Fútbol y política



Osvaldo Quinteros-. Las complejas relaciones del fútbol con la política desde una mirada sociológica.

En el año 2014 algunos analistas consideraban que un buen desempeño de la Selección Argentina en el Mundial de Brasil iba a redundar en un cambio de clima para el oficialismo entonces reinante pero Argentina llegó a la final y perdió por poco, sin embargo el kirchnerismo terminó perdiendo las elecciones.
En Brasil se decía que una organización exitosa del Mundial en ese país iba a redundar en un clima favorable para el entonces gobernante Partido de los Trabajadores y en especial para Dilma, la entonces presidenta, hoy destituida.
Los riesgos de la Selección Argentina de quedar fuera del Mundial Rusia 2019 al momento de escribir esta nota, vuelven a traer a colación este tipo de análisis, proyectándolo hacia las inminentes elecciones legislativas de Argentina.



Los grandes espectáculos deportivos fueron analizados por la sociología clásica como circos romanos. Ámbitos organizados por el poder dominante para anestesiar y distraer los pueblos, a la par que desviar el descontento social hacia los deportistas y la competencia misma, en vez de canalizar ese descontento social hacia el poder dominante.
Esa sociología en Argentina está en desuso al igual que en todo el mundo en buena medida porque las nuevas corrientes interpretativas surgidas al calor del proceso de nacionalización de las clases medias durante los años sesenta buscó reinterpretar los fenómenos populares y policlasistas en claves de comprensión del alma del pueblo.
Hoy priman estas corrientes sociológicas, algunas de las cuales son claramente demagógicas.
Sin caer en extremismos del ámbito académico, se puede decir que es cierto que los pueblos canalizan energías positivas y negativas en los grandes espectáculos deportivos pero éstas energías no necesariamente se desvían de un camino planteado de antemano como cree cierta izquierda elitista para la cual la clase obrera busca el paraíso y su consciencia le hace buscar una revolución contra los opresores.

Tampoco es cierto que los grandes espectáculos deportivos expresen el alma del pueblo, aún si hubiera algo que pudiera definirse así.
En general, estos espectáculos masivos expresan las hegemonías culturales en un determinado momento y lugar.



El ascenso de Mauricio Macri a la presidencia es interpretado, a mi juicio erróneamente, como el de un dirigente que se hizo popular a través de su presidencia en Boca. Esta interpretación llevó a que muchos dirigentes políticos busquen llegar a la conducción de los clubes, suponiendo que la popularidad del club se trasladaría como popularidad del candidato. Tal cosa no está demostrada y la sociología indica más bien lo contrario. Son más altas las chances de que el dirigente político se vea contaminado en su figura por lo que ocurra en el club de que se vea favorecido políticamente.
Ésto con independencia de las razones prácticas que pueden llevar a un político a buscar el refugio de un club. Razones de poder, de índole económica, etc.

Las conducciones de los clubes de fútbol tienen un fuerte desprestigio, que aumenta a medida que aumenta el tamaño del club y el nivel de competencia en que sus deportes transitan.
El ascenso de Macri a la presidencia del país y previamente a la Jefatura de Gobierno porteña hay que buscarlo por otro lado, por lo menos desde el plano sociológico.

Los grandes espectáculos deportivos hoy son a escala global, se transmiten en directo y son consumidos por millones y millones de personas, resultando en un formidable negocio multinacional. Las propias asociaciones de deportistas y clubes son en sí mismas empresas multinacionales que se encargan de hacer convivir franquicias en todo el mundo llevando su modelo de negocios a escala global, y al igual que hacen las multinacionales, adaptándose a las realidades de cada país.
Expresan de esa forma la hegemonia cultural de nuestros tiempos, que es una hegemonía cultural y económica a la vez, con el reinado de las grandes corporaciones de escala global, el sometimiento de la política a esos dictados y el reino de lo financiero. Incluso, el colmo de la opacidad financiera se da en los pases de los jugadores estrellas en los deportes más populares.
La sucesión de escándalos que rodean al fútbol es bien conocida en Argentina por su preponderancia en tal deporte a escala mundial. Pero no es una excepción. Pasa también con el Fútbol Americano, el Básquet, el Golf y muchas disciplinas olímpicas.
Tales escándalos no mellan la hegemonía cultural de los protagonistas. El caso de Lionel Messi, condenado por evasión fiscal junto a su padre -maniobras de lavado de dinero que en Argentina realiza toda la élite con total impunidad, en españa recibió condena- o los casos de doping ruso en deportes olímpicos o los innumerables casos policiales que rodean a muchas figuras del deporte en Estados Unidos, son elocuentes.
De hecho, uno de los principales organizadores de torneos de golf en el mundo y sospechado de amañarlos para ganar él mismo es hoy ni más ni menos que Presidente de los Estados Unidos.