Paraná y la "guerra contra las drogas"

Daniela Sánchez-. El fracaso de la supuesta "guerra contra las drogas" quedó en evidencia en Paraná.




La marihuana y la cocaína no aumentaron de precio por encima del ritmo de la inflación, a pesar de los shows montados por policías y juzgados, que hicieron creer a una parte minoritaria de la población y a los medios de comunicación que estábamos ante una "guerra contra las drogas" que esta vez, sí, funcionaría. Lo único que siguió funcionando es el uso de la droga y el narcotráfico como arma política estigmatizante, como en el caso del kirchnerismo contra Varisco por la captura de dealers que fueron o querían ser contratados en la Municipalidad (vaya Cártel de Drogas, que andan buscando trabajo...). Lo que sí aumentó de precio, es la venta ilegal de drogas legales que se utilizan para los mismos fines que las otras drogas: especialmente, las benzodiazepinas y las drogas de venta libre y legal que contienen cafeína y efedrina. En el primer caso, se obtiene un "mambo" parecido al de la marihuana y en el segundo caso, parecido al de la cocaína. En el primer caso, las drogas legales son más adictivas que la cocaína.



Además, también aumentó el poder político y el presupuesto de quienes dicen llevar adelante esta guerra imaginaria contra las drogas y volvió el lobby para que la policía entrerriana participe del negocio -tanto el negocio de la venta de drogas ilegales como el negocio de regular la competencia o, en su jerga "combatir" la droga-.
La marihuana, en cambio, siguió en el mismo precio, siguiendo el camino del aumento de las naftas, que en este gobierno es el verdadero indicador de la inflación en los mercados a futuro. La cocaína incluso bajó de precio -siguiendo el indicador anterior- pero también de calidad, aunque la cocaína de calidad siguió al mismo precio. Nunca hubo escasez ni aumento de precio: los objetivos declarados de la DEA, que es la agencia estaounidense encargada de regular el narcotráfico, tanto combatiéndolo como promoviéndolo. La DEA juega un rol fundamental, no solo en la propaganda y en el lobby para la venta de parafernalia militar para combatir el narcotráfico, sino en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad, que en los hechos significa su control político. Todo ésto es público: lo dicen, orgullosos, los funcionarios argentinos del área del narcotráfico. Lo dicen sin sonrojarse. Sin mostrar datos concretos de cuáles son los resultados. Sin siquiera tener bien en claro qué es lo buscan con estas políticas. Probablemente, ni ellos mismos lo sepan.

La meca del negocio permaneció intocable por las "fuerzas de seguridad" dado que se mueve en una élite social a la cual no es fácil extorsionar o armar causas judiciales, además de que la propia Justicia prefiere no meterse contra este sector social, excepto que sea inevitable, como cuando ocurren muchas muertes. No una muerte. Muchas.
Se trata del negocio de las drogas químicas derivadas de los opiáceos. Estas drogas, que son traídas desde Europa en cantidades pequeñas, representan un negocio fenomenal con ganancias fenomenales. Son las llamadas "pastillas". Se consumen en fiestas electrónicas organizadas para tal fin y en boliches que participan de manera indirecta en el negocio: permitiéndolo, mirando para otro lado, mientras venden cantidades increíbles de agua mineral a precios ridículos. Mientras tanto, cierran las canillas del baño y cobran entradas por encima de la media del mercado.
Si el Estado regulara la fabricación de estas pastillas, tal como hace con las drogas legales, se reducirían los riesgos de muertes, se podría aumentar más el precio y cobrar muchos impuestos, que sirvan para atender a quienes quieran rehabilitarse.

El comercio de drogas legales con fines ilegales como las mencionadas más arriba, aunque en definitiva es la misma búsqueda del consumidor que es con fines recreativos, siguió floreciendo en Paraná y nunca hubo escasez, así como no hay ningún interés en controlar a las droguerías, los robos a los hospitales por parte muchas veces de empleados públicos y la participación de destacadas farmacias. Nadie controla este mercado desregulado en los hechos. Los precios siguieron subiendo al ritmo que pretendían sus fabricantes, los grandes laboratorios.