Rusia 2019




Hugo Presman-. El martes 10 de octubre el fútbol argentino se juega una partida trascendente; y puede entrar al Mundial de Rusia por la puerta de servicio o sumar un estruendoso fracaso a una historia rica en éxitos y generadora del 30 % de los 10 jugadores más importantes de las últimas siete décadas.



Un periodismo cultor de una meritocracia a ultranza, donde sólo sirve ser primero, ha llevado a descalificar como fracasos un segundo puesto en un campeonato mundial y dos segundos puestos en la Copa América. Ahora bien: si no se clasifica  en un campeonato de todos contra todos, con 18 partidos a lo largo de más de un año, ello constituye un fracaso enorme. Un torneo clasificatorio de estas características se ideo para que Brasil, Argentina y Uruguay estén presentes en todos los mundiales.
Ahora se ha conformado un escenario donde la desorganización ha renacido, de la misma forma que aquella que condujo a los grandes fracasos del fútbol argentino.
El Mundial de Suecia, al que Argentina accedió fácilmente eliminando a Bolivia y Chile, implicó el retorno a esas lides de las que se había abstenido de concurrir antes (los mundiales de Brasil de 1950 y Suiza de 1954), con la excusa de la guerra y por el posicionamiento peronista de abstenerse de participar con interpretaciones poco convincentes.
La Revolución Fusiladora que actuaba como espejo invertido del peronismo, decidió que la Argentina participara del Mundial de Suecia de 1958. Las eliminatorias se realizaron bajo el gobierno de Aramburu y el Mundial en la presidencia de Arturo  Frondizi. La derrota por 3 a 1 en el debut contra Alemania, campeón del mundo de 1954 y la estrepitosa contra Checoslovaquia por 6 a 1 provocó una reacción popular que cuestionó a los jugadores, al técnico Guillermo Stábile y al presidente de la AFA Héctor Colombo. Lo ocurrido fue el fin o la postergación de las carreras de muchos de ellos, especialmente Amadeo Carrizo, el jugador que inventó el puesto de arquero a quien le costó mucho tiempo volver al primer plano. El principal afectado fue River que llegó a integrar con nueve jugadores titulares de su plantel, los partidos de la eliminatorias con Chile y Bolivia jugados en la Argentina. Ello tuvo como consecuencia que durante 18 años el equipo de la banda no volviera a ganar un campeonato.



Liberti y Armando, presidentes de Ríver y Boca inauguraron el autodenominado fútbol espectáculo donde todo jugador extranjero era incorporado como una receta mágica. Se vivieron épocas de una confusión notable como en la política resultó el menemismo y ahora el macrismo. 
Cuatro años después todo seguía igual. En el mundial de Chile bajo la conducción técnica del italianizado Juan Carlos Lorenzo, no se pasó de la primera fase. En Inglaterra en 1966 se fue con la misma improvisación y en un trámite previo donde la selección perdió con los jugadores de una fábrica y con serias discrepancias entre el técnico y los jugadores lo que llevó a que viajara el interventor de la AFA Valentín Suárez, a solucionar los entuertos. En la Argentina se iniciaba la dictadura establishment militar autodenominada “Revolución Argentina”. 
En 1970 fuimos eliminados por la mejor selección de Perú de toda su historia en un torneo cortito como era entonces de tres países a lo que a los dos mencionados participó Bolivia.
En 1974 Holanda nos propinó una goleada histórica, una selección que como el Brasil de 1970 marcó un antes y un después en este deporte. El último partido con Alemania Oriental, el seleccionado jugó con el brazalete de luto por la muerte de Perón, y debutó en el arco un arquero excepcional: Ubaldo Matildo Fillol.
Con Cesar Menotti se inició una etapa histórica enmarcada por dos hitos históricos: la selección fue la prioridad y se superó el trauma nacido en el fracaso de la selección en Suecia de colgarse del travesaño cuando se enfrentaba a los seleccionados europeos.
En 1982, con una selección superior a la de 1978, no estuvo a la altura de las expectativas, y fue eliminada en la segunda fase, mientras la Argentina capitulaba en la guerra de Malvinas.
En 1986, con fuertes cuestionamientos, la selección conducida por Bilardo y con un Maradona sublime se coronó por segunda vez Campeón del Mundo.
En 1990, con la misma conducción y la intuición extraordinaria de Sergio Goycochea en los penales se consiguió un subcampeonato.     
En 1994, con grandes posibilidades, la efedrina de Maradona nos condujo a una profunda decepción.
En 1998, con Pasarella se tuvo un resultado discreto.
La gran desilusión fue en el 2002: el equipo de Bielsa obtuvo el único triunfo de la selección en Ecuador y se clasificó en las eliminatorias cuatro fechas antes de concluir el torneo preclasificatorio. En el mundial quedó eliminada en la primera fase.
En 2006, 2010 y 2014, Alemania nos dejó en el camino en distintas etapas, siendo la más avanzada la del 2014 en donde se jugó la final.



EL ECUADOR NO ES UN MERIDIANO

Con todas las críticas que merecía la gestión de Humberto Grondona, hubo un manejo meritorio de la selección que desapareció con su muerte. Seleccionados juveniles a la deriva y tres directores técnicos en la fase clasificatoria.
La diferencia fundamental entre Maradona y Messi, al margen de ser dos jugadores excepcionales, es que Maradona potenciaba a los que jugaban con él, y Messi por razones difíciles de explicar, produce una disminución de buenos jugadores que lo acompañan pero que delegan en él todas las responsabilidades.
El director técnico Jorge Sampaoli, más que drones, debería recurrir a la mística y las palabras del extraordinario capitán de la Selección Uruguaya, campeona del mundial de Brasil de 1950, el inolvidable negro-jefe, artífice principal de la mayor hazaña futbolística de los mundiales. Dirigente gremial, Obdulio Varela fue el propulsor de la huelga de los jugadores uruguayos de 1948. Lustrabotas, casi analfabeto, cuando salió a la cancha en el Maracaná, contra la opinión de los dirigentes que se conformaban con una derrota de 4 a 0, le dijo a sus compañeros:  “No miren para arriba, el partido se juega abajo. Se gana con los huevos en la punta de los botines”. Como acota el periodista Ezequiel Fernández Moores: “Pero sabía que los partidos no se ganaban sólo con los huevos, ni Negros Jefes. Ni con hinchas y estadios. Llámese Maracaná o Wembley. O Bombonera.”
Que recuerden lo que decía este uruguayo fuera de serie: “Mi patria es el pueblo que sufre”. O en la misma línea de las frases profundas de Maradona: “Nunca conocí a nadie que coma puchero de fama”.
Por todo ello, Ecuador no es sólo un meridiano. Es la plataforma para entrar a Rusia aunque sea por la puerta trasera.