y dale con China...

Lucas Carrasco-. Por qué China representa un peligro inmediato para vos y para mí.




-¿Qué te pasa, Luquitas, que estás pegándole tanto a China?
-¿Qué es pegarle?
-Criticarla.
-Ah, sí, bue, pero creo que a China no le molesta. Más aún, ni se enteran ni les importa. 

En fin, jodete por decirme "Luquitas". Yo no le digo a nadie su nombre en diminutivo. Menos aún lo abrevio, como hacen los adolescentes, porque justamente ya no soy un adolescente. Carajo.
Lacan (creo que lo conté en otro escrito) decía que los adolescentes se acortan el nombre o se ponen apodos para re-nombrarse, que es una manera simbólica de matar a los padres, en el sentido psicoanalítico del término, así que, chicos, recuerden: no hagan esto en sus casas. El parricidio está mal (son épocas donde hay que explicarlo todo, cansadoramente todo: parece que los matices y el humor negro son las principales víctimas de la Policía Vocacional del Lenguaje Ajeno que pulula en las redes antisociales). No me quiero ir mucho del tema, pero qué divertida es la sección discusión de la entrada en Wikipedia sobre Lacan.

Debutaba Mauricio Macri como presidente en un evento internacional de proporciones, que marcaría su horizonte ideológico y sus pretensiones políticas. Fue en el foro de Davos. Por la presencia de Macri, acompañado por Massa (a quien ungió, desde la Unidad Básica de Davos, proféticamente, como el próximo presidente del PJ: desde entonces, a Massa le fue, básicamente, para la mierda) en la Argentina el ágape de notables garcas mundiales fue cubierto, especialmente por el Grupo Clarín, como si el planeta entero se rindiera ante los pies del nuevo estadista argentino y líder sudamericano, el señor que anda peleado con la semántica, Mauricio, que es Macri.
Bastaba leer diarios extranjeros para darse cuenta de lo obvio: quien suscitaba atención era un ausente. Donald Trump, flamante presidente de los Estados Unidos, también peleado con la semántica, twisttar a tiempo completo y presidente part time. Su ausencia política era llenada por el dictador chino Xi Jinping, quien defendió el capitalismo, el libre mercado, las instituciones mundiales que tratan de regularlo en una dirección neoliberal -como el propio foro de Davos, y la OMC- y así, mientras los presidentes democráticos del mundo, despreocupados por el futuro del peronismo bonaerense, aplaudían a rabiar a Xi Jinping, cuya huella fonética suena a El Pijín. Simbólicamente, la situación era poderosa.
Capitalismo y democracia ya no iban de la mano.
Se inauguraba, a mi juicio, una nueva era. La era de la dictadura de mercado.
No sucedió de pronto, nada nunca sucede como un cisne negro, pero hay tempus, momentos que lo simbolizan. Ése fue uno. Poderoso. Y temible.

(Cómo te vamos a extrañar, Obama...) 

En Latinoamérica ya la teníamos clara: la desregulación, las privatizaciones, la apertura a los mercados internacionales, esas cosas las solían hacer las dictaduras militares. En nombre de la democracia. Conocíamos ese cinismo.
Pero ese momento poderoso del mundo, el dictador comunista chino siendo tratado como salvador del capitalismo en el foro de Davos, nos golpeaba en la mandíbula de nuestra joven democracia: por primera vez, un hombre de derecha y con un partido político creado, como los hombres a Dios, a su imagen y semejanza, ganaba de manera democrática y legítima las elecciones.
Para que se entienda: en Argentina, cualquier legislador opositor puede decir (y hay varios que lo dicen, total hablar es gratis) que Macri es un dictador. Y sus palabras van a ser transmitidas hasta por el canal y la radio oficial. Y como la mentira es tan evidente y estúpida, los medios de comunicación oficialistas lo van a repetir hasta el hartazgo. En China, no se puede llamar dictador al dictador. Ya no en el Congreso de la Nación, porque no tiene (tiene un mamarracho bufonesco llamado Congreso del Partido Comunista, que tiene menos democracia que la Cooperadora de la Escuela de Suboficiales de Rosario) sino que no se puede escribir en internet que el dictador es un dictador. Debe uno referirse al dictador como lo que él cree que es: un emperador, tamizado con el Ceremonial y Protocolo que cualquier país de morondanga usaba a cuenta de Marx y Engels. Los dictadores hacen del Ceremonial y Protocolo una cuestión de vida o muerte. Literalmente. Quizás porque eso les da la apariencia de un orden supralegal, de un orden trascendente. No sé. Pero es así.
La dictadura neoliberal china no tiene, a su vez, ni uno solo de los elementos positivos que tuvo el comunismo soviético, aunque tampoco tiene las grandes matanzas que tuvo en la época de Mao.



Los Estados Unidos son un lugar con mayor equidad social que China. Además de mayor pluralismo étnico y cultural, mayor libertad religiosa, mayor libertad de expresión, mayor calidad de vida, mayor atención a los más pobres, mayor ética en las relaciones internacionales. Oh. Sí, ya sé, veníamos bien, hasta ese punto: ¿mayor ética en las relaciones internacionales?
Sí.
Lo cual no quiere decir que alcancen el umbral deseable, ni el mísero mínimo común denominador de decencia, pero China, que puede cumplir (y quizás lo hace) un rol progresivo en África, en los términos en que Marx consideraba progresiva la colonización europea de América; es una potencia expansionista cruel, muy cruel y peligrosa.
Y es el símbolo de la nueva era: la era de la dictadura de mercado.