Antropología de supermercado



Lucas Carrasco-. En la cola del supermercado, a medida que se extiende y se extiende la fila y uno, con dos cositas. Las chicas que primero no me parecían tan lindas, me empiezan a parecer lindas. Y los empleados que me caían simpáticos, me empiezan a parecer empleados públicos.

No hay que ir a los supermercados. Siempre me repito lo mismo. Pero a las nueve de la noche, a los negocios más pequeños se les da por cerrar. En Paraná. Donde todos quieren trabajar seis horas y vivir como en California. Silbemos, ya que estamos todos aburridos en esta fila, esta canción:



O podría pararme, en una estantería y dar un discurso:
Compañeros: con profundo dolor, un dolor que me partió el alma, y hasta me olvidé dónde mierda quedó una parte de mi alma (no importa, ya conseguí un perrito muy lindo para que me humanice: porque según dicen los publicistas, que son los filósofos del posmodernismo, los humanos tienen alma, algunos humanos, otros no y hay que humanizarlos; en mi caso, como tuve ese dolor que me partió el alma y como me pasa con las llaves y la billetera, no recuerdo dónde quedó la otra parte, quedé a medio camino entre ser un humano y ser un antihumano, así que para humanizarme me saqué una foto con un perrito: no sé si es porque los perritos tienen alma o nos están antroporfomorfizando, pero lo hablaré con mi publicista para sacarme la duda) de tanto pero tanto dolor que sentí al saber que tenía que anunciarles que a pesar de todos los esfuerzos sobrehumanos que he realizado como funcionario público, he fracasado como cada año. Pero...gracias, gracias por los aplausos. Por favor, los de atrás, bajen las banderas así las cámaras de TV pueden tomar imágenes donde parezca que es muchísima la gente que me ovaciona. Pero...ey, basta de aplaudir. Pero...muchachos, cuando digo "pero..." y hago una pausa, es para que hagan silencio y me escuchen. Ok. Gracias. Sí, yo también los amo. A todos y cada uno de ustedes. Los amo tanto que hasta soy capaz de aprenderme sus nombres y escucharlos, un ratito, sobre sus vidas. Pero...ahora no puedo porque tengo que anunciarles que el próximo año redoblaremos los esfuerzos para volver a fracasar. Sí, gracias, gracias. Fracasaremos de manera más decidida, más contundente. Porque ya le agarré la mano al cargo, me saqué un par de enemigos encima, ya soborné los delegados gremiales y compré un par de periodistas así que voy a trabajar un 25% menos con lo cual, el aumento en el fracaso está absolutamente garantizado: gracias, gracias. Yo también los quiero. A todos y todas. Todas y todos. Porque si no nos unimos podremos seguir en la actual decadencia de ustedes y mejoramiento mío. Pero...seamos serios: ¿qué carajo sería unirnos? El funcionario soy yo. Ustedes no entienden una mierda. Lo digo con respeto. Pero ustedes creen, sé que lo creen, que podrían hacerlo mejor. Que tienen virtudes innatas por ser brutos, ignorantes, incapacitados para la materia en la cual yo sí, fracaso, pero nadie me pide resultados, no jodamos: uds creen que es fácil, que solo hace falta sentido común. Pero...compañeros. Compañeros y compañeras. Compañeras y compañeros: recuerden que yo soy Subsecretario de Programación Económica, que crea o no crea en el Estado Dirigista da lo mismo: yo no puedo dirigir ni un parque de diversiones, muchachos. Lo que sí sé, porque todos uds son empleados directos o indirectos míos, es que ustedes tampoco saben. Así que no me rompan las pelotas y aplaudamos todos porque nuevamente he logrado fracasar en las metas anuales y les prometo que redoblaré mis esfuerzos para que el año que viene el fracaso sea aún más grande, como la Argentina grande que todos nos merecemos.



Supongamos que fuera al revés. Que el antropomorfismo fuera de los animales hacia nosotros. Para lo cual, primero hay que hacer antropomorfismo, apenas, incluso, para pensarlo. Vaya drama. Me explico. El antropomorfismo es el devenir conceptual de una técnica literaria (la prosopopeya) usada profusamente en el género de las fábulas clásicas aunque hoy el género, en desuso, se lo confunde con el sermón parenético (que es otra cosa, no viene al caso explicarlo ahora), el asunto es que esta técnica (del subgénero) narrativa es utilizada desde la remota historia de los seres humanos, especialmente en las religiones animistas. Hoy, se denomina antropomorfismo a quienes adjudican a los animales características propias de los seres humanos. De ahí el desglose de la palabra: antropos viene del griego y quiere decir "hombre" y morfismo no es la característica del hombre que come mucho, sino la forma. La definición estricta luego de que el término fuera creado derivado del griego pero en inglés, sería formalismo humanizante. Volvamos: ¿y si fuera al revés? ¿Y si los animales, cada animal de acuerdo a sus capacidades, por supuesto, nos atribuyeran características animales a los humanos?
Es lógico pensar así. Pero imposible deducirlo con la ciencia disponible hoy. Antropomorfizamos los animales que podemos domesticar. Pero en el proceso de domesticación, estuvimos siempre convencidos que no hay una dialéctica hegeliana sino una tabula rasa. Nuestros conocimientos epistemológicos impedían racionalizarlo de otra forma. De hecho, hasta no hace mucho, no había evidencias científicas de la antropomorfización. Hoy en día, aún, y por culpa de religiones fanáticas de las clases altas como el veganismo o la cienciología, se discute este concepto científico.
-¿Tiene tarjeta...?
-¿Qué tarjeta es ésa?
-La de nuestro supermercado.
-No, no tengo.
-¡Cómo no me avisó antes, señor!
-Solamente quiero comprar estas aceitunas.
-Pero tiene que avisarme si no tiene la tarjeta de nuestro supermercado.
-Ah.
-¿Quiere que le hagamos una?
-No.
-¿Está seguro que no quiere nuestra tarjeta?
-Dije que no.
-Muy bien. Son 73 pesos.
-Bien.
-¡No me avisó que va a pagar en efectivo!
-...
-¿No tiene cambio?
-No.
-¿Un peso?
-Tampoco.
- Aquí tiene su vuelto. Que tenga buenas noches.
-Buenas noches.
-Esperamos que vuelva pronto.
-Eso dijo mi última esposa. Hace cinco años. Todavía me espera, creo.
-Ja.
-Ja.