El error de subestimar a Macri

Pablo Mori-. Se equivocaron los que subestimaron a Macri creyendo que "no sabe hacer política". Ese error lo están pagando caro. Incluso antes de que asuman los nuevos legisladores electos y aún cuando, al asumir, Cambemos seguirá siendo minoría. Incluso seguiría siendo minoría en una eventual reelección del Presidente Macri.
Los más golpeados son los gobernadores amigos, como el caso del entrerriano Bordet.



Tras el tras el triunfo electoral en las legislativas del 2017 de Cambiemos en todo el país, duplicando a sus inmediatos competidores y cuadriplicando al kirchnerismo, al que escogió como enemigo favorito, el presidente Macri lanzó una serie de iniciativas que con marchas y retrocesos viene avanzando. Con aval de los gobernadores. Los que ya eran amigables, como el caso de Gustavo Bordet, ahora lo son más. Los que estaban plantados en la oposición, se amansaron, con la única excepción en todo el país de San Luis, donde los Rodríguez Saá dieron vuelta una elección histórica.
Lo curioso es que Macri se monta sobre el nuevo clima político creado en el país, dado que los nuevos senadores y diputados recién asumirán su banca el 10 de diciembre. 



Como la renovación parlamentaria es por partes aún habiendo ganado las elecciones cuando asuman los nuevos diputados electos y senadores nacionales de las provincias donde les tocó renovar en este turno, la coalición Cambiemos seguirá siendo minoría en ambas Cámaras. Y los acuerdos logrados con los gobernadores necesitan de la ratificación parlamentaria. 
El caso de Entre Ríos, donde entrarán dos diputados nacionales amigables, tales son Bahilo y Cresto (ambos perdieron en Gualeguaychú y Concordia, respectivamente) se complementa con la salida de Cristina Cremer, esposa de Busti, que venía votando con Cambiemos y la salida de tres kirchneristas que votaban todo en contra. Son Jorge Barreto, que compitió en la interna contra Bordet y perdió, Carolina Gailard -que asumirá una Secretaría que fusionará los ex ministerios de Turismo y Cultura- y Lautaro Gervasoni, que tenía un comportamiento oscilante pero en general tendía a aceptar lo que ordenaran las autoridades del kirchnerismo en la Cámara de Diputados. 

Incluso las expectativas de una reelección de Macri, hasta las expectativas más realistas, muestran que su segundo período de gobierno seguiría en minoría parlamentaria o tendría una mayoría muy ajustada, con lo cual necesitaría que su coalición no se rompa. Cuidando de sus aliados más inestables, como Elisa Carió y algunos radicales que siguen la línea alfonsinista o que la seguirían en caso de que los resultados económicos no sean del todo favorables. 

Fue un error de la oposición subestimar a Macri. Ese error aún se prolonga, en la idea subyacente de "gobierno de los ricos", "ceocracia", "por primera vez la derecha pura gana el poder a través de los votos". Son errores, a mi juicio, ideológicos pensados desde y para la Ciudad de Buenos Aires. Pero que derivan en errores tácticos en todo el país por parte de la oposición peronista. 
La marca Cambiemos logró ganar hasta en provincia de Buenos Aires hasta con un mal candidato como Esteban Bullrrich, compitiendo contra una ex Presidenta, un ex Jefe de Gabinete y un ex Ministro y candidato presidencial. 
La división de este segmento opositor le sirvió a Cambiemos y a Esteban Bullrrich pero aunque se hubieran unido no estaba claro que hubieran vencido al oficialismo nacional. Baste para poner en duda ese supuesto triunfo si se unían, el caso de Entre Ríos, donde la unidad de todo el arco dirigencial del peronismo no solo no les alcanzó para ganar, sino que hasta perdieron en distritos emblemáticos como Concordia, la capital provincial del peronismo. 

 Moraleja: la unidad de los dirigentes no se traduce inmediatamente en la unidad de los votantes de esos dirigentes, como aprendió Cambiemos al negarse tajantemente a una unidad en las elecciones del 2015 con Sergio Massa, como le pedía todo el círculo rojo, porque también lo subestimaban a Macri.