"Hacerles decir a las palabras más de lo que éstas pueden decir"

Rolando Revagliatti-. Antonio Ramón Gutiérrez nació el 29 de mayo de 1951 en la ciudad de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima, y reside en la ciudad de Salta, capital, igualmente, de la provincia homónima. Obtuvo su título de Psicólogo en 1982 por la Universidad Católica de Salta, donde además de desempeñarse como profesor en diversas cátedras ha sido Profesor Titular de la Cátedra de Psicolingüística, y es Profesor Emérito desde octubre de 2017. Es docente del Centro de Investigación y Docencia (CID) del Instituto Oscar Masotta dependiente de la Escuela de Orientación Lacaniana de Psicoanálisis. En esta materia es autor de “La precipitación de lo real” (2005), “Lingüística y teoría del significante en psicoanálisis” (2010), e integra el volumen “Soledades y parejas. Luces y sombras” (2017). Además de concedérsele en 2012 el Premio al Mérito Artístico por su trayectoria literaria, otorgado por el gobierno de la Provincia de Salta, recibió, entre otros, el Primer Pre…

Idiota, la guerra es mala



Lucas Carrasco-. Un título tan idiota como "La guerra es mala" es una constatación en sí. Es un título que cualquier entrerriano tomaría como un título idiota, pero idiota en el sentido de obvio, de evidente, de redundante: la palabra guerra calificada como mala.




Esa aporía remite a lo idiota en Entre Ríos. Dicha en Siria, o en lo que queda de Irak, o en lo que queda de Libia, sonaría idiota también pero por razones exactamente opuestas. Sonaría idiota en el sentido literal. Como sinónimo de imbécil, idealista (en términos peyorativos, lo cual no deja de llamar la atención pues se trata de territorios donde la gente que muere y mata lo hace por supercherías esotéricas), ingenuo, lo cual además implica a menudo una condena a muerte.

Gráfico hecho por Max Roser de la Universidad de Oxford 


En el mundo hay cada vez menos guerras (y más habitantes), aún cuando la percepción popular, por la revolución comunicacional, presuponga lo contrario. Esa percepción popular equivocada es comprensible en territorios a punto de estallar o que viven las consecuencias de quienes son víctimas de las guerras. Cualquier ciudad europea asediada por exiliados de Medio Oriente, por ejemplo. Ahí la afirmación de que "la guerra es mala" tiene otra tonalidad, otro significante.
Es raro que la percepción equivocada de que hay cada vez más guerras y más muertos en el mundo se de en Entre Ríos, donde se glorifican generales que gobernaron no hace mucho con estricta crueldad y donde el federalismo es asociado a guerras y traiciones, donde el conservadurismo popular hace un culto de cuando fuimos una efímera e inviable república y donde provocamos conflictos internacionales sin disparar una sola bala. En esta tierra de inmigrantes que huían de la persecución, las guerras, la hambruna que provocan los estados en guerra. Inmigrantes que mal que bien se fusionaron con otros nativos que huían de guerras indígenas o ya estaban lo suficientemente diezmados como para encarar más aventuras bélicas.

Hace pocos años, un montón de entrerrianos cortaron las rutas que conectan la provincia con el vecino país, Uruguay. Algunos años antes, era común que las protestas sociales y gremiales cortaran el túnel sufluvial que une la capital provincial con Santa Fe. Y hoy la campaña del oficialismo es contra Buenos Aires, con spot televisivos (son medios tontos y hasta graciosos, pero inofensivos) explicando que los porteños son malvados y pagan menos la luz a costa de los pobrecitos entrerrianos.
Uruguay, durante el conflicto por las pasteras, alistó tropas del ejército en un rapto de locura del reelecto presidente Tabaré Vázquez, un político patético, un enano intelectual que abreva todos los grotescos de los caudillos de morondanga que tienen ese toque tropical indigno de Uruguay. Como sea, en Argentina, y menos en Entre Ríos, era imposible pensar el conflicto por las pasteras europeas en términos bélicos.
Ni reeditar las guerras con Santa Fe, con Uruguay, con Buenos Aires, que se glorifican en la escuela de manera obligatoria. Y que se debaten con resonancias magnéticas para el presente, en un ejercicio, a mi juicio, fútil porque trasladar los climas de época al presente es siempre un acto arbitrario que viola las leyes de la historiografía. Según mi parecer. Gonzalo García Garro está preparando una síntesis de escuelas historiográficas que pronto publicaremos y estoy seguro, aún antes de leerlo, que no coincidirá con la afirmación que acabo de hacer. Y está bien.
En Entre Ríos las polémicas sobre la historia son tremendas. En pocas partes del país persiste un desacuerdo tan radicalizado. Sin embargo, nadie propone reeditar las guerras y asesinatos de antaño. Porque la guerra es mala.

