Razzia de opositores



Osvaldo Quinteros-. La cacería de dirigentes políticos opositores encarcelados sin condena es inédita desde el retorno democrático. ¿Es venganza o es Justicia? Los presos políticos sin condena se van acumulando, demostrando que es una estupidez que los inversores extranjeros busquen seguridad jurídica. O que el sector republicano de la política no sea en realidad un sector hipócrita y vengativo.
Lo peor es que de esta manera, tarde o temprano, se generará una revancha. Y que esta frivolidad y atropello a los derechos cívicos de una democracia normal, termine deslegitimando la imprescindible lucha contra la corrupción.





La masiva detención sin condena de opositores es un hecho sin precedentes desde el retorno de la democracia. Nadie en este país cree seriamente que la Justicia Federal está actuando de manera independiente, sin el gobierno atrás. La prensa oficialista informa además que el propio Macri está detrás del encarcelamiento de opositores, por lo general, en causas por vueltos menores como en el caso de Boudou, por asuntos políticos no judiciables como el caso de Zanini, por racismo mal escondido en el caso de Milagro Sala y Luis D elía, por un poco creíble despertar en el campo de los derechos humanos, en el caso de César Milani y porque la TV lo pide a gritos, en el caso de José López. Los sindicalistas encarcelados no se acercan ni un milímetro al escándalo desatado tras la muerte de Momo Venegas, donde la familia pide públicamente a los tesaferros que le devuelvan lo robado por el líder sindical de Cambiemos. Un bochorno que fue silenciado, al igual que muchos medios de comunicación y periodistas críticos con el oficialismo nacional. Ante la complicidad de medios y periodistas que se decían perseguidos durante el gobierno anterior porque les cuestionaban su línea editorial desde el gobierno.

Estas razones que explican la detención de opositores no significa que éstos sean unos santos o que las sospechas sobre corrupción no tengan asidero. Sino que no hay una Justicia independiente, no hay separación de poderes, no hay república. No hay lo que nos prometieron instaurar y mejorar.

Llama la atención que no haya entre los detenidos ningún miembro del gobierno actual, ni los que vienen de la gestión anterior, ni los que están involucrados con la probable corrupción del gobierno anterior, como el caso de la familia del presidente Macri y su relación con Julio De Vido.
Tampoco son molestados quienes se pasen al oficialismo, como Diego Bossio, cuyo lugar en la administración K fue estratégico para el financiamiento de muchas aventuras con tufillo a corrupción.
En Entre Ríos es igual de evidente. El ex intendente de Concordia y ministro provincial, Gustavo Bordet, hoy gobernador, puesto por Urribarri, no tiene ninguna causa abierta, aunque a su mentor lo llegaron a imputar tres veces por tres causas distintas en un mismo día. Ninguna de las cuales es por algún asunto importante, como la oscura privatización del BERSA, el entramado de juegos de azaar y medios de comunicación como en el caso de Canal 9 o el desfalco en El Diario de Paraná.
Las causas penales en general se presentan por hechos menores. Es llamativa esta conducta de los mismos fiscales que le hacían la venia a Urribarri y hoy se la hacen a Bordet y Cambiemos.

Mientras sigue sin resolverse qué pasó con Nisman, quiénes compraron los Dólares Futuros o qué pasa con los argentinos que aparecen en las filtraciones mundiales de paraísos fiscales evasores. Suena a cacería, suena a venganza, no a Justicia.

La prensa que se autodefinía independiente y ahora es claramente militante, a cambio de los favores del gobierno, hace periodismo de anticipación. Da los nombres de quiénes serán detenidos antes de que el fiscal o juez haya movido el expediente. Tal vez le avisan de esa manera los deseos del Poder Ejecutivo.

Ésto le quita seriedad al proceso penal y legitimidad a las instituciones argentinas. Para colmo, tarde o temprano, terminará victimizando a los corruptos, estigmatizando a los inocentes y generando un ánimo de revancha que no es bueno para el país. No se puede hacer cualquier cosa para esconder el sistemático fracaso económico.

La puesta en escena que se le agrega, al someter a tratos humillantes a los detenidos sin condena ni mayores fundamentos, es realmente deleznable. Las fotos aparecen luego en la prens militante como si festejaran una cacería.
Éste deslegitima el proceso y hasta le hace un favor, a corto y mediano plazo, a los corruptos. Tanto los del gobierno anterior como los del actual gobierno.