El agua: un tesoro impresionante

 Sara Elena Bruchez De Macchi-. Una de las particularidades de las colonias de inmigrantes fue la facilidad para obtener agua. Así queda documentado en la Colonia San José por Alejo Peyret y el Presbítero Cot.




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El agua se obtenía con facilidad. En los primeros meses de vida de la colonia su abastecimiento provenía de las lagunas abundantes en la zona, de ahí que Peyret solicitara carbón
“para filtrar el agua de las lagunas, si no nos ponemos enfermos”.

Cuando el presbítero Cot escribió sus "noticias" había en la colonia
“cuatro manantiales situados a bastante distancia los unos de los otros para que todas
las familias puedan aprovecharlos. No ha habido necesidad de cavar pozos de 15 a 16
metros de profundidad. Un solo colono ha hecho uno; a 2 metros 50 cm, de hondura
ha encontrado una corriente de agua muy clara. Estas corrientes de agua no deben ser
escasas. La gente del país bebe generalmente agua de las lagunas: es muy sana"

En su exaltación afirma Cot que
“Los colonos beben agua de manantial en espera de la recolección de uva para
hacer vino, cosa que no demorará mucha ya que los sarmientos algo gruesos dan
uva al año siguiente".


A propósito, el artículo diecinueve del contrato prohibía la venta en la colonia de "licores, vinos o bebidas espirituosas", Pero no su producción.. .
Según el contrato (art. 5º) se proporcionarían diez libras de carne y tres libras de fariña por día para cinco personas mayores de diez años. Pero como la fariña comenzó a escasear se la reemplazó por galleta, lo que no dejó de agradar a los colonos.
Pero se presentaron problemas serios en la provisión de la misma, que, en los primeros tiempos, se traía del Uruguay (así se denominaba entonces a la actual ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay).

El propósito era suministrar a cada colono una ración suficiente para quince días y evitar, en esa forma, el continuo desplazamiento de carretas en su busca. Pero con frecuencia ocurría que se entregaban galletas muy frescas que pesaban más que en los días posteriores cuando se efectuaba el reparto. La merma en el peso significaba entregar galleta para sólo ocho o diez días "y esto causa un gran trabajo de idas y vueltas", se quejaba Peyret.

En otras oportunidades eran las bolsas en mal estado las causantes de la pérdida de la carga o bien susceptibilidades burocráticas las que retardaban el envío. En cierta oportunidad Peyret escribe preocupado porque se habían quedado con las bolsas vacías y las carretas habían regresado sin la esperada galleta. Atribuye el perjuicio a que el pedido fue verbal y no escrito como era costumbre y agrega quejoso:
“Esta culpa que es exclusivamente mía no debía Ud. hacer recaer las consecuencias
y el castigo sobre seiscientas personas que no pueden más, y que pasarán
una semana entera sin recibir la ración prometida”
A continuación relata una anécdota griega en la que los atenienses pidieron a los espartanos trigo y para ello enviaron las bolsas vacías con estas palabras: “llénenlas”. Los espartanos contestaron que con enviar las bolsas vacías estaba suficientemente claro, y terminó la misiva: "Parece que no estamos en Laconia".

Cuando nuevamente se distribuyó fariña los colonos comenzaron a protestar porque no les gustaba. Entonces Peyret aconsejó su sustitución por dos libras y no tres, como especificaba el contrato, pero de galleta. Aun a riesgo de ser ordinaria, los colonos la preferían

“Porque realmente no saben y no tienen cómo componer la mandioca”


En cartas posteriores dirigidas a la secretaria administrativa del General Urquiza, vuelve a insistir en el reemplazo de la fariña por la galleta, “porque los colonos están quejándose siempre”.

El paciente administrador era el receptáculo de todas las protestas. Como el descontento de los colonos iba en aumento propone, por el interés de todos, que se reemplazaran la mandioca e incluso la misma galleta por harina de maíz, a la que los colonos eran muy afectos.
“El maíz es el alimento de todos los colonos; solamente es preciso molerlo dos
veces. En todo el mediodía de Francia, en Italia, en parte de Suiza y en Española
la gente del campo vive con maíz. Se hace lo que los italianos llaman polenta. Yo
mismo como muy a menudo”

Propicia entonces que se utilice la propia producción de maíz de la colonia que,
además, seria más barata que la provisión de mandioca o de galleta pues se evitarían los
transportes. El mismo General Urquiza no tendría que hacer tantos desembolsos, y,
además, porque “la industria local debe siempre preferirse a la extranjera”
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El plan proteccionista de Peyret fue aceptado desde el momento que beneficiaba a
ambas partes. Desde entonces la colonia comenzó a consumir su producción de maíz,
con lo que se dio término al conflictivo suministro de fariña y galleta.