Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

A quién le conviene desdoblar las elecciones



Martín Vázquez-. La propuesta de desdoblar las elecciones presidenciales salió de Urribarri apenas se conoció la derrota del PJ en las legislativas del 2017. Para hacerlo, necesita una ley de la Legislatura, para lo cual tendría que tener el voto de una mayoría simple en diputados y senadores.




Era el año 2014. Jorge Asís decía por televisión "el peronismo tiene no menos de 5 candidatos a la Presidencia, kirchneristas o no". Y era completamente cierto. Hoy esos mismos 5 candidatos que uno podía imaginar en aquellos años, siguen activos en la política, pero nadie sería capaz de imaginarlos ya no como Presidente de la República sino como candidatos. ¿Qué pasó en el medio? Se desmoronó el peronismo. Basta ver en qué quedó Scioli, cómo se deshilachó Urtubey, el repliegue de Urribarri, la decadencia de Reutemann (hoy es Senador por el PRO y casi ni aparece, pero en 2014 era presidenciable) y ni hablar Aníbal Fernández, De La Sota o Massa.
Aunque es bueno recordar que en política nadie está muerto, ni siquiera cuando está muerto. Valga el propio caso de Perón como ejemplo. Ni los 17 años de exilio, ni el giro de su última presidencia, ni el pésimo legado de Isabel Martínez en el más alto cargo público, ni su muerte en ejercicio de la Presidencia, terminaron con las controversias sobre Perón tanto de sus simpatizantes como de sus enemigos.

En el año 2011, Cristina Kirchner acababa de arrasar electoralmente, con la mayor diferencia en relación a quien salió segundo, después del triunfo de Perón en 1973. Apenas un mes después del triunfo, lanzó la "sintonía fina": un paquete de ajuste fiscal con chamuyo progresista. Arrancó sin ambiciones y quedó en el olvido. No pudo ni aumentar un poco las tarifas de servicios públicos porque un tren -cuyas tarifas se querían actualizar- chocó en la estación de Once generando una masacre. Eso terminó para siempre con la popularidad del 54%. La entonces Presidenta no se dio cuenta y lanzó el "vamos por todo", insinuando su eternización.
El macrismo acaba de ganar, por mucho menos, las elecciones legislativas de 2017. No eran elecciones importantes, no se definía nada importante. De hecho, ganó y aún sigue en minoría en ambas Cámaras del Congreso.
Como Cristina, se la creyó. Y lanzó un tibio paquete de ajuste fiscal. Que, como los opositores del 2012, de un lado lo ven salvaje y del otro, insignificante. Del lado de la oposición política lo ven como un gravísimo ajuste a los jubilados y la AUH en la fórmula de actualización. Lo dicen los tipos que decían que en Argentina había más pobres que en Alemania, y te mostraban los índices del INDEC. En el 2012, los actuales derechistas del gobierno se escandalizaban por una suba del 15% en la luz. Les parecía confiscatorio. Canal 13 emitía informes de porteños "indignados" porque, decían, se robaban la plata de los jubilados. Mientras que el ala neoliberal del elenco estable de economistas fracasados decía que eso no servía para nada, que había que asaltar a la gente y privatizar lo que ya estaba privatizado, como la luz, el gas y los teléfonos, cuyo deterioro ya era notable. Funcionaban tan mal como hoy.



Macri sí pudo hacer su ajuste, pero se esfumó su popularidad. En el ultraoficialista diario La Nación ya la levantan a Vidal un poco como operativo de prensa a pedido de Macri para que no crezca Larreta, otro poco por miedo a que Macri no pueda ser reelecto y "vuelva el populismo" y en los organismos internacionales de crédito prenden las luces rojas. Con un Macri que no quiere cosechar el rédito de la mala imagen de estos organismos que él mismo, con torpeza, endiosó. A la falta de previsión y la mala gestión en el oficialismo la denominan "gradualismo".
Pero, como en el 2012, enfrente del macrismo no hay nada.
Si uno mira la alianza oficialista, encontrará sin problemas 5 o 6 candidatos a Presidente que podrían ganar las elecciones, si éstas fueran hoy. Empezando por María Eugenia Vidal, siguiendo por Horacio Rodríguez Larreta, el propio Macri, quizás Marcos Peña, el gobernador de Mendoza o el de Jujuy, ambos radicales, si uno prefiere una versión más a la derecha que el PRO, hay hasta dos radicales que podrían ganar una elección presidencial si el electorado se corre más a la derecha. Porque el discurso socialdemócrata de Alfonsín queda muy bien para las radios pero en el radicalismo no tiene cabida: la UCR se va cada vez más a la derecha. Por eso el intendente de Paraná, Sergio Varisco, cada vez queda más descolocado dentro de una alianza donde ya no se mueve con comodidad, aún cuando la versión entrerriana del PRO, al ser pequeño y bordear el ridículo, le facilita las cosas. Lo mismo que a Atilio Benedetti, su rival interno, más cercano al PRO y ocupando o tratando de ocupar ese espacio vacante que jamás podría llenar Alfredo De Ángelli o Luis Miguel Etchevehere, por la falta de seriedad de ambos.

El dato importante es que la interna peronista ya no define el poder. Al poder lo define la interna de Cambiemos. En el país, en la provincia, en Paraná.
Los más lúcidos del peronismo sin rumbo rezan para que el macrismo acepte a Bordet en sus filas. Si ese plan de máxima no es posible, por lo menos que les permita desdoblar las elecciones. Les conviene a los radicales porque con elecciones desdobladas pierde peso el dedo de Macri y Rogelio Frigerio, que es pura billetera, cero carisma y cero votos, al igual que Etchevehere y De Ángelli. Con elecciones desdobladas en la provincia, la interna real se resume en Varisco y Benedetti. Enfrente, Bordet va a buscar su reelección, seguramente sin internas (con muchos amagando en la previa para conseguir algo) y sí internas menores por las intendencias.
Después de la elección provincial, donde seguramente el peronismo con Bordet perdería, harían todos la plancha para las elecciones verdaderamente importantes que son las presidenciables, que es lo que Macri quiere. Si además le suman el favor de que el peronismo lleve dos candidatos a Presidente, o tres o cuatro, mejor. Mayor incentivo para quedar atomizados y parquizar así la reelección presidencial.
Todo eso es hoy. Si las elecciones fueran hoy.
Por eso esta columna comenzó recordando cuando el peronismo parecía imbatible. Hace apenas algunos años. Los mismos dos años que faltan para las elecciones presidenciales, de gobernador y de intendente.