El nuevo pacto fiscal



Ezequiel Bauman-. El nuevo Pacto Fiscal mezcla rasgos noventistas con dosis K. Los grandes perdedores son los jubilados nacionales, los estatales de las provincias, menos los bonaerenses, y la salud y la educación pública. Los grandes ganadores son los de siempre. Se profundiza el país bifronte.



El nuevo Pacto Fiscal firmado por los gobernadores y el poder central tiene, a grandes rasgos, aires parecidos al pacto del mismo tipo que firmara el gobernador Mario Moine durante el gobierno de orientación neoliberal de Carlos Menem en el país.
En ese pacto fiscal de los noventa, trabajó también Rogelio Frigerio, el actual negociador del pacto firmado en estos días, que a grandes rasgos, quita dinero a las provincias, excepto la provincia de Buenos Aires, y desfinancia la caja de jubilaciones nacionales. El objetivo declamado de bajar el déficit fiscal no sería real. Cualquier previsión indica que el déficit fiscal aumentaría por lo que recibiría de más la provincia de Buenos Aires.
Los grandes perdedores de este pacto fiscal son los jubilados nacionales, los trabajadores estatales de las provincias como Entre Ríos, la salud y a educación pública. Los grandes ganadores, los empresarios agropecuarios, la gobernadora Vidal, las empresas multinacionales y la banca extranjera.



Aún resta conocerse la letra chica y en las provincias deben instrumentarse la caída de los juicios a la Nación por las deudas que ésta tiene con las mismas. A cambio, recibirían una "compensación" en efectivo que no se acerca ni al tercio de lo adeudado.
Las provincias, a su vez, se comprometen a agravar el sistema recaudatorio regresivo que impera en la mayoría de las mismas, como en el caso de Entre Ríos.
A grandes trazos, se profundiza el modelo de país bifronte imperante desde 1992.
Las tendencias sociales que vienen detrás de este esquema son las conocidas: bolsones de pobreza estructural en aumento, especialmente en los niños, migración de los talentos hacia la Ciudad de Buenos Aires, ampliación del conurbano como epicentro laboral del país, profundización de la brecha entre provincias ricas y provincias pobres, desempleo crónico, oficios de baja calidad y un país agroexportador donde sobra un tercio de sus habitantes.
No estarán conformes ni los economistas neoliberales ni menos los autodenominados keinesianos.

De todas maneras, el firmado pacto no tiene efecto jurídico hasta que no sea ratificado por el Congreso. Donde puede sufrir modificaciones varias.
Aunque es improbable que en el Congreso se rechace -por el aval de los gobernadores supuestamente opositores- también es improbable que se le cambie la orientación, porque sencillamente no está en los cálculos de ningún sector político con peso significativo.
El kirchnerismo podrá protestar en el Congreso y los actuales legisladores de Cambiemos le recordarán que durante su gobierno, el esquema de funcionamiento federal realmente existente no distaba mucho del ahora propuesto, con el agregado de que se van a transparentar un montón de subsidios al Conurbano en un fondo que podrá utilizarse en toda la provincia de Buenos Aires.
Por tales consideraciones, el pacto fiscal no generará muchas resistencias.



Así como se exagera desde la oposición, se exagera desde el oficialismo tildándolo de "histórico", cuando en realidad combina dosis noventistas con las refinanciaciones de deudas de la década K, que en los hechos significaba que las provincias resignaban juicios y reclamos de deudas -con la excepción de San Luis, La Pampa y Santa Fe- a cambio de que se refinanciara las deudas de las provincias con la Nación.