¿Una lección para el peronismo? (2)



Gerardo Pressman-. Cómo queda finalmente el Partido Justicialista bonaerense y las lecciones que le da de cara al futuro al peronismo nacional, incluido por supuesto Entre Ríos.
La primera parte de esta nota, está acá.






Caída la candidatura a la reelección de la presidencia del Partido Justicialista de Buenos Aires de quien fuera chofer de Bellestrini, concejal y alfil, luego Intendente de La Matanza y candidato a vicegobernador en las PASO con Julián Domínguez, Fernando Espinoza, es ya un hecho consumado.
El intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, será el presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires y el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, será el vicepresidente. El próximo año, intercambiarán los cargos como hace la izquierda con las bancas parlamentarias rotativas y por eso nunca logra instalar del todo un candidato. Muestra la debilidad del armado que se puso enfrente de Espinoza. O mejor dicho, de Crisitna Kirchner.
La secretaría general fue reclamada por los intendentes del llamado "interior" que es todo lo que está después del conurbano y será para el jefe comunal de La Costa, Juan Pablo De Jesús.
Tanto Menéndez como Gray y De Jesús se fueron del Partido Justicialista para apoyar a Unidad Ciudadana. Vale remarcar ésto porque el problema no es ideológico ni doctrinario.
Ésta lista cuenta con el apoyo de Pablo Moyano, que estaba cercano a Massa, del intendente de Tigre Julio Zamora, que respondía también a Massa en el distrito de donde éste es oriundo y del ex gobernador Felipe Solá, que también fue parte de la alianza con Stolbizer. Además de los tres intendentes que se quedaron en el PJ y perdieron contra Unidad Ciudadana y Cambiemos sosteniendo la candidatura de Florencio Randazzo.
Es un conglomerado de unidad bastante extenso pero también un ejemplo de lo que pasa en Entre Ríos: liderazgo sin conducción, conducción sin liderazgo.



¿Por qué se bajó Espinoza?
Casi todos los analistas hablan de que es prácticamente imposible conseguir dinero para hacer una campaña en un territorio tan extenso, que dirima cuestiones que no le interesan a la mayoría de la gente. La financiación de las campañas es el punto crítico de la política. De una forma de hacer política que se ha encarecido hasta el punto que las campañas presidenciales de argentina son aún más onerosas que las campañas para ser Presidente de los Estados Unidos.
Con el peronismo en la mira selectiva de la Justicia y con Cambiemos manejando las cajas estatales que financian la política o que pueden devolver los favores de los aportes de los empresarios privados, lo cual le permite armar candidaturas del estilo de Randazzo para dividir el peronismo, la cosa se complica.
Un partido como el peronismo, hecho a partir de la provincia de Buenos Aires, que fue la provincia que protagonizó con sus militantes el 17 de octubre, la resistencia peronista, el retorno de Perón y tras el golpe militar, el armado y la orientación general del resto del peronismo, de pronto está sumido en una profunda crisis.
La manera en que esa crisis se resolvió muestra su debilidad. Una debilidad que se plasma en los acuerdos de la Legislatura bonaerense y que se termina desparramando hacia todo el país. Hasta el punto que los gobernadores peronistas atrincheran su partido alambrando la provincia, como el caso de Somos Entre Ríos, para tratar de no contagiarse de esta crisis. Según el análisis de Urribarri, fue esta crisis la que hizo perder al peronismo en el 2017. No se la pudo evitar con la estrategia de provincializar la campaña.

Tampoco funcionó ir a una interna asimétrica, con diez listas donde nueve competían con la cancha inclinada. En las PASO 2017, el peronismo entrerriano sacó más votos que en las generales. Fue el único partido entrerriano al que le pasó ésto. Ni el Movimiento Socialista de los Trabajadores ni el Partido Socialista con Martínez Garbino, ni el voto en blanco ni el impugnado sacaron menos votos que en las PASO.



Las campañas se han encarecido. Los aparatos partidarios ya no tienen la fidelidad de antaño. La política se ha vuelto profesional. Los militantes vocacionales que aportan al partido son una minoría en extinción. Hoy los militantes son rentados. La propaganda se terciariza en empresas privadas de comunicación y las doctrinas ideológicas no se deliberan en congresos partidarios sino que se toman de los "cuadros técnicos", generalmente profesionales universitarios que trabajan para cualquier gobierno o partido. Un caso patente es el del Senador Nacional por Provincia de Buenos Aires y fallido candidato a diputado nacional con Randazzo: de secretario de Chacho Álvarez en el Frente Grande a funcionario de la Alianza, luego del kirchnerismo y recientemente nombrado funcionario del gobierno de Macri. Hablamos de Juan Manuel Abal Medina.
Es solo un caso de muestra.
Probablemente, los dos senadores nacionales del Partido Justicialista de Entre Ríos, que ya habían tomado el camino de Abal Medina de apoyar al gobierno, se sumen a la partición del bloque que propone Miguel Pichetto para excluir a Cristina Kirchner.
La paradoja es que de esta manera, el peronismo bonaerense se quedará sin un senador nacional que lo represente en la Cámara, aún cuando sacó un caudal de votos importantísimo la principal oposición a Cambiemos no podrá expresar sus puntos de vista en el Senado.