Teléfonos y telefonistas



 Manuel Langsam-. Sí, claro, ahora es fácil. Dejemos de lado lo que corresponde a la parte de informática y nos limitemos a los teléfonos.





Ahora es fácil. Hacemos clic, clic, clic y en pocos segundos nos comunicamos con alguien que está a una cuadra o en Nueva York. La única diferencia es que Nueva York demora un poquito más para conectarte porque el número es más largo… Y eso se puede lograr tanto desde tu casa como circulando por una ruta en medio de la nada.



Pero no siempre fue así. Las comunicaciones fueron un poco más complicadas y dificultosas. Les cuento cómo eran en Domínguez con la vieja Cía. Entrerriana de Teléfonos. Antes de tener telediscado directo, fibra óptica y satélites.

Había unos pocos teléfonos. Solo en reparticiones públicas, grandes comercios y algunas familias, entre ellas la del médico.

La comunicación debía hacerse a través de una centralita que funcionaba en la casa de Federica Segal. Además de ella, que era la jefa y encargada, trabajaron como telefonistas en distintas épocas, Nidia Acevedo, Delia Scatena y Soledad Saldivia. No sé si me estoy olvidando de alguna otra, pero son las que recuerdo.

Girando una manivela del costado del aparato telefónico (negro y cuadrado), te atendían de la central y pedías hablar con quien te interesara. Si era en el mismo pueblo, enchufaban la clavija en el número correspondiente y se establecía el contacto. Toda otra comunicación era derivada a Villaguay, por una única línea. Ahí dejabas tu pedido y luego te informaban en cuanto tiempo la tendrías. Podía ser una espera de media hora, diez horas o para el día siguiente (por ejemplo a Bs.As.). Mientras tanto tenías que estar al lado del teléfono porque tu pedido podía salir en cualquier momento.

Dentro del pueblo la llamada tenía su encanto personal. Me consta que más de una vez pedías a Federica o a la chica que estuviera de turno hablar con alguien del pueblo y el dialogo era el siguiente:
Central…
Quisiera hablar con tal persona (sin necesidad de citar ningún número).
Enseguida te comunico. Pero creo que no está. Recién la vi pasar y seguro que iba a la panadería porque llevaba la bolsa en que siempre compra el pan…Si querés, cuando vea que vuelve a su casa, le digo que querés  hablar con ella…
Ah! Bueno. Gracias. Si, avisame cuando vuelva.

Y cuando volvía, establecía la comunicación.
Muy pintoresca esa atención personalizada que hoy no te la da ningún avance tecnológico ultramoderno, no?

El costo mensual del servicio incluía el abono y comunicaciones gratuitas dentro del pueblo, Villaguay y Clara. La Capilla (Sajaroff) y Las Moscas no tenían teléfonos de la Cía. Entrerriana. Con esos pueblos se hablaba por intermedio del servicio provincial.

Llegó un momento en que la Cía. decidió recortar los beneficios. Informó a sus abonados que por el costo del abono solo quedarían en forma gratuita las comunicaciones dentro del pueblo. Para hablar a Villaguay, Clara u otra localidad, habría que pagar aparte.

Enterado de esa novedad, Don José Wexler, que tenía un negocio de ramos generales grande en la calle céntrica, en la esquina frente a la plaza, pidió que le vinieran a sacar el teléfono de inmediato con el siguiente argumento:
Si tengo que pagar aparte para hablar a Villaguay, además de lo que me cobran por mes, ya no me conviene. ¿Y para qué quiero el teléfono para hablar solo en Dominguez? Si necesito hablar con alguien saco una silla a la vereda, me siento ahí y cuando lo veo lo llamo y le digo: Che, vení que quiero hablar con vos…
El servicio se brindaba de ocho a veintiuna. Durante toda la noche quedaba conectado únicamente el teléfono de la comisaría, para cualquier emergencia. El problema consistía en que el agente de guardia se acostaba a dormir y no escuchaba nada…