Mentiras de campaña




Juanele-. Pasaron las elecciones y aquello que los políticos prometieron, quedó en la nada.



De uno u otro lado de las dos grandes fuerzas políticas entrerrianas, tanto Somos Entre Ríos como la versión local de Cambiemos, dejaron al otro día de las elecciones de hablar de las ideas fuerza de campaña.
En el caso de Somos Entre Ríos fue un tanto diferente: se plegaron, sin la mínima diferenciación o matiz, al Pacto Fiscal que propuso Macri a cajón cerrado. Una contradicción flagrante.
De la provincialización de Salto Grande, no se dijo más nada.
Mentiras de campaña.



No es tan distinto el caso de Cambiemos, cuyos proyectos faraónicos desconcertaron a propios y extraños. La última visita de Macri a San Benito para inaugurar cunetas de dos cuadras, contrastó con la visita electoral donde habló de un aeoropuerto internacional para Paraná y Santa Fe y el puente que uniría ambas localidades capitales de provincia. De esos proyectos faraónicos a inaugurar dos cuadras de cordón cuneta en San Benito, ciudad donde solo la clase política conoce lo que es un avión, hay un trecho llamativo.
Mientras tanto, la tercera fuerza que asombaba con bríos, pasó de hablar contra la supuesta corrupción de Urribarri a plegarse e integrarse al bloque de Urribarri en la Cámara de Diputados de la provincia. El caso de Alejandro Bahler a esta altura ya da lástima. Del Partido Socialista, muy golpeado en Santa Fe y caído en la marginalidad en Entre Ríos, no hay mayores noticias. Sí hay comentarios de pasillo que volvieron a lo que les gusta hacer: destriparse entre ellos por cargos menores. Marcelo Haddad pasó de una alianza con el montielista de derecha Miguel Rettore, a una alianza con el peronista de derecha Alejandro Bahler. Sin escalas, de una elección a otra. En ninguna superó los dos dígitos.
Martínez Garbino, que por enésima vez encabezó una aventura política sin destino, hizo lo que suele hacer tras perder las elecciones. Borrarse hasta el próximo turno electoral, donde reaparece como "lo nuevo" con otros viejos aliados, siempre distintos según la ocasión.
Con este panorama, el grado de credibilidad de la ciudadanía en la política desciende un escalón más. No se salva nadie. Ni los trotkistas que ahora se meten a dar cátedras de periodismo a las trompadas.
Ante un panorama de igualdad en descreimiento, lo normal sería que se repitan los resultados. Por lo tanto, la versión local de Cambiemos tiene que seguir apostando a que la gente desconfíe de los bruscos esquinazos ideológicos de Bordet, mientras que Bordet tiene que prenderle una vela a la posibilidad de una crisis internacional que impida el arranque de la economía nacional. Sin que le afecte la generosa llegada de recursos a la provincia por parte de la Nación para que pueda pagar los sueldos. Es una línea finita por la que tiene que transitar.

Las terceras fuerzas pueden soñar con que las dos principales fuerzas se desplomen y así logren lo que tanto anhelan: una banca de concejal o diputado para colocar contratos entre familiares y militantes por cuatro años.

Conclusión, todos esperan que sea el otro el que caiga. Nadie tiene iniciativa propia.
Lo cual crea un equilibrio inestable.
Ese equilibrio inestable hace que la ciudadanía mire con apatía la política y apenas le preste atención a los discursos vacíos de los gobernantes.

Son signos de estos tiempos emocionales, de posverdad y lo que algunos ya llaman pospolítica.