélicos del apocalipsis según Greenpace los que se visten de ingenieros para explicar la represa Paraná Medio, de biólogos para explicar las pasteras, de curadores del cáncer para hablar de agricultura y así incansablemente. Los tópicos son los mismos que los de los vendedores de soluciones mágicas como los videntes, parapsicólogos y curanderos. Usan un lenguaje de apariencia científica para predecir el futuro y se van por las ramas para explicar por qué las evidencias refutan sus dichos: hablan de grandes conspiraciones mundiales, como aquellos ufólogos que decían que la NASA tenía un extraterrestre escondido en sus instalaciones. Locos siempre hubo y hasta resultan simpáticos. Lo raro es que se los tome como una voz autorizada cada vez que repiten el mismo mecanismo: inventan un fantasma, se reúnen, se autodenominan asamblea y pasan a ser la "voz de todos" para luego los "expertos" salir en todas las radios anunciando calamidades bíblicas una y otra vez sin aportar prueba alguna y sin recordar que ya usaron ese truco en otras oportunidades y resultó una mentira evidente a los ojos de todos.



Cierta base científica real de sus postulados, especialmente ecológicos, les da credibilidad.  Aunque no sean estudios hechos para los casos que citan y aunque sean militantes políticos oportunistas los que vengan con una causa distinta pero con el mismo relato cada dos o tres años.
El uso y abuso del mismo truco termina cansando, como en la fábula del Pastorcito Mentiroso. Finalmente llega el lobo: la gente se hartó de escuchar pavadas y, si en algún momento les creyó, les creímos, pagando caras las consecuencias, hoy en día ya cansaron. 

Gente de clase acomodada con "inquietudes" abstractas, el perfil es el mismo en todos los países desarrollados. Como Entre Ríos es una provincia pueblerina, de baja educación y con mucha pobreza, son pocos los que se prenden a la ecoufología. En países desarrollados esta clase de fanáticos terminan involucrados en el ecoterrorismo. Acá por suerte solo dan risa.
Es una de las ventajas del subdesarrollo.