Urquiza, el General que batallaba y batallaba sin provocarse ni una mancha ni un raspón


¿Te das cuenta del salto civilizatorio que representa este amplio consenso en torno a que la guerra es mala?
Hace casi cuatro décadas, un puñado de entrerrianos fueron a pelear a Malvinas una guerra que no decidieron. La mayoría de los entrerrianos que no fueron a pelear esa guerra estuvieron a favor y hoy, aún hoy, con matices, consideran héroes a las víctimas argentinas de esa guerra, sean sobrevivientes o caídos en combate.
Este consenso en torno a la heroicidad -que es problemática de defender, dado que en la mayoría de los casos, no eligieron ir a esa guerra que no decidieron hacer, aunque hay excepciones, claro está- no significa que la mayoría, ni siquiera una minoría significativa, esté dispuesta a reeditar esa guerra.

El gobernador entrerriano arengando a las montoneras federales para que jueguen al Ta-Te.Show


Los spot televisivos de "Somos Entre Ríos" (gracias por el dato, yo pensé que vivía en Formosa o Puerto Rico; perdón, es que no salgo mucho...) buscan que en vez de dos diputados, entren tres diputados de ese frente; el tercero sería Tavi Zavallo, de Somos Massa, pero franquicia Entre Ríos. Nadie en su sano juicio, ni en su insano juicio, pretende rehacer las montoneras de López Jordán u organizar las milicias de Pancho Ramírez o armar batallones como Urquiza para asediar la ciudad de Buenos Aires. Solo que entre Tavi en vez del tercer diputado de Cambiemos.

Cuando Montiel instauró los billetes de Estanciero como moneda oficial a nadie se le ocurrió proclamar nuevamente la República de Entre Ríos, mandar a la mierda el Congreso de Tucumán y declarar a Paraná capital de la Confederación Argentina (aunque Sergio Varisco, en aquellos años, le puso ese nombre al estacionamiento de la Municipalidad).

Para cualquier persona versada en historia tal pacifismo entrerriano en tan poco tiempo -apenas un siglo o poco más de finalizadas las guerras "civiles" y a pesar de varias dictaduras, la guerra de Malvinas y el Terrorismo de Estado- es notable, comparable a los países europeos de posguerra, principalmente, Francia y Alemania, que luego de masacrarse a niveles que ofenden la especie humana conformaron los pilares de la Unión Europea. Pero siempre hay que recordar que esos países europeos, especialmente Francia pero también Alemania, están embarcados en guerras asimétricas para saquear recursos naturales de países pobres como Afganistán. Que financian guerras por el petróleo y que tienen tropas dedicadas exclusivamente a defender las grandes empresas en el exterior, como apoyo de los Tabaré Vázquez que pululan en Medio Oriente, África y el Sudeste Asiático.



La guerra es mala. Aunque en Entre Ríos no vivamos tan bien como en New York, París o Londres, donde también las mayorías consideran que la guerra es mala pero gracias a esas guerras no viven como entrerrianos.
El mundo es complejo de entender.
Pero lo más difícil de todo es mantener el espíritu crítico contra los idiotas que adoran las cosas tal como están y contra los idiotas que creen que todo pasado fue mejor y nada bueno ha logrado la humanidad después de tanto y tanto sufrimiento inútil, a pesar de las injusticias repetidas y de las nuevas, el mundo siempre está mejorando.