China, chinita, mi chino

 Lucas Carrasco-. La primera parte es la Larga Marcha hacia el malentendido. Una explicación, simplificada, de cómo China, por izquierda y por derecha, llegó a ser el paraíso terrenal con el sueña nuestra clase dirigente.




El odio hacia Estados Unidos, moldeado durante décadas por la izquierda de los países subdesarrollados, mezclando partes de verdades con medias verdades y mentiras, fue concurrente con la caída del paraíso terrenal que muchos, durante décadas, veneraron: la URSS. En Argentina, este desprecio hacia Estados Unidos, estaba alimentado también por los grandes terratenientes: Argentina vendía lo mismo, competía en el mercado mundial de los commodities. Aún lo hace. Solo que EEUU no vende solamente commodities. Argentina, sí.
Estas cosas viejas tienen hoy efectos concretos en políticas de estado muy tangibles, en equívocos desopilantes y en apuestas extraviadas en el campo, especialmente, económico.
La ausencia de debate sobre el rol de China y su impacto en nuestro país, o en Entre Ríos, ausencia que es presencia a través de la fascinación (que impide cualquier pensamiento crítico), hace recordar la algarabía de los tiempos en que Inglaterra moldeaba nuestra economía y Francia nuestra cultura. Tiempos conservadores y fundacionales a la vez, aquellos ciclos no se están repitiendo en versión china, ni como farsa ni como tragedia. Sencillamente, nos enseñan a desconfiar.
Trashumantes conceptos del new age que hace del orientalismo inventado en occidente la religión cuasi oficial del posmodernismo, el nuevo colonialismo/sincretismo cultural tiene mucho de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel. En la Fenomelogía del Espíritu, Hegel dice que el sujeto se constituye cuando el objeto lo reconoce como tal, reconocimiento que se hace a través de la autoconciencia de su condición. Entre amo y esclavo ya sabemos cuál es el sujeto y cuál el objeto, pero la condición de posibilidad radica en la dialéctica: la batalla entre tesis y antítesis que teleológicamente nos lleva a la síntesis.
En resumen, el odio hacia EEUU debía llenarse con otro enemigo caída la URSS. Hoy, ese lugar simbólico lo ocupa China, que es un socio comercial estratégico de los Estados Unidos, y quien le mantiene la mayor cantidad de reservas en dólares, por lo cual, sostiene esa moneda. Como se vio durante la crisis de las hipotecas subprime, mientras China crecía a tasas de dos dígitos, salvaba el dolar como moneda de intercambio mundial. Hasta cuándo durará esta situación, es imposible saberlo. Hoy, es así, sencillamente.



Lo cual no quita que haya áreas donde sí efectivamente compiten ambas potencias. Y que esta competencia, que tiene como escenario el mundo entero, se de a partir del uso del poder blando, fundamentalmente porque China no está preparada, ni remotamente, para asustar al complejo militar industrial de los Estados Unidos y menos que menos, de los EEUU y sus aliados en el mundo.
Las guerras de baja intensidad que se libran con China y Rusia del otro lado (cuando no están todos del mismo lado), no dejan de ser negocio para EEUU, como en el caso de Siria y el Estado Islámico. Tanto porque EEUU les vende armas a ambos bandos, como por la inestabilidad que genera en el precio del crudo, del cual se beneficia en parte Rusia y ese beneficio es contraproducente para la economía China. Y viceversa.
Cuando uno recorre el andarivel diverso de "enemigos" de los EEUU se encontrará con países productores de petróleo, integrantes de la OPEC. Cuando uno recorre el andarivel de las amenazas que China considera como tal, apenas ve un viejo expansionismo de estilo clásico que quiere reponer la vieja ruta de la seda. Objetivos y ambiciones de escalas distintas.



El poder blando está lejísimo de poder equipararse. China, nuestro principal socio comercial, no tiene raíces culturales en Argentina. Ya no es un apelativo discriminatorio como lo patentizó la frase "mi chinita", frase de connotaciones diversas (y despectivas, a los criterios semióticos de hoy) que tiene larga historia en nuestra cultura tradicionalista pero que tiene un hilo de continuidad en el habla cotidiana con la expresión coloquial "mi chino", en referencia al supermercado asiático donde UNO -como sujeto de la enunciación y casi dueño del negocio por mera cercanía- hace las compras. El hilo de continuidad está en la construcción semántica de la frase: es UNO el sujeto de la enunciación, mientras que el Otro no es una otredad sino el sujeto subordinado, que en cierta forma muestra una relación asimétrica de asimilación. Eso no ha cambiado, aún cuando el apelativo "mi chinita" no se basaba en rasgos culturales ni orígenes étnicos y remitía en última instancia a un país/continente empobrecido y brutalizado por el sistema monárquico, el cual fue reemplazado por la dictadura neoliberal del Partido Comunista, que políticamente no es muuuuy distinta que digamos. Aunque durante la vigencia del apelativo "mi chinita" Argentina se creía un país llamado a regir los destinos del mundo y hoy China es una parte central en la economía globalizada, la acepción "mi chino", que sí se funda en rasgos culturales y étnicos, aplicables a cualquier asiático, sea o no proveniente de China, revelan qué lejos estamos de hacer de la dependencia económica (dependencia relativa, pero dependencia al fin: no hay que olvidarse que nosotros vendemos materias primas y ellos nos venden productos industriales y bases militares) una consagración cultural.