Identidad y marketing político



Alexis Gravier-. Sin identidad, es difícil pensar la política y la publicidad.



Uno se levanta a las 7 de la mañana en Paraná, va a la cocina y prepara el mate. ¿Cuánto hay de paranaense en este proceso? Veamos.
Levantarse a las 7 de la mañana es una costumbre inglesa, consagrada en las "tres 8" del laborismo inglés (8 horas de trabajo, 8 horas de descanso, 8 horas de ocio), que terminó moldeando los horarios de una ciudad como Paraná, de empleados públicos y sin empresas que no estén ligadas al subsidio directo o indirecto del Estado (una costumbre tercermundista de las capitales de provincia). Uno duerme en un colchón con sábanas y almohadas que no se fabricaron ni inventaron en Paraná, con ventilador o aire acondicionado que no se fabrican acá, con luz eléctrica que no se produce acá (sí en otra parte de Entre Ríos, pero se manda primero a Bs As y luego a una red de una empresa privada, para que luego vuelva a la empresa estatal que la distribuye a los hogares), prende la hornalla con gas licuado o "natural" que no se fabrica acá, usa la costumbre argentina, paraguaya y uruguaya del mate con yerba que no se cultiva acá ni se empaqueta acá, mira el reloj -para saber la hora y el día- con un sistema impuesto por el Papa Gregorio, como se explicó en otra nota en esta misma página.
A los cinco minutos de haber despertado, aún no hay nada de nuestra identidad -horario, consumo, costumbres, servicios, religión, economía, cultura- que nos sea propio.

Sin embargo, tendemos a creer que existe una identidad "paranaense", que hay algo que nos define como tal. Lo cual es absolutamente falso. De hecho, pagamos tasas municipales que apenas alcanza, con cualquier gestión, para pagar salarios de...los municipales.
Menos del 3% de los paranaenses consumirán noticias locales, menos del 10% consumirán noticias de Bs As, que consideran "nacionales", aunque el porcentaje de noticias internacionales no para de crecer, a la par que se pierde calidad: vemos que un oso ataca un niño en algún país remoto, que un avión se cae en otro continente, que un terrorista musulmán reivindica un ataque en ciudades que la mayoría no podría señalar en el mapa. El 90% de los paranaenses no vieron jamás un oso "en vivo", ni un terrorista musulmán, ni un musulmán, ni subirán a un avión.
Vivimos, básicamente, de ilusiones. Con esas ilusiones se construye la publicidad, la mercadotecnia y el marketing.



El marketing político, especialmente, no puede estar ausente de esta realidad y no lo está. Los gobernadores, los intendentes, prometen cosas imposibles, hablan de temas que no comprenden del todo porque el saber se ha especializado hasta límites imposibles, por eso muchas veces dicen eslóganes vacíos, en suma, ante una realidad cognitiva que los supera, se transforman en vendedores de ilusiones. Porque ellos mismos, como parte de la sociedad, viven en un mundo ilusorio. Saben que no gobiernan más que para un sector y de una manera acotadísima en relación a sus promesas. De hecho, la poca gente que se informa, rechaza las noticias económicas porque cree que siempre son malas y además aburridas de entender, y las noticias políticas les importan solo al mundillo que vive de eso, a los demás, apenas les importa un día antes a lo sumo de alguna elección.



Los políticos están formados en el siglo XX, cuando las identidades existían y la brecha entre ilusión y realidad no era tan grande. La gente tenía menos información, no cabía el aburrimiento, había mayor seguridad personal en todos los aspectos: policial, laboral, religioso, ideológico, económico.
Hoy vivimos una época de fugacidad, de disolución de las identidades, de tribus urbanas autocentradas, de ensimismamiento y soledad, de aparente libertad, de apatía y desgano y el placer se ha desplazado, una vez superados los viejos tabúes, hacia el consumo. La meta en la vida es el placer inmediato del consumo, que marca a su vez una identidad mutable, fugaz. La democracia misma está en cuestionamiento profundo en todo el mundo porque fue pensada para partidos políticos estables, con identidades claras y diferenciadas entre sí.