"Hacerles decir a las palabras más de lo que éstas pueden decir"

Rolando Revagliatti-. Antonio Ramón Gutiérrez nació el 29 de mayo de 1951 en la ciudad de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima, y reside en la ciudad de Salta, capital, igualmente, de la provincia homónima. Obtuvo su título de Psicólogo en 1982 por la Universidad Católica de Salta, donde además de desempeñarse como profesor en diversas cátedras ha sido Profesor Titular de la Cátedra de Psicolingüística, y es Profesor Emérito desde octubre de 2017. Es docente del Centro de Investigación y Docencia (CID) del Instituto Oscar Masotta dependiente de la Escuela de Orientación Lacaniana de Psicoanálisis. En esta materia es autor de “La precipitación de lo real” (2005), “Lingüística y teoría del significante en psicoanálisis” (2010), e integra el volumen “Soledades y parejas. Luces y sombras” (2017). Además de concedérsele en 2012 el Premio al Mérito Artístico por su trayectoria literaria, otorgado por el gobierno de la Provincia de Salta, recibió, entre otros, el Primer Pre…

La noción de constitución en Sampay



Ernesto Adolfo Ríos-. Sampay recupera en sus escritos la noción de la realidad integral de la Constitución, frente al reduccionismo de la ideología –nacida a partir del siglo XVIII para institucionalizar el recientemente adquirido predominio de la burguesía – que presentaba a la Constitución escrita como a la realidad global de la Constitución.



La estructura “constitución global” es, entonces, “el modo de ser y de obrar que adopta la comunidad política en el acto de crearse, de recrearse o de reformarse”.

Esta “constitución global” presenta distintos componentes, considerados especies de Constitución, que se influyen dinámica y recíprocamente.

La exposición de Sampay es a partir de aquí tributaria de Aristóteles y de su comentarista medieval, de quienes adopta los conceptos de constitución real y de constitución primigenia respectivamente.

Toda comunidad política tiene una Constitución primigenia, “impuesta por las condiciones geográficas del país, por la ubicación del territorio estatal en el planeta y en el universo sideral, por la idiosincracia de la población modelada por dichas condiciones geográficas y astrales y en especial por la cultura tradicional”.



La Constitución real, a su vez, “está compuesta por la clase social dominante, por las estructuras de poder mediante las cuales esta clase ejerce el predominio, el fin que efectivamente persiguen tales estructuras de poder, las maneras de obrar que tienen estas estructuras, y la actividad creadora y distributiva de bienes que también establece y ordena, en lo fundamental, la clase dominante. En suma, según asevera Aristóteles con frase tajante, el sector social dominante es la Constitución”.

Del acuerdo entre ambas especies de constitución, y fruto de una decisión jurídica en ese contexto, se dará la Constitución jurídica del Estado.

La Constitución jurídica “es un código superlegal, sancionado por la clase social dominante, que instituye los órganos de gobierno, regla el procedimiento para designar a los titulares de estos órganos, discierne y coordina la función de los mismos con miras a realizar el fin fijado por la Constitución y prescribe los derechos y las obligaciones de los miembros de la Comunidad”.

Observa Sampay como, al rescatar la realidad global de la Constitución, “quedan claramente conceptuados la infraestructura sociológica y la sobreestructura jurídica de la Constitución”.

Las especies de Constitución y sus interrelaciones

Estos tipos o especies de Constitución definidos por Sampay actuarán entre sí denotando su influencia.

La Constitución primigenia va a condicionar el origen y el desarrollo de factores socio-históricos de la Constitución real. Estos factores son, primordialmente: los usos y costumbres del pueblo, determinados en gran medida por la cultura tradicional; cierto tipo de trabajo social que produce determinado tipo de bienes; el comercio exterior; las características adoptadas por la defensa militar.

Esta Constitución primigenia, acota Sampay, “impone sus leyes con la fuerza incontrastable de los hechos naturales y con una fuerza similar a la de estos eventos cuando se trata de usos y costumbres populares que son de lenta y firme concreción”. Los cambios en ella son posibles si se siguen las inmanentes tendencias de su desarrollo o transformación, y requieren de plazos de tiempo de larga manifestación.

La transformación de la Constitución real, por su parte, es el resultado de la resolución de los grandes factores sociales, “a condición de que éstos cumplan las leyes de desarrollo y transformación de las realidades socio-históricas de la Constitución real” . Su mutación y cambio, originados en voluntades humanas aunadas en torno a intereses, requiere de plazos históricos menores a los necesarios para la transformación de la Constitución primigenia.

La redacción del texto escrito de la Constitución jurídica requiere de un brevísimo plazo de tiempo ; pero lo que importa de ella es su adecuación o confrontación con la Constitución real, siempre que cuente con alguna viabilidad, es decir, que recepte en sus cláusulas, aunque más no sea en mínima parte, los caracteres esenciales de la Constitución real.

Para el análisis de la incidencia de la Constitución escrita sobre la Constitución real, Sampay se vale de la terminología de Loewenstein , y la describe de tres maneras posibles.

La primera, “impulsando el desarrollo en su mismo sentido, y reglando los órganos del Estado adecuadamente a las estructuras de poder” . De esta forma la Constitución jurídica es propiamente Constitución, ya que contiene a la comunidad, y puede calificársela de Constitución semántica.

Una segunda, “dirigiendo la actividad social contra ese desarrollo y organizando el poder político contra las estructuras reales de poder” , de lo que resulta un texto vacío de sustantividad, denominado Constitución nominal en el léxico de Loewenstein. También, agrega, “se transforma en Constitución nominal la Constitución escrita que prematuramente se propone implantar una determinada efectuación de la justicia que las estructuras de la Constitución real no consienten” .

Una tercera forma de incidencia entre estas especies de Constitución se advierte cuando la Constitución jurídica le cierra el camino al desarrollo de la Constitución real o le traza imperativamente otros. En el primer caso, la Constitución escrita deviene Constitución nominal; en el segundo, cuando esos caminos son más apropiados al desarrollo de la Constitución real, intensifican su vigencia y nos encontramos con una Constitución normativa, “porque en cierta manera su imperatividad jurídica modifica la realidad social”.

En estas distintas imbricaciones entre la Constitución real y la Constitución jurídica, destaca Sampay que, desde que ésta se manifiesta a través de preceptos rígidos a la vez que aquella es dinámica como ente histórico que es, la adecuación nunca es cabal, y de allí surge una resultante, que es la práctica constitucional, “conformada por la interpretación que hacen los altos poderes del Estado de los preceptos que reglan sus propias funciones y por la jurisprudencia de los tribunales constitucionales, sean estos órganos estrictamente judiciales u órganos políticos encargados exclusivamente del contralor de la constitucionalidad de las leyes”.

También señala Sampay el surgimiento desde la Constitución real y al margen de la Constitución escrita de costumbres praeter constitutionem, para llenar vacíos de esta última. Del mismo modo, cuando la Constitución jurídica se halla en trance de transformación en Constitución nominal, surgen de la Constitución real costumbres contra constitutionem. Aprovecha así Sampay para criticar al Derecho Constitucional ingenuo que ve en estos fenómenos de la realidad “violaciones a la Constitución”, puesto que su dogmática formalista les impide observar que es la vida político-social de los pueblos la que conforma la Constitución, y no al revés.