A sus plantas rendido un Perón

Lucas Carrasco-. Encarcelar a opositores es una bestialidad.





Encarcelar a la oposición política es una bestialidad. No hace falta ser kirchnerista, antikirchnerista, macrista o radical para darse cuenta que se sobrepasaron todos los límites y acá no se trata, ni de lejos, de buscar justicia por causas de corrupción o de esa figura gris que es "traición a la Patria". Menos a partir de un memorándum con Irán que puede haber sido una estupidez, un grosero error político, pero que no es materia judiciable. Y fue votado por las dos Cámaras del Congreso Nacional.

El odio y la venganza como motores gubernamentales retoman conceptos clásicos del populismo según Laclau, que no es la exesposa de Diego Maradona sino un ciudadano británico que predicaba el nacionalismo argentino. Ya falleció. Su obra teórica no estaba a la altura de su mentor, Jorge Abelardo Ramos, pero tuvo su apogeo porque a los ricachones de la izquierda latinoamericana no hay nada que los haga mear de emoción tanto como ser justificado por un europeo. Pero ese es otro asunto.
La cárcel preventiva es una figura que va contra la sensatez del Estado de Derecho pero se venía aplicando a negritos, jamás a un blanco, con contadas excepciones, como cuando Leo Fariña fue un preso político, con preventiva, por supuesto, y desde el Grupo Clarín Jorge Lanata pedía que lo violen en la cárcel. Fariña fue un preso político del gobierno de Cristina, tanto como lo es Milagro Sala hoy. Solo que Milagro Sala tiene el apoyo de los organismos de DDHH y Leo Fariña lo había perdido porque había destapado cómo lavaba dinero Cristina Fernández y su marido a través del Calcaterra K, Lázaro Báez.
La lista de presos políticos es larga. Y tiene una curiosidad: cuanto más endeble es la causa, cuantos peor está hecha la instrucción, cuanto menor es la imputación, mayor es el escarnio de la pena sin juicio previo que significa este Estado de Excepción que se fue agravando a medida que avanzó la democracia, desde 1983 a esta parte.
Hay que recordar que Alfonsin, siendo presidente, mandó preso a la cúpula del Partido Obrero y del Partido de la Liberación porque se le cantaba las pelotas. El "padre de la democracia" tenía esos contornos autoritarios que hoy todos prefieren olvidar.



Uno de los casos más curiosos es el del agente inorgánico de la SIDE (reconocido públicamente por él mismo) Fernando Esteche, quien en la cárcel de Ezeiza se declaraba, con razón, un preso político del kirchnerismo. Cuando salió se hizo kirchnerista. Hoy lo defiende el abogado Burlando, cuyo apellido hace espejo con su trayectoria.

Es curiosa la inmunidad que otorga, en una ley no escrita pero respetada a rajatabla, a los que fueron directivos de la SIDE. Que Parrilli y su segundo, Mena, no hayan sido detenidos porque "pueden obstruir la investigación" que hizo, de manera caricaturazca la propia SIDE, es un chiste: son los que verdaderamente pueden entorpecer la investigación (no digo que lo estén haciendo, digo que lo pueden hacer, lo cual no equivale a tener nada probado). Y son, además, los que organizaron la campaña de demonización de Nisman luego de su asesinato. Asesinato que sigue sin resolverse. Para conveniencia de la casta política y judicial, dependiente de la SIDE.

