Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Dos breves



Manuel Langsam-.

Peluqueros:

Había tres peluquerías. Todas cortaban igual, sin poder afirmar que una fuera mejor que otra. La gente concurría a alguna de ellas por afinidad o simpatía por el peluquero a afeitarse a navaja una o dos veces por semana o cortarse el pelo normalmente una vez cada mes o dos meses, según costumbre. Salvo en ocasiones especiales como algún viaje, casamiento, baile u otro acontecimiento importante en que había que ir de traje y pelo corto.
Los cortes no tenían misterio. De abajo con la máquina bien lisito y luego terminación a peine y tijera. Salvo algún pedido especial de “solo despuntar” o pelado total.
Uno de esos peluqueros (el que contaba con menos clientes), no tenía empacho en salir a buscar trabajo concurriendo a la cooperativa o bares cercanos en donde encontraba gente del campo (había mucha), tanto colonos como peones, se les acercaba como a decirles un secreto y les susurraba: me parece que tenés el pelo largo. Aprovechá ahora que estoy  un momento desocupado y te corto… Y ya para redondear el servicio, agregaba: solo decime si querés un corte para usar con boina o con sombrero…



Guidi. Un buen 5:

En una crónica anterior, conté el caso de los jugadores de Independiente que venían los domingos de San Salvador para integrar el equipo que, una vez, al quedar varados en El Lucero, se vinieron trotando los 7 kilometros hasta la cancha de Sarmiento para llegar a horario y cumplir su compromiso.
Ahora les relato otro ejemplo de cómo los jugadores se sentían responsables y de todas maneras querían cumplir.
En el equipo teníamos a un muchacho que jugaba de 5 (o centrojás, como era entonces) y era muy bueno. Tal es así que lo llamábamos “Guidi”, en comparación con Juan Héctor Guidi, que en ese momento era  el 5 de Lanús y de la selección nacional (campeona del Sudamericano de Lima del 57).
En la semana en que nos tocaba ir el domingo a Villaguay a jugar contra Parque un partido muy importante ya que con ellos nos disputábamos la permanencia en primera, nuestro “5” tuvo la desgracia de que el día miércoles falleciera su padre. Entonces nos avisó que por duelo no podría jugar el domingo.
Por supuesto, se aceptó su ausencia. No concurrió a las prácticas en el resto de la semana.
El sábado a la tarde estábamos en el club ultimando los detalles para el día siguiente, cuando “el 5” se acercó a Larribey, que en ese momento era el capitán, y le dice: Petiso, vos sabés que yo no puedo jugar porque estoy de duelo. Pero, si quieren, al arco puedo ir…
Demás está decir que no se aceptó su propuesta.