Pichetto y Alasino



Martín Vázquez-. Las similitudes del rol de Pichetto con el rol que cumplió el entrerriano Augusto Alasino en el gobierno de la Alianza.





En 1999 el peronismo había perdido la presidencia del país en manos de la Alianza conformada por el FREPASO, una especie de PRO de centroizquierda y la UCR, que en ese entonces aún era fuerte y tenía votos.
Antes de la renuncia de Chacho Álvarez, la Alianza tuvo un período de gloria. Los medios oficialistas, con Clarín a la cabeza, festejaban todo lo que hacía o dejaba de hacer De La Rúa. Todo era visto como una señal de su austeridad, honestidad, compromiso y ejecutividad.
La oposición estaba golpeada por la derrota luego de los largos 10 años de Menem en el poder. Conservaba en sus manos la estratégica provincia de Buenos Aires, varias gobernaciones e intendencias y un conglomerado de medios armado durante el menemismo para contrarrestar a Clarín y que se venía ahogando financieramente. El peronismo tenía también un líder querido, con votos, con un piso electoral alto pero con un techo cercano: Carlos Menem.
¿Suena parecido a lo que, en otra clave ideológica, le pasa hoy al peronismo?

Las diferencias son muchas. Menem lideraba el peronismo de todo el país menos el de la estratégica provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner es al revés: lidera el peronismo bonaerense y es marginal en el resto del país, incluida su propia "La Rioja" que es Santa Cruz.
Menem tenía la sombra de Ruckauf y Duhalde y contra Cristina en el peronismo nadie tiene proyección nacional y votos como los que tiene ella. En las elecciones del 2001, se hundiría para siempre el Frepaso, el radicalismo comenzaría a ser una confederación de partidos provinciales sobrevivientes, el peronismo ganaba en medio del descontento general.

Hoy todo indica que Cambiemos arrasará en todo el país, incluida la provincia de Buenos Aires y distritos emblemáticos como Santa Cruz, San Luis, Jujuy, La Pampa, quizás Neuquén y Santa Fe.



Así como existen estas diferencias, existen las analogías y una muy llamativa es la del senador nacional Miguel Pichetto con la del entonces senador nacional Augusto Alasino.
Ambos quisieron ser gobernador de su provincia y no pudieron. Ambos se sumaron entusiastas a la coalición gobernante en nombre de los gobernadores e intendentes del PJ, a los cuales les ofrecían gestiones con el gobierno nacional que a veces llegaban a buen puerto, otras no.
Ambos son acusados por buena parte de la militancia peronista por oportunistas. Ambos son hábiles negociadores de palacio, con pasión por su tarea y una afilada oratoria. Ambos son audaces.

La analogía viene a cuento porque ambos, Pichetto y Alasino, pensaban que estaban liderando una transición del peronismo para retomar el gobierno.
Alasino se chocó con la fragmentación del peronismo en tres candidaturas presidenciales: la de Menem, que tanto él como Pichetto apoyaban, la de Rodríguez Saá y la del delfín de Duhalde, Néstor Kirchner.
El triunfo de Menem y su posterior renuncia al balotage lo llevó a un ocaso que aún perdura. A sus 80 años, Menem busca ser reelecto senador nacional por La Rioja para evitar ir a la cárcel por una condena firme por contrabando de armas.
¿Llegará el peronismo al 2019 con una candidatura unificada o por lo menos con internas ordenadas?
Hoy por hoy, es la esperanza de amplios sectores del peronismo pero no lo que quiere el gobierno, y por lo tanto, no es lo que quieren los elegidos por el gobierno como interlocutores de la oposición, con Miguel Pichetto a la cabeza, quien anunció que no dejaría integrar a Cristina Kirchner el bloque del PJ que preside en el Senado.

La analogía entre ambos líderes palaciegos, Pichetto y Alasino, sirve también para comprender que el futuro del peronismo no depende tanto de sus líderes, de sus luchas internas, de su vocación de unidad histórica, como de la marcha general del gobierno.
En síntesis, si a Macri le va bien, es poco probable que el peronismo logre recuperar el poder en 2019, aunque esa certeza opere como incentivo para su unidad. Como sucedió en el caso de Entre Ríos: el miedo a perder juntó a Busti con Bordet y Urribarri. Igualmente, no alcanzó.
En el 2003, la certeza de que los radicales no podían ganar hizo que el peronismo entrerriano se divida en tres opciones para la gobernación y en la oficial, hubiera internas entre Jorge Busti y Marcelo Cassaretto, que entonces presidía el bloque de senadores provinciales. Ganó Busti y luego se enfrentó a la UCR, al entonces kirchnerista Emilio Martínez Garbino y a una tercera opción K, la del Conde Ramos, cuyo fracaso electoral lo dejó en el olvido.
Lo mismo sucedió en el orden nacional. El Congreso de Lanús, por el cual Duhalde logró que el PJ no presentara una candidatura única, evitando así una interna que hubiera ganado Menem, parió tres candidaturas oficiales del peronismo. Sabían que el entonces candidato de la UCR, Leopoldo Moreau cuya nominación fue luego de internas donde su contrincante, Rodolfo Terragno denunció fraude, no tendría ninguna chance de hacerles sombra. De hecho, sacó menos del 3%. Hoy Moreau es el segundo excandidato a Presidente que ocupa un lugar en la lista de diputados de Cristina Kirchner. El otro es Scioli.