Perseguir a una fuerza política bajo cualquier excusa, como en el caso de César Milani (que no fue preso durante el gobierno de Cristina y hoy sí, sin que medien explicaciones o una investigación de si hubo o no encubrimiento de sus presuntos gravísimos crímenes y de la investigación).
Son los casos de los que los charlatanes bajo bandera de los derechos humanos prefieren ignorar (charlatanes a los que se beatifica o se les teme, por heroicas batallas del pasado: batallas que fueron ciertas y heroicas...en el pasado) . Pero en esos casos corrosivos -la prisión de Milani, la de Esteche, y del entonces diputado del Parlasur José López (dos años detenido porque lo vieron arrojando bolsos en un convento, ajá, ¿y de qué lo acusan? ¿y por qué la prisión preventiva?)- se encuentra la clave para descifrar la podredumbre que corroe al sistema político. Cristina Fernández se quedó callada hasta que vinieron por ella, que se ampara, como Menem, en los fueros. Hasta hace un día lo puteaban en todos los colores a Miguel Pichetto, a quien hoy le rinden pleitesía.

Uno de los principales intelectuales y escritores de mi generación -a quien no voy a nombrar para no comprometerlo con mi mala fama- me decía ayer, desde Buenos Aires, que esto compactaría al peronismo.
Me dejó pensando.
Puede ser.
Pero no la veo. Posiblemente porque estoy en Paraná, donde el peronismo hizo un silencio a gritos. Tampoco noté que haya habido alguna movilización en Santa Cruz, en Tucumán, en Formosa.
Cuando sucedió el asesinato de Nisman recuerdo que busqué, al azar, pequeñas localidades de provincias remotas y distintas en su conformación cultural, lugares donde nunca o casi nunca hay una movilización por un tema "nacional", como se denomina a lo que sale en la TV porteña. En todas, absolutamente todas, hubo una masiva movilización.
Lo mismo pasó mientras se sospechaba con razones fundadas que el asesinato culposo o doloso, tendrá que determinarlo la Justicia, de Santiago Maldonado, era una desparición forzada. Probablemente sean pocos los que se movilizaron por los dos temas, pero el punto es que el 17 de octubre que buscaba el Grupo Clarín en Plaza de Mayo ayer, no ocurrió. Al gobierno nacional y al Grupo Clarín y sus satélites les conviene mantener el kirchenrismo con vida, porque es la llave de su eventual triunfo en 2019, porque sirve para tapar el ajuste previsional y porque tienen ya un culpable por si hay desmanes en diciembre. ¿Va a haber desmanes en diciembre? No lo sé, pero en un país donde una de cada tres personas es pobre, todo puede pasar. Así de simple. Gobierne quien gobierne.
Por otro lado, a Cambiemos le interesa tener un peronismo unido, sobre todo si lo hace bajo las banderas del derecho penal. El mito fundante de que "todos unidos triunfaremos" se demostró que vale igual que la parte de la marcha peronista que habla de "combatiendo al capital".

A la injusta e ilegal prisión preventiva a opositores se suma el escarnio, la humillación en cadena nacional, y el coro de bananas del kirchnerismo que dicen que el Poder Judicial es un potestad presidencial que se traslada con el bastón de mando. Si Macri maneja toda la Justicia, es de suponer que la oposición más banana al kirchnerismo tenía razón cuando postulaba que Cristina manejaba la totalidad de la Justicia. Lo dicen sin sonrojarse ni darse cuenta que no están obligados a declarar contra sí mismos.

La Venezuela de Maduro, ese fantasma trágico que agita el oficialismo para representar una crisis que no heredó, tiene aspectos más parecidos al gobierno de Macri que al de Cristina.
Son tiempos donde todo razonamiento sensato es silenciado.
Hay que estar en una u otra trincherita.
No se puede escarbar en los asuntos turbios ni mentar la complejidad del análisis político.
Sin embargo, tarde o temprano la hojarasca se la llevará el viento y es de desear, aunque es poco probable que esta escalada de violencia institucional por parte de la derecha que se decía republicana y dialoguista, no tenga consecuencias desastrosas para el equilibrio de poderes, la sed de venganza y otras patologías tan argentinas como idiotas.

El Oyarbide del macrismo, el Juez Bonadío, seguramente se jubilará antes de que cambie el signo político del gobierno nacional. Pero habrá dejado una mancha en la democracia que seguramente degradará más el ya degrado panorama político nacional.