El gradualismo político de Macri




Osvaldo Quinteros-. El peronismo en estado asambleario permite a Macri avanzar con sus reformas.





Mientras el peronismo delibera, el macrismo avanza con sus reformas.
Hasta ahora de los anuncios pos electorales el gobierno nacional solo ha retrocedido cuando se ha topado con empresarios fuertes que se verían perjudicados por esas reformas anunciadas.El caso, por ejemplo, de los vinos y la cerveza.
No retrocedió en todos los casos ni retrocedió del todo en algunos casos. Pero hubo voluntad de ceder y consensuar. Hubo lo que hasta ahora parecía ausente en el plano político: una estrategia. La cual era necesaria para el plan económico denominado "gradualismo".
Cuando se topó con la resistencia de los gremios, en el capítulos de las reformas destinadas al mercado laboral que afectarían principalmente a los trabajadores, no retrocedió pero sí puso voluntad negociadora. Tanto hacia dentro de un sector mayoritario del sindicalismo como hacia adentro de un sector minoritario de su coalición política Cambiemos: hay algunos radicales que desconfían de las reformas laborales propuestas.

En lo que atañe a la Justicia, avanzó hasta donde quiso. Ya renunció la Procuradora General de la Nación Alejandra Gils Carbó. El Consejo de la Magistratura está siendo moldeado a gusto del
gobierno nacional.  La Corte sigue los grandes trazos del gobierno nacional, incluyendo la persecución a los opositores.



En cuanto al capítulo fiscal, el presidente Macri aprovechó la debilidad del peronismo en su conjunto. Tanto el ala kichnerista, que está golpeada judicial y políticamente, como el ala política dialoguista (donde hay que ubicar al gobernador entrerriano Gustavo Bordet) se sentaron a negociar en condiciones de debilidad. El debate entre estos sectores al interior del peronismo, debate que se extiende a la totalidad de la oposición, es la principal ventaja política del presidente Macri para avanzar en este capítulo fiscal.

Probablemente, Maci haya lanzado reformas ambiciosas para luego ir cediendo y logrando lo que verdaderamente calculaba que podía conseguir. Sería un gradualismo político. Aunque en la tradición política argentina eso quedó patentado como "vandorismo", en referencia a otro entrerriano, Augusto Timoteo Vandor. Un gremialista excepcional, que construyó mucho poder, desafió al mismísimo Perón y consiguió el regalo más preciado por los sindicalistas gracias a su alianza con el dictador Juan Carlos Onganía: las cajas de las obras sociales fueron transferidas a los sindicatos. 
Pero por vandorismo se entiende el axioma de "golpear para luego negociar". O sea amagar una cruenta batalla, herir de paso al adversario, para hacerlo retroceder unos metros y debilitarlo. Luego avanzar unos metros y luego "conceder" no avanzar más. Si el objetivo real era avanzar esos metros efectivamente avanzados, entonces la jugada salió perfecta.

Contra lo que puedan pensar los jóvenes, en esta ocasión el peronismo está deliberando de manera pacífica y ordenada. Hubo discusiones más agresivas en otros tiempos, no tan lejanos. Incluso divisiones más irreconciliables que las que hoy separan a Massa, Cristina y Randazzo, por ejemplo. Un ejemplo concreto es Entre Ríos, donde Bordet, Urribarri y Busti (a quienes se les puede agregar, con menor peso político pero sí por lo que representan ideológicamente, a Jorge Barreto y Augusto Alasino: un kichnerista duro y un menemista consecuente).



El Congreso, donde se encuentra la oposición más dura, tanto por parte del kirchnerismo como de la izquierda, y donde están más expuestos los políticos de la "ancha avenida del medio" como Loustau, Massa y Stolbizer, el Congreso perderá peso frente a las negociaciones bilaterales o conjuntas con la CGT y los gobernadores.
A ésto hay que sumar que Cambiemos a pesar de haber ganado nítidamente las elecciones legislativas, sigue siendo minoría en ambas cámaras.
Con lo cual, un Congreso debilitado como escenario de negociación, es ganancia para Macri.