El movimiento intelectual más auténtico

 Gonzalo García Garro-. El Revisionismo histórico  "rosista”.





Tengo la convicción personal de que el revisionismo histórico, incluyendo a todas sus vertientes y todos sus matices fue y es, el movimiento intelectual más auténtico, de mayor trascendencia y el único de resonancia popular habido en la Argentina. Su propósito original no fue solamente la reivindicación de Juan Manuel de Rosas, aunque sí, la figura del Restaurador fue el ámbito de encuentro de pensadores de diferentes filiaciones políticas.

El Revisionismo reivindica a la Patria y al Pueblo recobrando la verdadera historia de los argentinos como una historia real, donde se explica y narra la tremenda lucha nacional de un pueblo postergado, que enfrenta las intromisiones extranjeras tanto en lo económico, ideológico, como en lo militar.



Este movimiento intelectual que se origina con las obras de Saldías y Quesada (los precursores) logra progresivos avances académicos y políticos entre 1910 a 1930. Se dan producciones múltiples, con tanteos de tipo historiográficos, ensayos, monografías, trabajos especializados en variados temas y períodos. Sería imposible por la extensión de los mismos nombrarlos a todos, pero sí, quiero destacar entre otros la obra de José Luís Busaniche y el “Juan Facundo Quiroga” de David Peña.

Ya centrada la discusión histórica sobre la crucial época de Rosas, este personaje es el motivo de ensayos, monografías, etc., pero faltaba y se hacía imprescindible una obra de síntesis orgánica que explicara la historia antes de Rosas, durante Rosas y después de Rosas.

a) En 1930, Carlos Ibarguren (1879-1956) publica su libro “Rosas. Su vida. Su tiempo. Su drama”. Era lo esperado en el ámbito general del país, y ese libro colmó de satisfacción el ansia de saber de una generación, la del 30 y la subsiguiente, pues  reúne en una biografía las interrelaciones de Rosas con todo el actuar político desde 1810 a 1852 en un estilo ameno, incluye mucha documentación novedosa e importante y a la vez accesible al gran público. Si ya con Quesada no era posible un retroceso histórico, el libro de Ibarguren lo confirmó.
Pero, en el caso de Ibarguren es preciso señalar que, como lo advierte Hernández Arregui, políticamente este escritor fue el “nexo entre ese nacionalismo larvado más antiguo y la oligarquía liberal” ya que, fue hombre del roquismo y participó de las ideas y los proyectos de la generación del 80.
Entre 1930 y principios de los 40 aparece entonces un conjunto de historiadores que supera el estilo de los precursores y apunta ya armónicamente a un nuevo sistema histórico, que con refutaciones, debates y documentos realiza la discusión  que reclamaba el revisionismo. Entre ellos quiero mencionar a los siguientes:

b) Julio Irazusta (1899-1982). Entrerriano, nacido en los pagos de Gualeguaychú. Publicó entre otros libros de interés “Vida política de Juan Manuel de Rosas”, “Ensayo sobre Rosas y la suma del poder” y “La Argentina y el Imperio Británico”, este último es un libro de denuncia que hizo historia. El y su hermano Rodolfo, fueron los dinamiteros más pertinaces de los intereses imperiales británicos en la Argentina, una tarea riesgosa en los años 30 y 40 cuando las candidaturas a presidente aún se proclamaban en la Cámara de Comercio Argentina Británica. Irazusta, es preciso marcarlo militó también en un nacionalismo católico ultramontano, antiliberal, aristocratizante, protofascista y con cierto desprecio por lo popular. Mostraba a las claras la evolución aun inconclusa de parte de un un pensamiento nacional que terminaría confluyendo en el peronismo.

c) Vicente Sierra (1893-1982) Historiador y pensador nacional con una trayectoria académica excepcional. Fue director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y docente de la cátedra Historia de las Ideas Políticas en la Argentina. Publicó una “Historia Argentina” en doce tomos. Su revisionismo está fuertemente marcado por la historia de la iglesia católica y el catolicismo, siendo parte central de su revisionismo la mirada religiosa de la historia.

