Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

La democracia tiene que resistir



Salustriano-. La represión no respeta ni siquiera a los diputados opositores.




El retorno de imágenes de cacerías policiales, infiltrados, activistas de izquierda arrojando piedras, Congreso vallado, ajustes, periodistas de todos los medios baleados, recortes...El retorno de esas imágenes que los argentinos pensamos superadas, da cierta tristeza. Nos hace evocar los momentos más dramáticos del país en su historia reciente, como en el 2001, que los entrerrianos sufrimos el doble: por De La Rúa y por Montiel.



Parecía que esta vez la derecha había aprendido que no se puede gobernar con represión constante. Que no se puede gobernar a los palazos, sacando la fuerza pública a reprimir manifestaciones opositoras, encarcelando diputados, ajustando a los más débiles para pagar la fiesta de estos dos años para los más ricos y la banca extranjera.
Las imágenes de horas y horas de balazos, gente gaseada, lastimada, policías heridos, camiones hidrantes. Un gobierno que se jactaba de su habilidad para congraciarse con el humor popular y de haber actualizado el ideario de la clásica derecha argentina. Un gobierno que prometió que no haría lo que está haciendo: recortar planes sociales, jubilaciones. Un gobierno que se decía preocupado por la pobreza hasta el punto de prometer "Pobreza Cero", un gobierno que provoca, escracha en sus medios afines, estigmatiza, agrede, en nombre del "diálogo y el consenso". Un gobierno que se va radicalizando hacia la derecha.
Parecía que, en el nuevo debate sobre el recorte a los jubilados en la Cámara de Diputados, al correr a Patricia Bullrrich y dejar al frente del operativo de seguridad a Rodríguez Larreta, las cosas podían cambiar.. No fue así.
La represión fue igual de feroz, la cacería de manifestantes, vecinos, paseantes, es igual. La prensa oficialista machacando una y otra vez contra los opositores, tanto los manifestantes como los dirigentes políticos, mientras a sus propios compañeros de prensa, a los trabajadores rasos, los gasea la policía, los balea, les pegan palazos y quedan a la intemperie cuando son agredidos por infiltrados o manifestantes violentos, que son siempre un ínfima minoría que se aprovecha del contexto de masividad de rechazo al ajuste, para pudrirla y posibilitar la represión. Lo que hemos visto tantas veces y lo que siempre nos entristece.



La democracia tiene que resistir al creciente autoritarismo del gobierno. No es aceptable un gobierno policial, que constantemente divide a los argentinos, que encarcela diputados opositores, que no tolera la libertad de expresión, que se cierra en sus caprichos y que habla con un cinismo descomunal de "los abuelitos" a los cuales se les mete la mano en el bolsillo para pagar el exponencial crecimiento de la deuda externa mientras se agrandaba el superávit fiscal y se quitaban impuestos y retenciones a la minería y los grandes terratenientes, muchos de los cuales son directamente funcionarios del gobierno.
La radicalización del PRO no puede llevarse puesta a la democracia. La democracia tiene que resistir. Nos ha costado mucha sangre recuperar por fin la democracia, ir dejando atrás el autoritarismo que es el ADN de nuestras clases altas, que hoy gobiernan de manera directa, sin intermediarios como fueron Menem y De La Rúa, que montados en partidos del campo popular beneficiaron a estas mismas élites que hoy nos gobiernan de manera directa, a los palazos.
La democracia tiene que tener anticuerpos, los necesitamos, para parar esta escalada de violencia. Nadie quiere otro 2001. Pero el gobierno está haciendo todo para que aquellos hechos luctuosos y tristes, se reiteren.