Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Arturo Jauretche

Gonzalo García Garro-. El revisionismo histórico “forjista”: Arturo Jauretche.





Forja, cuyo significado es Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, fue un movimiento ideológico fundado en 1935 surgido de la crisis de la Unión Cívica Radical a raíz de la muerte de Hipólito Irigoyen, un intento de recuperar el partido para las ideas que el caudillo había puesto en marcha en su larga carrera de conductor. El nombre del movimiento se inspira en una frase de Irigoyen: “Todo taller de forja se parece a un mundo que se derrumba”.
Sobre la historia y los historiadores nos interesa el aporte que Forja hizo al Revisionismo histórico a través de dos de sus más importantes luchadores: Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche.

Arturo Jauretche (1901-1974). Abogado, pensador, hábil polemista y militante de la causa nacional. Nació en la ciudad de Lincoln, Provincia de Buenos Aires. En su juventud fue un entusiasta yrigoyenista. En diciembre de 1933 participó del malogrado intento revolucionario contra el gobierno de Justo. Esta insurgencia fue relatada en un extenso poema gauchesco que tituló “Paso de los Libres”, que fuera prologado por Borges.
Al año siguiente, sus críticas a la conducción partidaria de Alvear, a la que denunciaba “cómplice del orden democrático fraudulento”, lo llevaron a fundar junto con Dellepiane, Gabriel del Mazo y otros radicales “Forja”. Con el surgimiento del peronismo, Forja firmó su declaración de disolución. Durante el gobierno peronista Jauretche estuvo al frente del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Después del golpe del ‘55, se acercó a grupos desarrollistas y colaboró en la revista “Que”.
Lúcido y eficaz polemista, en sus ensayos “Los profetas del odio y la yapa” (1957), “Prosas de hacha y tiza” (1960), “El mediopelo de la sociedad argentina” (1966) y “Manual de zonceras argentinas” (1968), analizó la crisis de la sociedad tradicional, el desarraigo de la clase alta y las transformaciones culturales producidas en los centros urbanos. Criticó la extranjería espiritual y la mediocridad intelectual de escritores, universidades, escuelas y periódicos, con un humor y una socarronería combinados con una alta perspicacia política.
Para algunos fue Jauretche el más grande pensador contemporáneo, creo que son varios, no muchos, pero Don Arturo Jauretche fue algo especial. Fue un pensador político creativo y original. Enriqueció con ideas y expresiones lingüísticas el repertorio conceptual de la causa nacional, arremetió valerosamente contra los prejuicios que los argentinos sosteníamos y aun sostenemos logrando desmontar pieza por pieza el aparato cultural del sistema.
  Puso al descubierto el andamiaje de dominación cultural, usando su sabio análisis y sus metáforas decidoras. Mostró como objetivo estratégico al "neocolonialismo"; como centro operativo a la superestructura cultural; como operadores indispensables a los miembros del establishment cultural, como ejecutores funcionales a los "maestros de la juventud", más los "fubistas", (estudiantes militantes de la FUBA) el "medio pelo" (las Doña Rosa y los Don José); más los medios de comunicación masivos y sus periodistas cautivos, los "profetas del odio"; y, finalmente, como sistema emisor del mensaje al discurso dominante y las "zonceras de toda laya".
 En 1955 escribe “El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje”, que luego en los sesenta se reedita con el titulo “El retorno al coloniaje. La segunda década infame: de Prebisch a Krieger Vasena”. En el mismo hace un magistral análisis económico de esos diez años de la vida institucional argentina demostrando una continuidad en los objetivos y las políticas económicas de entrega desde 1955 en adelante.
Como historiador fue miembro de la Comisión Directiva del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas en las décadas del 50 y 60, siendo vocal y dando innumerables conferencias en la sede de dicha institución, filiales y centros rosistas del interior.
 En su libro “Política nacional y revisionismo” trabajó en base a los apuntes de las conferencias mencionadas anteriormente, se refiere a la falsificación de la historia y al papel de los historiadores revisionistas, quienes con una nueva mentalidad impulsarían la recuperación de los valores tradicionales que el liberalismo había intentado destruir. Esta es una obra básica que ha esclarecido a muchos historiadores y que ha inspirado e iluminado este trabajo.