Vecinos vs ciudadanos



Daniela Sánchez-. La batalla semiótica por designar a los pobladores de un lugar como "vecinos" o como "ciudadanos" es una batalla política.






Hasta no hace mucho, la derecha argentina prefería el vocablo "ciudadanos" para evocar el elitismo que proclamaban, que siempre viene con toques raciales y clasistas bien disimulados. Es la derecha argentina. Recién ahora se está volviendo un poco menos troglodita. Y hasta ahí nomás.
Desde que la derecha pura y dura gobierna el municipio de la Capital Federal, el vocablo "vecinos" pasó a ser el lugar común de este sector. Ahora que gobiernan todo el país, su triunfo cultural en este aspecto es inapelable. Hasta hace dos años, el PRO era un partido vecinal. Lo que nadie advirtió es que la derecha argentina estaba creando su propio sujeto social, el vecino, contrauesto al ciudadano.


El intento de redimensionar políticamente la escuálida categoría de "vecinos" hacia la de "ciudadanos" y apropiarla para el campo progresista por parte de Cristina Kirchner y su "Unidad Ciudadana" viene fallando. Es probable que esta batalla persista más allá de las chances políticas de la ex mandataria y de su flamante agrupación política, que al parecer tendrá vida efímera porque tras las PASO, donde ganó por escaso margen, cambió su discurso y volvió de alguna manera a dejar entrever que volverá al PJ, de donde quizás no se tendría que haber ido y hoy estaría cómoda ubicada en el podio por una diferencia mayor que le permitiera sumar por el "efecto arrastre" de los que luego de las primarias votan al ganador. Ese "efecto arrastre" fue inteligentemente pulverizado por el PRo a través de la manipulación de la información sobre el escrutinio provisorio y la falta de reacción del comando de campaña de Unidad Ciudadana, cuyos números propios no le daban bien y por eso Cristina no salió en el prime time a proclamarse ganadora. Las encuestas le daban una diferencia sideral con Esteban Bullrrich, el candidato del PRO. Las encuestas fallaron estrepitosamente.



La diferencia entre "vecinos" y "ciudadanos" no es meramente fonética: el primer concepto apela a la "vecindad" despolitizada de relaciones sociales y derechos. El segundo concepto tiene una carga cívica y, por lo tanto, política. Dicha carga cívica es igualadora: somos ciudadanos todos, sin distinción de clase, educación o religión.
Vecinos no podemos ser todos. Somos vecinos de alguien, a lo sumo, vecino de varios en un edificio, y en nuestra condición de vecinos cada cual es un mundo, cada cual hace la suya, y los "derechos de uno terminando donde empieza el del otro", el vecino. O sea que mis derechos terminan donde empiezan los de María Eugenia Vidal, ponele. Aunque estemos en una posición un poquito distinta. Ella tiene mucho poder y yo ninguno.


Vecinos. Fue un tópico eficaz para una ciudad donde los vecinos no se conocen. Evocaba así un supuesto pasado donde los vecinos se conocían "y podían salir a la calle con la reposera".
La imagen por excelencia que fija el concepto de vecinos como sujeto social de la derecha son los timbreos. Que a diferencia de los actos ciudadanos, donde cada ciudadano representa algo -un científico, una clase como la obrera, un estudiante- en los timbreros los vecinos tienen una relación "directa" con el dirigente de derecha. No hay mediaciones. Ni sindicales, ni sociales, ni partidarias.
Aunque en realidad la hay y es la microsegmentación del marketing. Aunque en realidad la posibilidad concreta de que el Presidente de la Nación toque tu puerta es remota, estadísticamente improbable. Se trata más bien de movidas para el marketing en las redes sociales y mostrar a los dirigentes de la derecha que no son insensibles, que no son los hijos de los ricos sin contacto con la realidad. Aunque lo son.