Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

La Larga Marcha hacia el malentendido



Lucas Carrasco-.  China, el nuevo paraíso de los ateos progresistas. Cómo fue que la izquierda adoptó un criterio originado en lo más rancio del neoliberalismo, como salvoconducto de su crisis intelectual.





Hace algunos años era por Brasil. Algo desconcertante: el país con mayor desigualdad del mundo, con políticas monetarias ortodoxas, con un obrero multimillonario que había arriado sus viejas banderas de izquierda para llegar a la presidencia, con disparatadas y (hoy lo sabemos, entonces no se sabía o yo no lo sabía) corruptas políticas del clásico imperialismo de multinacional privada pero en territorios débiles y marginales del África y del sudeste asiático, sin privarse de joder a los más débiles de Latinoamérica. La fascinación por Brasil la destruyó la evidencia. Aunque lo empírico ya estaba ahí, como está, hoy, en relación a China.
Coincidía, la fascinación argentina por Brasil, solo posible desde la intelectualidad lejana, dado que no es posible encontrar argentinos que vivan cerca de la frontera con Brasil y se hayan fascinado con sus políticas. Como pasa con quienes viven cerca de Bolivia y no ven a Evo Morales como lo ven los progresistas turísticos, sino como lo ve el FMI: muy bien, excepto para los bolivianos. Como pasa con Chile en el sur argentino. Como pasa con Uruguay en Entre Ríos, sobre todo, en la Costa del Uruguay (que es como se denomina a la mitad entrerriana más cercana a la República del Uruguay). Decía que coincidía con el auge de China comprando alimentos y productos primarios. Y lo que se llamaba BIRC, que luego se extendió a BIRCS, cuando se incluyó a Sudáfrica en la nomenclatura que arrancaba con Brasil, seguía con India y Rusia y terminaba en China. El orden de los factores, como veremos, no alteraba el producto (de marketing). Las siglas en inglés -de donde se creó el acrónimo- estaba castellanizada de la palabra "Ladrillo" o "Ladrillos" si se incluía la S de Sudáfrica. Porque el acrónimo original intercalaba de manera anglosajona el orden de las siglas, para que sonara como Bricks, que quiere decir, justamente, ladrillos. Al castellanizarse se ponía la vocal encima de la consonante y el movimiento fonético no quería decir nada. Pero sonaba bien. Como pasaba con las letras del Indio Solari en Los Redonditos de Ricota.
En ingles el término se originó tras la crisis rusa de fines de los años noventa en uno de los diarios financieros de mayor circulación a nivel mundial. Eran tiempos donde nadie tenía internet y este diario traía algunos ejemplares, en inglés, a la ciudad de Buenos Aires. Ahí leí sobre la oportunidad de inversión en mercados llamados emergentes, porque, decía el artículo, esos países luego de vender bonos basura estaban inaugurando una era de crecimiento e iban a necesitar credibilidad crediticia (es impresionante lo parecido que suenan, en español, estas dos palabras) en los países con mercados desarrollados, llamados "el mundo". El razonamiento era y fue correcto: las multinacionales de capital intensivo necesitaban bajar costos una vez desaparecida la Unión Soviética y el comunismo en China. Por lo tanto, estos mismos países, hundidos en crisis financieras, iban a ser los proveedores de mano de obra barata para un fenómeno que en inglés tenía otro nombre y hoy, en la traducción castellana, se conoce como "deslocalización": o sea, las grandes empresas anglosajonas y de la Europa cristiana (occidental, digamos), producen en distintas partes del mundo, buscando salarios bajos. Era un razonamiento audaz, cínico y desprovisto de esperanzas para un hombre de izquierda que leyera esas cosas. Pero era un razonamiento impecable y los años demostraron que tenía razón. En buena medida, quizás, porque el mero deseo del rey hace que los súbitos lo hagan realidad: así funciona, también, en parte, la economía concentrada. Por eso es más importante el Foro de Davos que las votaciones en la ONU.



Años antes, había leído en una revista literaria de izquierda (que ya desapareció) las razones por las cuales el Partido Comunista de Sudáfrica no apoyaba a Nelson Mandela en su carrera (finalmente exitosa, para sus fines) a la presidencia. El asunto, según recuerdo, era una copia de argumentos de las razones por las que el comunismo peruano no había apoyado a otro prócer de la izquierda (hoy parece raro decir ésto, pero así eran las cosas en aquellos años): Mario Vargas Llosa. La única diferencia es que Cuba había cambiado su posición en relación a Mandela, porque al final Fidel Castro se había hecho amigo. En buena medida, porque en Zimbabwe y para alagar a Mugabe y a la vez que le llegue el mensaje a Mandela (aún preso), Fidel había cantado loas a Lumumba, dejando de lado las críticas que Ernesto Guevara le hiciera tácitamente con "Los freedom fighters", "Los luchadores por la libertad", la guerrilla anticolonialista (y marxista) africana que el mismo Che Guevara comandó y derivó en un fracaso colosal. La CIA y Bélgica habían apoyado a Mobutu. Todo cerraba. Por caminos paralelos. Por derecha y por izquierda.

China ya no es lo que era, por lo menos para Latinoamérica -especialmente sudamérica- y África, pero sigue creciendo un triple de lo que crece Estados Unidos, el país que mejor se recuperó de la crisis financiera que él mismo creó con las hipotecas subprime.
El FMI y la CIA utilizan públicamente (se puede leer en sus respectivos informes anuales) la "paridad de poder adquisitivo" como criterio predilecto para comparar economías nacionales de países distintos. Bien. Bajo este criterio y según los cálculos matemáticos de estas dos prestigiosas entidades, jeje, la economía China es mayor que la de EEUU. Y luego, trazan una curva de proyección para las próximas décadas y dicen que China duplicará en breve el tamaño de su economía en relación a los EEUU. Habrá que ver. Las predicciones en Ciencias Sociales (la economía es una rama de ellas, aunque no les guste saberlo a los economistas) solo funcionan parcialmente...con el pasado, con el futuro se complica.

Hasta acá, el origen del equívoco en torno a los BIRCS.
Esta historia, continuará.