Hazañas de Cambiemos



O. Rivarola Salduna-. Una mirada sobre la nueva composición del Senado y el récord que podría batir Macri si concluye su presidencia a tiempo.




El gobierno nacional pensaba eliminar las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) y resultaron ser, tanto en 2015 como en 2017, un instrumento eficaz para derrotar a la oposición, en momentos de una coyuntura compleja en lo económico.
Tras las elecciones, Cambiemos  -y dentro de Cambiemos, el PRO especialmentte- pasó de ser la última minoría, casi marginal en número de senadores a obtener un tercio de la Cámara, partir el numeroso bloque peronista y sumar nuevos aliados provinciales, peronistas o de partidos provinciales.



Semejante hazaña se debe a muchos factores. Pero el principal son las PASO, que en Argentina actúan como una especie de primera vuelta, más que como mecanismos de internas reales, que las hubo, como en el caso de Entre Ríos, pero fueron pocas las provincias con internas reales.
Las PASO lograron que un partido político con menos de 10 años de antiguedad conquistara la presidencia, la gobernación de la provincia más grande y la alcaldía de la capital del país.
Asimismo, fueron las PASO las que posibilitaron que la izquierda radicalizada tenga diputados nacionales, en un número nunca visto, ni siquiera en la década del ochenta cuando el MAS (Movimiento al Socialismo) liderado por Luis Zamora hacía grandes actos y manifestaciones, al igual que Izquierda Unida (liderada por el Partido Comunista).

Obtener un tercio de los Senadores Nacionales implica, en términos constitucionales, que de ahora en más el gobierno nacional puede bloquear un eventual pedido de Juicio Político. Lo que traducido a la política significa que se aleja el fantasma de la ingobernabilidad y de terminar el mandato antes de tiempo, como les sucedió a todos los presidentes no peronistas electos democráticamente en el último siglo.
Si Macri finaliza su mandato batirá un récord que solo se vio con la presidencia de Alvear, que finalizó en 1928, dos años antes del primer golpe de estado, que derrocó al entonces presidente Yrigoyen e inauguró una nefasta etapa de golpes de estado y gobiernos condicionados por las fuerzas armadas, además de fraudes electorales y proscripciones por todos conocidas. Ese período oscuro de nuestra historia se comenzó a revertir en 1983, cuando por primera vez en elecciones libres y democráticas, el radicalismo venció al Partido Justicialista.
Una de la claves de esa elección de 1983 fue la interna radical, que tuvo mayor importancia que la quema del cajón fúnebre con el escudo de la UCR que hizo Herminio Iglesias. En elecciones internas, se enfrentaron el doctor Fernando De La Rúa por el ala conservadora y Raúl Alfonsín, por el ala progresista. Venció este último y desde esa plataforma, conquistó la presidencia.
Las internas entre Menem y Cafiero -las únicas internas presidenciales del peronismo en toda su historia- fue fundamental para que Menem alcanzara la presidencia.

Curiosamente, los creadores de las PASO, Néstor y Cristina Kirchner, jamás las utilizaron. De haberlo hecho en el 2013 y 2015, otra hubiera sido la historia. Ni que hablar si la doctora Fernández de Kirchner aceptaba competir en las PASO con Florencio Randazzo.

Hay que remontarse a casi un siglo atrás para encontrar un antecedente de un gobierno no peronista que concluya su mandato a tiempo y como determina la Constitución, la cual fue reformada en 1994 para acortar el mandato presidencial de 6 a 4 años, incorporar la reelección y el balotage y agregar un tercer senador, electo por voto directo, para la minoría.

Sobre ese trasfondo es que el gobierno del presidente Macri tiene que gobernar, en medio de un clima triunfalista que es natural tras las elecciones pero que suele esfumarse con el correr de los meses. Especialmente, ante la llegada del fin de año.

Desde 1983 el bloque de Senadores Nacional con mayor número de integrantes siempre fue el Partido Justicialista.
Si la doctora Cristina Fernández de Kichner arma su bloque de Unidad Ciudadana, es de prever que un puñado -se calcula una docena aproximadamente- de senadores electos en ocasiones anteriores por el Justicialismo o Frente Para la Victoria, se pasen a su flamante bancada.
En ese caso, sería la primera vez desde el retorno de la democracia que el Partido Justicialista no tendría el bloque con mayor número de integrantes en la Cámara Alta.

Esta serie de hazañas electorales de Cambiemos no tendrán un correlato legislativo inmediato, porque la renovación de ambas Cámaras se da por partes, y esto es así para evitar justamente los cambios bruscos en el diseño institucional, para respetar a las minorías y para que las instituciones puedan hacer cambios paulatinos y moderados, sin subsumirse a los cambiantes humores de los argentinos.