Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Un mundo sin dinero



Salustriano-. En un bar de Paraná, un nene de edad escolar pide monedas. La inflación se comió su sustento: las monedas valen cada vez menos. Y circulan menos. El gobierno acaba de anunciar que habrá nuevas monedas de un peso, que ya casi no valen ni un caramelo, y de cinco pesos, cuyos billetes nuevos se arruinan enseguida.



Lo mismo pasa con los billetes de menor circulación. Generando un "redondeo para el consumidor" que cada vez se agiganta pero no precisamente para el consumidor, consumido por la inflación. Sin embargo, detrás de esto hay gente que gana.
Los supermercados, por ejemplo, siguen ofreciendo sus precios con centavos. Ya no existen las monedas de un centavo, ni de cinco centavos, ni de diez. Quedan muy pocas de 25 y 50 ctvs y están a punto de desaparecer las monedas de un peso (nadie se cree que las nuevas durarán mucho, y por algo, no hacen nuevas de dos pesos), para ser reemplazadas por otras que quintuplican su valor. A la par que se anuncia la salid del billete de mil pesos, que será diez veces mayor al de mayor circulación de hace un año. No digo que no haga falta, solo muestro que se trata de una anomalía. Ya salieron el billete de 200 pesos, un 100% mayor que el de mayor circulación y el de 500 pesos, que quintuplica al de mayor circulación hace dos años. En apenas dos años, son cambios abruptos.
Aún cuando buena parte de la población pasará años sin poder tocar un billete de mil pesos, porque su sustento y su existencia dependen del día a día. Como los cuidacoches, los trabajadores temporarios, los vendedores ambulantes, los que hacen changas. De cada uno de ellos, depende una familia. Un barrio, una despensa puesta en la ventana de una casa para agrandar un poco los ingresos familiares. Es la cruda realidad que nos toca vivir. No podemos simplemente ignorarla.
Los argentinos estamos acostumbrados a esta situación. Lo que preocupa es que nos hayamos acostumbrado a la pobreza estructural que genera esta situación.



La inflación no es la única causante de la pobreza, pero es una de las causas.
A esto hay que sumarle una causa silenciosa pero persistente, que proviene de los países en desarrollo. Como conviene a los bancos, se va implementando en Argentina y últimamente, en Entre Ríos. La desaparición del papel moneda, de la moneda en papel. Reemplazada por pagos electrónicos, la moneda virtual permite reducir la evasión fiscal. Aunque también hace que haya menos circulante en el mercado negro, del cual viven miles de personas en cada ciudad, millones en todo el país.
En rigor, la moneda virtual supera con creces a la moneda física. Basta pensar en los pesos financieros existentes por cada peso físico. Lo mismo pasa con cualquier moneda. Es lo que se denomina multiplicador bancario.
El gobierno nacional presenta esta persistente marginalidad del dinero en efectivo como un avance hacia la modernización del país. También confunde la lucha contra las mafias del narcotráfico con la lucha contra las ferias ilegales, los cortes de ruta, todo lo que para sus oídos suene a ilícito proveniente de lo popular, dado que nunca caen presos banqueros, que manejan evidentemente dinero de este mercado negro, ni mucho menos empleadores que negreen a la gente. Al contrario, se los contrata en el gobierno, como en el caso de Luis Miguel Etchevehere, un emblema nacional de cómo la oligarquía solo respeta las leyes que le conviene.



Un mundo sin dinero físico es un objetivo posible. Lo quieren los bancos, los gobiernos, las grandes corporaciones. Tienen objetivos nobles. Habría menos evasión fiscal, menos paraísos financieros, menos ganancias no declaradas, mayor control sobre la especulación. Perfecto. Pero en la realidad la bancarización crea exclusión y la mejora en la recaudación no se ve. Al contrario, si se la contrasta con la inflación y el mínimo crecimiento económico, se nota que la recaudación bajó. En buena medida porque se suprimieron impuestos a los más pudientes, como las retenciones a la minería y el campo, entre otras.

Un mundo sin dinero pasó de ser una utopía hippie de los años sesenta a un ideal alcanzable por las entidades financieras con mayor poder mundial. No tengo dudas de que algún día lograrán alcanzar ese objetivo. Técnicamente, los avances informáticos y la revolución en las comunicaciones, lo hacen posible. El tema es a qué costo social.