Librerías




Manuel Ibiza-. Librerías



Cuando los rascacielos fueron los galanes de moda en los años ochenta
las limusinas se arrojaban a sus pies
el asfalto entero se les enamoraba
mientras el cielo se excitaba, soñando que un avión le rozara el pezón de estrellas

Y yo abría puertas de los autos.
Frente a un casino.
Ganaba monedas.
De señoras hermosas con vestidos hermosos y peinados hermosos
que ni me miraban.
Y ancianos que las acompañaban
y me dejaban en la mano
sin tocarme la mano
a pesar de mis guantes
una moneda.


Con tres monedas compraba cigarrillos
y con el vuelto un puñado de bizcochos.
Gastaba la plata del micro en vino.
Volvía caminando, dos horas,
tomando una caja de vino barato.

Soñaba con chicas que me querían.
Con trabajos en redacciones periodísticas.
Con volver a Entre Ríos lleno de gloria.
Con poemarios editados puestos en las vitrinas
donde nunca estuvieron mis libros.
Ni mis penas.

Solamente exponían mis sueños.
Las vitrinas de las librerías exponían,
sin saberlo, mis frustraciones.
Y aún lo siguen haciendo.