Las mujeres y la política (II)



Ramiro Pereira-.  En un reciente artículo, mi querido amigo Gonzalo García Garro –lúcido dirigente del PJ de una muy calificada formación política- puso de relieve la cuantiosa participación de las mujeres en las listas entrerrianas del Partido Peronista en las elecciones generales de 1951, incluyendo las seis primeras candidatas a diputadas provinciales, además de otros cargos de alta significación, por cierto, sin que hubiese imposición legal alguna .




Del mismo modo, recordó que fue el peronismo en su primer gobierno quien efectivizó el derecho al sufragio de las mujeres, hecho que -nobleza obliga- será siempre motivo de legítimo orgullo para los peronistas.
Además de ello, reivindicó como logro del peronismo la obligatoriedad de incluir en las listas partidarias de candidatos a diputados nacionales a un mínimo del 30% de mujeres "en proporciones con posibilidad de resultar electas", ley sancionada en 1991, en los comienzos del gobierno peronista de Carlos Menem.



En verdad la Ley N° 24.012, conocida como ley de "cupo femenino" se origina en el proyecto de la senadora radical mendocina Margarita Malharro de Torres (1983/1992), de destacada actuación en favor de los Derechos Humanos durante la última dictadura militar.
Con todo, el alma de la ley fue doña Florentina Gómez Miranda, diputada nacional radical (1983/1991) e incansable activista en favor de los derechos de la mujer.

Debe decirse que la lucha por los derechos políticos de la mujer es inseparable de su emancipación plena. Lugar destacado en esa lucha le cabe a la Dra. Julieta Lanteri, fundadora del Partido Feminista Nacional y primera mujer argentina en votar, allá por 1911, buscando los resquicios dejados por la ley para revindicar la plena condición humana de las mujeres, con honda preocupación social en lo que por entonces era el feminismo. Por cierto que cabe destacar la actuación de Alicia Moreau de Justo y de la fuerza política que integraba, el antiguo Partido Socialista.

Pero mucho antes que el peronismo impulsara la aprobación del voto femenino, en 1919, el entonces presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, Dr. Rogelio Araya, diputado nacional por la capital federal –dirigente oriundo de la provincia de Santa Fe y extraordinario orador- impulsó el proyecto de ley de voto femenino, frustrado por la mayoría conservadora en el Congreso.
Ya en la década del '20, el radicalismo bloquista de San Juan efectivizaría la plena participación política de la mujer en el nivel provincial. 

Por otra parte, suele pasar inadvertida la importancia que tuvo la emancipación civil de la mujer casada, dispuesta por la Ley N° 11.357, promulgada por el presidente radical Marcelo T. de Alvear en 1926 y cuyo artículo 1° rezaba "La mujer mayor de edad, cualquiera sea su estado, tiene plena capacidad civil". Hasta entonces, aquella estaba sometida a la potestad del marido. Fue esta una verdadera revolución en el reconocimiento de los derechos, de igual o mayor significación que el sufragio, pues en 1926 la mujer fue restituida en la plenitud de su condición de persona y su igualdad jurídica respecto del género masculino. Fue también otro presidente radical, Raúl Alfonsín, el promotor de la ley de patria potestad compartida.


Desde ya que no se trata de restar méritos a una fuerza política en beneficio de otra, sino de comprender los procesos históricos. Así, puede señalarse -como ejemplo de necedad política y ceguera histórica- a una parte del feminismo, que en su rechazo y oposición al peronismo por considerarlo continuador de la dictadura de 1943/1946, de manera zonza llegó al extremo de negar el auténtico mérito del voto femenino promulgado por el Presidente Perón y auspiciado por la primera dama, Eva Duarte de Perón.
La primera dama, convertida en jefa de la rama femenina del peronismo, impulsó la participación de la mujer en política. No obstante, no sería honesto de mi parte sino señalara la concepción refractaria al liberalismo político que animaba al Partido Peronista Femenino y a su líder: ella diría, quien quiera oir que oiga, y así pueden escucharse sus arengas sosteniendo que “aquí nadie es dueño de la verdad, nada más que Perón”.

Años después, en los '70 el peronismo tendrá el dudoso honor de llevar a la presidencia de la Nación a una mujer cuyo sólo mérito era ser la esposa del gran líder popular.
La igualación de los sexos ha sido el gran cambio habido en el siglo XX. En la Argentina, ese proceso social y cultural no es patrimonio de ninguna fuerza política, ni siquiera el voto femenino.
Otros avances sociales, como la ley de divorcio o el matrimonio igualitario son también logros colectivos del pueblo argentino, sin un solo dueño, aun cuando sus impulsores políticos puedan tener un legítimo orgullo.
Hoy en la Argentina ya no hay un segundo sexo, como denunciara Simone de Beauvoir. No obstante aún queda mucho por hacer para humanizar nuestra sociedad y erradicar la violencia física, moral y económica. Por eso, nos vendría bien evocar la tozudez de Julieta Lanteri, el fuego pasionario de Eva Perón, la enormidad luchadora de Alicia Moreau de Justo y la firmeza de Doña Florentina Gómez Miranda, para así encarar con más fuerza los desafíos una sociedad que debe crecer con mujeres y hombres libres e iguales.