La UCR durante el menemismo



Ramiro Pereira-.Diez años después de las elecciones de 1983, las instituciones  aparecían consolidadas respecto de las fuerzas armadas, tras los cuatro levantamientos de 1987 a 1990. En 1989 se había operado el primer traspaso de mando desde 1928 entre dos presidentes civiles elegidos por la voluntad popular. No obstante, el gobierno de Alfonsín mostró las limitaciones de la política, la falta de autonomía del Estado respecto de las corporaciones económicas, los límites de la democracia política en una sociedad con fuertes signos de desigualdad.



Con la asunción de Menem como presidente, la designación de hombres ligados al grupo empresario Bunge & Born al frente del Ministerio de Economía, evidenció hasta que punto  el poder político del gobierno del Estado estaba limitado frente a las corporaciones económicas externas e internas. Los indultos a los militares condenados por violación de los derechos humanos, la ampliación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la desarticulación de los organismos de contralor,  el proceso de privatización de las empresas del sector público,  cuestionados en más de un sentido.  Una atmósfera de corrupción cuyo reflejo literario fue Robo para la Corona, del periodista Horacio Verbitsky. La legislación por decreto que anulaba en los hechos la división funcional del poder, medio legislativo por el cual el presidente prescindía del Congreso.

La Unión Cívica Radical asumió un fuerte rol opositor: Alfonsín y Storani cuestionando el modelo económico. Terragno discutiéndole al ministro Cavallo en el apogeo del milagro argentino y del ingreso al primer mundo. De La Rua apelando al sentimiento republicano y a la lucha contra la corrupción. Angeloz resistiendo los embates privatizadores y los pactos federales desde el gobierno de  Córdoba...

Franja Morada, brazo universitario del radicalismo, al frente de la FUA organizaba la resistencia universitaria frente a los intentos del menemismo de arancelar las universidades nacionales, los recortes presupuestarios a la educación y la Ley Federal de Educación. Particularmente esa oposición del Radicalismo se vio reflejada en la Cámara de Diputados de la Nación, donde un numeroso bloque de diputados votó en contra de la ley de convertibilidad que ataba la moneda argentina al dólar, y mantuvo la estrategia de no dar quórum para evitar las privatizaciones. 



La vocación hegemónica del oficialismo encontró su cause en la búsqueda de la reelección del presidente Menem, a caballo del éxito en la lucha contra la inflación, el aumento de la capacidad de compra propia de toda estabilización de precios y de la capacidad de adquisición  de productos importados pagados en dólares.



Menem 1995. El rechazo a la reelección presidencial y a la reforma constitucional con tal objeto se erigió en símbolo de la oposición al peronismo de los noventa. Y los votantes radicales en su gran mayoría así lo entendían. Eran los tiempos donde Raúl Alfonsín nos emocionaba a los jóvenes radicales desde la tribuna sosteniendo, que "si para ganar elecciones la sociedad nos pide que nos corramos un poco a la derecha, vamos a prepararnos  a perder elecciones".