Un día con los Langsam



Julio Reibel -. El sábado pasado Manuel Langsam (veterinario jubilado, escritor por afición, de 83 años) nos esperaba con su hijo Guillermo (abogado de 31 años, el menor de tres) en la terminal de Villaguay a Lucas Carrasco y a mí cuando llegó nuestro colectivo, faltando poco para el mediodía.



Lucas había organizado el viaje para conocer a Manuel y su familia y filmar una entrevista en Villa Domínguez, donde transcurren la mayoría de los relatos del autor dominguense radicado en Villaguay.

Nos saludamos y caminamos hacia la EcoSport de Manuel. Junto a ella esperamos que Lucas fume un cigarrillo mientras nuestro anfitrión lo escuchaba decirle lo que no había querido discutir por mail. Nos subimos a la camioneta y Manuel nos llevó hasta su casa —a diez cuadras de la terminal de Villaguay. Subiendo la camioneta al garaje, Lucas se sorprendió:
-Me estás jodiendo que esto es Domínguez…

Manuel y Guillermo le aclararon que seguíamos en Villaguay. Íbamos a almorzar en su casa y más tarde iríamos hacia allá, antes de las 15 h ya que a esa hora nos esperaría, en el Museo de las Colonias de Villa Domínguez, Osvaldo Quiroga, director del museo, según había pactado Manuel (para quien, como saben los que lo conocen, la puntualidad no es opcional).
Salió a recibirnos Palmira, esposa de Manuel. Nos acomodaron en los sillones del living, donde también está el escritorio de Manuel, y ahí conocimos a Analía, la hija mayor del matrimonio, que nos convidó con cerveza para esperar las empanadas.

Continuó la conversa. Aprendimos del trabajo de Analía (odontóloga) en la Asociación PIEL con niños con labio leporino, y pasadas las doce y media atravesamos, copa en mano, el patio trasero hasta el quincho, ya acondicionado para recibirnos.

Analía y Palmira se fueron encargando de ultimar los detalles para el almuerzo mientras Manuel y Lucas conversaban, que es casi lo mismo que decir que escuchábamos a Lucas, aunque en una de esas excepciones Manuel lo desasnó acerca de su edad: Lucas se había convencido de que tenía 73 (algo entendible porque, comparado con sus 83, es un número más acorde a su aspecto y su inteligencia espabilada).

Comimos empanadas de carne, un postre helado y algunos tomamos café durante la sobremesa, que se extendió hasta incomodar al anfitrión, que comenzaba a preocuparse por el compromiso de las 15hs. Entretanto se discutió acerca de la historia del pueblo judío, el concepto de raza, el confort que las nuevas generaciones le debemos a las anteriores y temas de coyuntura, además de historias familiares, entre las que despertó un interés particular, para los que la desconocíamos, la de Palmira: sus abuelos huyeron de una persecución feroz en Europa Central pero, sin embargo, era poco lo que ella sabía de esos sucesos debido a que era un tema del que no hablaban en su familia.

Minutos después de las 14 volvimos al living para filmar a Manuel con los suyos. Cuando se me dio la orden apreté rec y justifiqué mi presencia en esa reunión mientras Lucas descolocaba a la familia pidiéndoles que se puteen y rían para la cámara, aclarando después que el audio iba a ser descartado.

Alrededor de las 14:30 hs cargamos nuevamente nuestro equipaje en la camioneta y, con Guillermo al volante, partimos hacia Villa Domínguez, aunque no sin antes preparar una botella de agua para Manuel (por si se le bajaba la presión) ni sin, para el asombro de los Langsam, detenernos en una estación de servicio para que Lucas compre más cerveza.

De camino Guillermo destacó la cantidad de pozos que nos econtrábamos y Lucas habló con Manuel, quien describió su relación con las diferentes tecnologías que usa para escribir sus cuentos, cómo fue independizándose paulatinamente de la ayuda de su hijo para manejar la computadora (sigue haciendo los primeros borradores con lápiz y papel para después transcribirlos en el ordenador) y, ante los reiterados elogios a su estado de salud, reveló haber sufrido un infarto, tener un stent en la arteria coronaria y cuántas pastillas debe tomar diariamente. Ya llegando a la entrada de la ciudad Lucas interrogó a Manuel acerca de sus posiciones políticas y cómo se manifiestan en su literatura; se dio un ida y vuelta en el que Manuel estableció que, antes que a la denominación partidaria, atiende a las características del político en cuestión en relación a lo que podría hacer una vez electo y, respondiendo a una observación acerca de la presentación de los débiles y los trabajadores en sus relatos, trajo a colación sus inicios en el mundo del trabajo cuando coincidió que pasábamos frente al elevador de granos donde tuvo su primer trabajo, a los 14 años.

Nos detuvimos frente al elevador de granos. Con Lucas, Guillermo y Manuel sobre uno de los ingresos del predio grabamos una entrevista en la que el escritor se refirió a su adolescencia para luego recordar la sacrificada vida de su padre (un inmigrante que llegó a la Argentina de la Liga Patriótica, trabajó en la extensión de las vías ferroviarias en Chaco y volvió a Domínguez para iniciarse en el comercio, logrando establecer su propio almacén de ramos generales). También contó cómo este dejó caer el teléfono la primera vez que llamaron a la tienda preguntando por “el doctor Langsam”.

Al empezar a describir cómo había costeado sus estudios tras rechazar la ayuda económica de su padre, fue interrumpido por Lucas, que se metió en el cuadro pidiendo censurar su entrevista, alegando que nos hacía quedar como unos boludos a los demás.

Tras unas tomas más del elevador de granos volvimos a la camioneta y fuimos llevados a la estación de trenes Gobernador Domíguez. Manuel nos contó cómo funcionaba antes de llegar al estado de abandono y deterioro en el que la encontramos y, para no perder más tiempo, nos dirigimos al museo, donde íbamos a poder cargar la batería de la cámara.

El director se entretuvo mientras esperábamos que la cámara esté en condiciones. Nosotros cuatro nos quedamos afuera conversando. Un poco después Manuel se fue a la camioneta a buscar agua y, cuando la batería se había cargado lo suficiente, le hicimos una entrevista en el archivo del museo a Osvaldo Quiroga acerca de los orígenes de las colonias judías de la zona: nos habló de la iniciativa del Barón Hirsch y la Jewish Colonization Association, la persecución zarista y la adaptación de los colonos; todo esto con Manuel sentado debajo de un ventilador y bebiendo agua para recuperarse de un bajón de presión.
Al terminar intercambiamos información de contacto con Osvaldo y nos despedimos. Guillermo volvió al volante y pasamos frente a la casa que tiene Palmira a unas cuadras del museo para corroborar que las ventanas estén bien aseguradas (les habían avisado que una estaba abierta pero alguien más lo había solucionado), hicimos escala en un almacén para comprar cerveza (donde Lucas aprovechó para entrevistar a una señora acerca de la herencia de los inmigrantes en la ciudad), volvimos al hotel a buscar el cargador de la cámara que me había olvidado en el archivo y partimos de regreso.

De camino, por enésima vez, Lucas volvió a agradecerle enfáticamente al escritor por su colaboración con Noticias Entre Ríos y por sus cuentos. Ya en Villaguay dejamos a Manuel en su casa para que se recompusiera y Guillermo nos acercó hasta mi casa para, a eso de las 17:30, empezar a pensar en la vuelta a Paraná (cosa que llevó más tiempo y esfuerzo de lo esperado, pero eso es otra historia).