Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Política y laicismo



Pablo Mori-. Para bien o para mal, hay un creciente laicismo en la sociedad que termina reflejándose, como no podía ser de otra manera, en la política.



Importó poco, como en cualquier país civilizado, que la Iglesia oficial de Argentina, la iglesia romana católica, se pronuncie en contra de la reforma previsional. No es que la Iglesia Católica quiso oponerse de manera decidida, no hizo el escandalete que encabezó Jorge Bergoglio antes de ser Papa contra el matrimonio igualitario, uno de los principales legados del kirchnerismo que Cambiemos ha decidido no modificar y por lo tanto, convertir en Política de Estado, aún cuando el Papa sea argentino.



Al Papa Francisco lo siguen políticamente hablando sectores que otrora se consideraban progresistas y en su mayoría, ateos. Sectores que suelen gerenciar políticas sociales que Cambiemos amplió del gobierno anterior, más allá de que en el caso de la Asignación Universal por Hijo, sufrirán un recorte pequeño pero significativo.

El creciente laicisimo de la política argentina es una novedad, aunque parezca saludablemente natural para los menores de 30 años. La Iglesia argentina tuvo mucho poder. Con los Golpes de Estado y con los gobiernos democráticos, especialmente cuando gobernaba el peronismo. También porque nuestro país no estaba exento de las tendencias latinoamericanas, pero hay que tener en cuenta que la Iglesisa Argentina es una de las más conservadoras de la región, aún cuando haya cambiado un poco con la asunción de Francisco y el cambio repentino de Francisco, que hoy parece un líder la de izquierda mundial y quizás lo sea, pero cuando fue obispo en Argentina siempre estuvo del lado de los más conservadoras, aún dentro de una curia conservadora.

Hoy ese poder de antaño la Iglesia Católica lo ha perdido en parte. Aún tiene capacidad de lobby, pero solo para su esfera directa de incumbencia y relacionados, especialmente, con el dinero.  Con los privilegios estatales que de manera injusta reciben. Otra política de estado, pero negativa.
El posmodernismo, tan atacado en esta página con razones valederas, tiene en este sentido un costado positivo: es la sociedad la que se ha vuelto laica, descreída, escéptica. Y eso trajo mayores libertades en la vida cotidiana. De hecho por ejemplo tenemos por primera vez un presidente que se divorció antes de asumir, a la vez que fuimos de los pocos países en tener una mujer presidenta.
Ese creciente laicismo de la sociedad tiene su impacto en la política.



El gobierno nacional ni se mosqueó cuando la nueva cúpula de la Iglesia Católica cuestionó la reforma previsional. De hecho, no le hace caso a la Iglesia ni le da mayor importancia a un Papa que es un líder mundial, pero que juega a la política en Argentina con una runfla que lo desprestigia y no le brinda ningún resultado concreto.

Entre Ríos está un poco rezagado en este sentido. Pero siempre fue una provincia conservadora. Aunque no tanto como otras del norte. En este sentido, que la Corte Suprema de la Nación haya abolido la obligatoriedad de enseñar religión católica en las escuelas públicas de Salta, es un avance. No se escuchó de Gustavo Bordet ninguna opinión sobre esta medida, lo cual es raro dado que el gobernador de esa provincia es su candidato a presidente.

Lo cierto es que la sociedad occidental se abre, se vuelve plural y democrática, a pesar de que crece el fanatismo religioso en otras partes del planeta, al punto de que llevan al terorrismo. Como si el mundo viviera a dos velocidades, con sectores religiosos -de todas las religiones, incluida la católica- que son minoría dentro de su religión y proponen volver varios siglos atrás, al tiempo en que ellos tenían el poder terrenal, y una sociedad indiferente a las jerarquías religiosas, a sus rituales y demás.
La propia Navidad es un buen ejemplo de ello. En la ciudad de Paraná el debate es en torno a la pirotecnia, que la municipalidad estuvo muy bien en limitar. No es un debate religioso. El sentido religioso de la Navidad se respeta para quienes son creyentes y practicantes, pero en general es una fiesta más. Una fiesta que tiene mucha antiguedad y que básicamente celebraba, antes de convertirse en la natividad que conocemos hoy, las estaciones del año en relación a las cosechas, bajo la creencia de que de esas celebraciones dependía el éxito o no de las cosechas. Hoy nadie en su sano juicio cree que la soja aumentará de precio si la gente no se divorcia, si se castiga la homosexualidad o si se prohíbe la ciencia y el estudio de las células madres.

Hemos avanzado como sociedad.
Quizás en otros aspectos retrocedimos, pero hay aspectos, como éste señalado en este artículo, en el que claramente hemos avanzado.