Marionetas y marineros



Lucas Carrasco-. La importancia política de señalar la diferencia radical entre filosofía y poesía en tiempos de posverdad.



La Ilustración sufre un ataque contrafáctico. La literatura posmoderna, valiosa en sus intuiciones sobre la velocidad de los acontecimientos, es la artillería conceptual para este ataque. Ataque que retoma aciertos del romanticismo para actualizarlos hacia la deriva que el facilismo conceptual hoy denomina posverdad. Los hilos de continuidad no dibujan marionetas sino una soga de marinero con  nudos, partes gastadas, fortalezas y extensiones que valen para el chaleco antibalas de la narrativa fitosanitaria de Deleuze y Guattari. Aunque luego se desdibujen en el terreno político. Como marionetas de papel mojado.
La tajante separación entre filosofía y poesía  es el antídoto contra la deriva hacia el irracionalismo, que es un carnet de entrada al fanatismo y el extremismo. El carnet más creativo. El más interesante. El más fecundo. Lástima sus consecuencias. Marionetas de papel mojado.


¿Es posible sin la cháchara lacaniana el irracionalismo fuera del arte? Dado que lo posible y lo real no se asientan solo en lo inmanente, a priori la pregunta parecería absurda. Pero, ojo: para declararla absurda es necesario un procedimiento de silogismo básico. Eureka. Un procedimiento racional.
¡Un procedimiento racional para clausurar el interrogante sobre la imposibilidad de lo irracional por fuera del arte!
Exacto.
De manera que el diálogo entre filosofía y poesía debe abolirse en tanto diálogo, fusionarse para encontrar el punto de fuga más obvio, el túnel del presidiario: no hay, dirán, separación entre filosofía y poesía, por ende, no hay diálogo, no hay relación, no hay distancia ni puntos de contacto. Son lo Uno.
¿Cómo que lo Uno? ¿No es esa la Meca que se quiere esquivar tras el largo Ramadán antibinario? Pues ahí se llega. Hasta ahí se llega.
Hay que bajarse, señores, del tren. 

Queda la locura. Significante flotante que hace de la antipsiquiatría un vanguardismo político patético. Marionetas de papel mojado. Que, a su vez, permitieron, con las sogas de marinero que tendieron hacia el debate sanitario, abrir las ventanas libertarias para hacer de las instituciones de salud mental panópticos que, sin dejar de ser panópticos, pusieran como zeitgeist del manicomio el concepto de Terapia por encima del concepto de Encierro. Aunque en ambos conceptos subyace el Sujeto Normativo, los grados de crueldad son significativamente menores. Y la eficiencia -ok, si se mide con parámetros sistémicos del Sujeto Normativo, pero es lo que hay- es mayor.
La historia avanza así de manera dialéctica, fijate. A Marx le hubiera encantado. Aunque sea gracias al llamado posmarxismo. Bah, no creo que Marx hubiera tenido esa modestia. Pero qué culpa tenemos los marxistas de que Marx se haya equivocado tanto.

Y sí, lo mejor del marxismo es su vanidad.



El psicoanálisis y otras religiones francesas resisten atrincheradas el neopositivismo estadounidense, que aburre con su cientificismo pero obtiene resultados. En el siglo de los resultados.
¿Es posible estar al medio?
No. Porque el diálogo entre filosofía y poesía es posible en la medida en que no dialogan filósofos y poetas, sino géneros narrativos en el cosmos de sus propios ideogramas axiológicos. Los intelectuales no debaten entre sí sino contra el logos. No en el sentido de la psicología de la tercera escuela vienesa sino en el sentido clásico, de la filosofía de Heráclito: el Logos como Lo Real, el talismán ontológico que presupone que el lenguaje es inteligible en la medida en que sea las cosas. Lo Uno. Lo real. O si se quiere, la necesidad de la presencia de lo real.

La igualación de género narrativo es un estadio, no una fusión. Aunque pueda haber, de hecho hay, contacto, debate, en suma, relación entre géneros. Y se puede, como juego narrativo, destruir los géneros, para lo cual se requiere la previa consciencia de su existencia, y de sus límites y posibilidades. Las cuales, más vale, no son estáticas. Ni están inmutables al devenir. Y por lo tanto, al ser.