Trump, Kiefer y Urribarri



Daniela Sánchez-. El contraste no puede ser mayor. Mirar la segunda temporada de Designated Survivor hace que uno piense realmente en cómo funciona el gobierno de los Estados Unidos y la distancia entre sus ideales y la realidad, la de un Donald Trump que además de parecer un estúpido y un cínico, es un peligro para la humanidad.




Una se irrita. Se esperanza. Pero tarde o temprano, se decepciona. Ese presidente falso que encarna Kiefer Sutherland, en la segunda temporada -con Trump de presidente- lo hace verdaderamente falso. 
Aunque irritaba ya desde la primera temporada que la megaconspiración que voló el Capitolio y mató a todo el gobierno menos un funcionario menor, se alargue y se alargue hasta más no poder, ahora las nuevas vueltas de tuerca parecen aún más inverosímiles. Es todo un drama. Solamente un drama. 
Yo estaba enamorada del Kiefer Sutherland que andaba a los tiros, mataba veinticinco personas en media hora, desactivaba tres bombas y volvía temprano a la casa para leerle un cuento a los hijitos. Es cierto que la atmósfera de poca credibilidad siempre estuvo ahí. Pero en Presidente Designado o Sobreviviente Designado ya era solo un abuelito tierno que tomaba decisiones que buscaban salvar el mundo y los valores conservadores del americano promedio. El problema es que el americano promedio se parece más a Donald Trump o peor aún, a esa cohorte de sinverguenzas que dicen lo que Trump no podría decir, aún en su desbocada personalidad. Esos Horribles que marchan a favor de él encapuchados, que odian a todo el mundo y se regocijan porque todo el mundo los odia, esos son los americanos promedio, que al parecer les pareció medio mucho que haya habido un afroamericanno, aunque parezca el Tío Tom, en la Casa Blanca. 



No importa que la política se parezca más a House The Card y los problemas del mundo Estados Unidos los solucione, si es que los soluciona, al modo Homeland. Estamos mirando una serie no haciendo una diplomatura en Ciencias Políticas, carajo. Queríamos estar ilusionadas. Enamorarnos de un presidente americano y decir "americano" y hacer enojar a los puristas que ni siquiera aceptan el "norteamericano" porque Canada y México también son norteamérica. Queríamos creer. Lo que los críticos de cine denominan "suspensión de la credulidad" que es el acto de ver un film, nos lo vino a joder el muy real presidente americano, el señor Donald Trump. 


Así que casi obligadas vemos la segunda temporada de Sobreviviente Designado y al tercer capítulo y con mucho esfuerzo de no dormirnos tomamos una drástica decisión. Basta. No se puede seguir mirando esta serie disimulando que nos la creemos. Terminó el hechizo.
Es momento de mirar a John Oliver, que por lo menos da por descontado que jamás nos enamoraremos de él, aunque destile ese encanto y esa personalidad que evoca que jamas nadie se aburriría a su lado.
A John Oliver lo indultamos después de hacer ésto (aunque un poco de razón tenía).
Si no lo vieron, no se lo pierdan ¡fue la vez que ergio Urribarri apareció en Last Week Tonight!



Eso fue hace muchos años. Ahora, cada programa - lo sube el propio canal de TV a youtube, pero está en inglés- es un programa de culto. Parece que la preidencia de Donald Trump fue una bendición para John Oliver, pero también se le nota el esfuerzo por reírse de algo que ya de por sí es cómico, de indignarse por algo que ya de por sí es atroz. La corrección política extrema del programa, que le quitaba gracia, no los ha descolocado. Hoy son la serie que hay que ver.