d) Manuel Gálvez (1882-1962). Entrerriano, nacido en la ciudad de Paraná aunque pertenecía a una tradicional familia santafesina. Abogado, poeta, ensayista, prolífero escritor que alcanzó a publicar más de 60 títulos algunos de ellos de gran éxito editorial como la novela “Nacha Regules”, o “La maestra normal”. Cuando encontró las claves de una interpretación nacional de la historia contribuyó a la configuración del Revisionismo Histórico y una vez comprometido con él, dio al género historiográfico sus insuperables biografías noveladas de Rosas, Irigoyen y Sarmiento. Su obra más alta, e insuperable y de una increíble actualidad es “Vida de Hipólito Irigoyen. El hombre del misterio”.
Dentro de esta línea, mas literaria que histórica, es dable referirse asimismo a las novelas históricas- costumbristas de Gustavo Martínez Zuviría que escribía bajo el seudónimo de Hugo Wast (1883-1962), escritor católico  y nacionalista, criticado y señalado como antisemita por el tratamiento que le da a la “cuestión judía” en algunas de sus obras. Fue en su tiempo un escritor muy difundido que tuvo algunos éxitos editoriales con novelas como “Myriam la conspiradora” donde refiere la conspiración de Alzaga o “Año X” (1960) narración ésta, donde reivindica la figura de Saavedra, según él, injuriada por la historia liberal y ofrece una visión crítica e insólita de Mariano Moreno.

e) En el año 1938 se funda el “Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas” que cumple desde entonces una fundamental tarea historiográfica y una sostenida prédica nacional a través de conferencias, cursos etc. Fue fundado por un grupo de políticos e historiadores nacionales entre los que se encontraba uno de los militantes nacionalistas mas activos de esa época, Alberto Contreras, a cuya dedicación se debe, en gran parte, la concentración historiográfica de las tareas revisionistas. Al Instituto se incorporaron luego hombres como Jauretche, José Maria Rosa, y figuras del peronismo revolucionario como John William Cooke.
El Instituto tiene en la actualidad su sede en la calle Montevideo 641 y una interesante producción e incluso una página en Internet y redes sociales. Contiene también la Biblioteca Popular Adolfo Saldías fundada en 1993 que incluye una interesante hemeroteca. Se ofrece como servicio desde la biblioteca la posibilidad de orientar para la búsqueda de publicaciones y responde a consultas a particulares, organismos e instituciones. El instituto tuvo una importante labor en lo relativo a la sistematización del pensamiento revisionista y en el empuje y dimensión que el revisionismo alcanza desde su fundación.

f) Ernesto Palacio (1900-1979) Este ensayista, traductor e historiador fue uno de los fundadores de la revista literaria “Martín Fierro”. De su producción histórica destacamos, “Historia Falsificada”, “Teoría del Estado Nacional” e “Historia de la Argentina”. Esta última, publicada en 1954 alcanzó mucha popularidad en los sesenta y setenta y se convirtió en un manual de consulta de la historia revisionista.
En el prólogo de su primera edición expresa: “Hace quince años, en una serie de artículos que tuvieron cierta repercusión, sostuve la necesidad de que se escribiera nuevamente la historia argentina, cuya versión “oficial” adolecía, en mi entender, de convencionalismo y falsedad”.  Y agrega más adelante: “Nuestra historia (tan corta) no adolece tanto de lagunas de información, cuanto de fallas de interpretación. No se halla viciada por el desconocimiento de lo ocurrido, sino por su deliberada falsificación”. Palacio consideraba que esta historia convencional “escrita para servir a propósitos ya perimidos, huele a cosa muerta para las nuevas generaciones”. El autor, a través de la crítica a la historia mitrista, se declara antiliberal sobre los supuestos ideológicos del nacionalismo católico.
Sostiene que “la Nación se consolidó con Rosas y después de él no fue posible quebrarla” y que,”la primera obligación de la inteligencia argentina, consiste hoy en la glorificación, no ya rehabilitación, del gran caudillo que decidió nuestro destino. Esta glorificación señalará el despertar definitivo de la conciencia nacional”.
Todos estos historiadores que hemos denominado revisionistas “rosistas” asumen como denominador común su militancia o su compromiso político en el nacionalismo católico y antiliberal. Es así que, el mérito cierto del nacionalismo argentino y su verdadero aporte a la formación de la conciencia nacional, ha sido su labor historiográfica que, a despecho de su ideologismo, cuestionó a través de un examen crítico de las fuentes, gran parte del andamiaje de la historia liberal y a través de una amplia bibliografía dejó sentadas las bases de un abordaje alternativo del pasado argentino.