La Unisectorial selfie contra el tarifazo

Pablo Mori-. Con la humildad -de convocatoria- que los caracteriza, se realizó en la Plaza 1º de Mayo de Paraná una concentración para manifestarse en contra de los aumentos en los servicios públicos.

Conservadores de izquierda




 Lucas Carrasco-. En el Manifiesto Comunista hay una exaltación entusiasmada a la colonización del continente americano. Es el punto más conflictivo del más popular -no el principal, que es El Capital- escrito de Marx. Una corriente, liderada por Mariátegui que mezcló luego conceptos de Gramsci y de Raymond Williams, discute esta tesis de Marx de manera no crítica sino directamente antagónica.



Esta corriente de marxistas antagónicos a un planteo central de Marx fue asimilada a otra corriente marxista, también antagónica aunque con apariencia crítica, que refutaba, también asentada en Raymond Wiilliams pero sin la necesidad de poner a un pintoresco peruano de escudo humano, la traducción del término "condicionar" por "determinar". Fueron muchos los intelectuales europeos que escribieron sobre ésto. El punto no es menor: si uno entendía que las estructuras condicionaban las superestructuras o, por el contrario, si las estructuras materiales de la historia determinaban las superestructuras de la falsa ideología, llegaba a análisis distintos. En ambas corrientes había un punto en común. Para la época en que tuvieron plenitud -vigencia quizás, en la vida académica, sigan teniendo- dentro del campo cultural, se veía una coincidencia que en ese entonces era importante: el alejamiento del estalisnimo, la estructura oficial del marxismo que era replicada en casi todos los partidos comunistas del mundo, incluida la Argentina, donde el comunismo en su constante reescritura de su propia historia usó los Estudios Culturales británicos para explicar el "error" de haber caracterizado a Yrigoyen como fascista y de haber integrado la Unión Democrática contra Perón y apoyado la dictadura militar de Videla. Todo eso es el pasado y hoy solo interesa a los historiadores. Lo que tiene actualidad es el otro punto en común que ambas corrientes marxistas contrarias al marxismo tenían en común y que no se notaba tanto porque existía un comunismo soviético al que deploraban cuando Stalin tomó el mando y Trotski era tomado como baluarte por grupos delirantes que fueron el antecedente de estos ancianos venerables que se subdividen con tal de obtener una banca legislativa en la democracia burguesa que, desde ya, detestan, oh, yes.
El punto en común era la crítica al Positivismo.

Esa crítica frontal tuvo repercusiones fuertes en todo el campo de las ciencias sociales y aún hoy tiene repercusiones que explican por qué en Argentina sobrevive la superchería del psicoanálisis, el posestructuralismo francés en la sociología y la relación histérica contra la Ciencia en las facultades de Comunicacion Social. Pero también en la medicina, en el derecho y en las relaciones internacionales tuvo y tiene repercusión -negativa- esta crítica regresiva en nombre de la izquierda a uno de los pilares que la fundó. Ese pilar fue Marx, pero esencialmente, el Positivismo. Y lejos de rescatar acríticamente al Positivismo y su rama Materialista, mostrar las miserias de la filosofía antipositivista significa luchar contra las corrientes del neoconservadurismo y sus utopías de oscurantismo estrafalario.

Esta nota continuará.