Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

¿Cómo qué es esto?



Manuel Langsam-. El pan era provisto por dos panaderías que estaban en manos de gente venida como inmigrantes europeos del este y no colonizados por la Jewish Colonization.





No existían amasadoras mecánicas ni ninguno de los adelantos tecnológicos de hoy en día. El panadero, solo o con la ayuda de un peón, comenzaba su trabajo de amasado, todo manual, muy temprano y ya a las 7 u 8 de la mañana estaba el pan fresco a la venta. No había mucha variedad. En un kilo, el famoso “bilke” (cinco pancitos unidos, con mucha miga y poca corteza), o el “coilech”, (misma masa pero trenzado). En medio kilo, el francés. Cerca de mediodía aparecía la galleta, especial para comer sola o untada bien alto con crema, manteca, miel o alguna mermelada casera.

En facturas, bollos o tortas negras a diez centavos y bien grandes.

Y aún existía el reparto a domicilio con los famosos y recordados sulkys techados. También  la entrega de “vales” de pago anticipado para el consumo de todos el mes.

En algún momento de la década del 50, los mismos tristes personajes que integraban la “Comisión Local de Lucha contra el Agio y la Especulación”, se les ocurrió hacer también un “Control Bromatológico de los Alimentos”. Por supuesto, sin tener ninguna capacitación para ello.

Una mañana llegan a una de las panaderías para inspeccionar la higiene y calidad de los productos  que estaban a la venta.

Inspeccionaron la cuadra de panificación, depósitos de harina, azúcar, levaduras, todo en orden. En el local de ventas tomaron un pan y lo cortaron por la mitad. Y apareció ¡oh sorpresa! Media cucaracha incluida… (algunos sostienen que estaba realmente en el pan y otros afirman que la pusieron los mismos integrantes de la inspección para poder luego “arreglar” con el panadero con la amenaza de acta y clausura).

Lo llamaron. A ver panadero…¿qué es esto?

El panadero, viendo caerle encima un grave problema, se sorprendió pero no se asustó. No era de asustarse fácilmente un hombre que había pasado por persecuciones, pogroms y toda clase maltratos en su aldea de origen. Tomó los restos de cucaracha entre dos dedos y acercándola a la cara, dijo:

¿Esto? ¿Pero no ven lo que es? ¡a royinque! (pasa de uva en idisch)

Y se la tragó…