"Hacerles decir a las palabras más de lo que éstas pueden decir"

Rolando Revagliatti-. Antonio Ramón Gutiérrez nació el 29 de mayo de 1951 en la ciudad de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima, y reside en la ciudad de Salta, capital, igualmente, de la provincia homónima. Obtuvo su título de Psicólogo en 1982 por la Universidad Católica de Salta, donde además de desempeñarse como profesor en diversas cátedras ha sido Profesor Titular de la Cátedra de Psicolingüística, y es Profesor Emérito desde octubre de 2017. Es docente del Centro de Investigación y Docencia (CID) del Instituto Oscar Masotta dependiente de la Escuela de Orientación Lacaniana de Psicoanálisis. En esta materia es autor de “La precipitación de lo real” (2005), “Lingüística y teoría del significante en psicoanálisis” (2010), e integra el volumen “Soledades y parejas. Luces y sombras” (2017). Además de concedérsele en 2012 el Premio al Mérito Artístico por su trayectoria literaria, otorgado por el gobierno de la Provincia de Salta, recibió, entre otros, el Primer Pre…

¿Existe una literatura entrerriana?




Santiago Zorrilla-. Un recorrido sobre la narrativa entrerriana para explorar la posibilidad de establecer un canon.




Los grandes nombres de la literatura entrerriana, con la solitaria excepción de Juan L Ortíz, emigraron forzada o voluntariamente. El caso de Manauta, expulsado de Entre Ríos por sus ideas de izquierda o el de Emma Barrandeguy, que se parece más al de Esther de Miguel, en el sentido de que hablan de la provincia de Entre Ríos en su vejez y con melancolía, entronca con los nuevos escritores emergentes como Ricardo Romero y Selva Almada, que se fueron de Entre Ríos muy jóvenes y hablan de la provincia desde una perspectiva lejana, melancólica.
De manera que establecer una especie de canon de literatura entrerriana es difícil con los datos duros.

Aunque ése no sería el impedimento tajante. Por ejemplo, el boom latinoamericano de escritores de los años sesenta y setenta, se componía con escritores que, por razones políticas o por razones más mundanas, vivían mayormente en Europa.
Lo que conformaba ese boom latinoamericano era una estética en común, que reunía dentro de sí una temática en común, por lo general un género literario parecido y un imaginario convergente.
Nada de esto se verifica hoy en Latinoamérica, menos en Argentina, menos que menos en Entre Ríos.



Si se acude a una figura teórica que tuvo su vigencia hasta los años ochenta del siglo pasado, los "escritores regionales", Entre Ríos nunca fue parte más que de la región litoraleña. Ahí sobresalían nombres de santafesinos como Juan José Saer, difíciles de emparentar con entrerrianos contemporáneos.

La ausencia entonces de un hilo en común en lo estético, lo narrativo, que una a José Hernández con Mastronardi, a Calveyra con Linares Cardozo, es tan difícil de compatibilizar como los escritos políticos de Julio Irazusta y Lucas Carrasco, o Fermín Chávez y Angélica Uzín Olleros.



Así se pueden seguir enumerando gente del mundo de la narrativa y compararlos, ponerlos en divertidos antagonismos, pero el punto es que este mismo ejercicio puede hacerse dentro de cánones consagrados, ea por región o por género. Imaginar el caso de los historiadores, sus divergencias al interior de las escuelas en las que son injertados a veces con cierto esfuerzo más por el ánimo de poder estudiarlos que por las decisiones historiográficas o políticas que tomaron, es difícil. Basta imaginar entonces lo difícil que resultaría en el plano de lo puramente estético como la literatura.
Sin embargo y aún sin detenernos en el presente o el presente inmediato, la unidad que Entre Ríos tuvo en lo político y en lo regional a lo largo de la historia, no tiene un acompañamiento desde la literatura. Aunque se pueda establecer un paralelo entre Fray Mocho y otros escritores satíricos de Entre Ríos o que incursionaron en la sátira -como Zelarayán- es dentro del género propiamente literario de lo satírico donde deben en todo caso ubicarse. Así como los libros de Daniel Enz, horriblemente escritos, buscan inscribirse en el canon de la "crónica periodística" que tiene una larga trayectoria en el país, aunque es un género mayormente importado. Y como demostró Rodolfo Walsh y Truman Capote, no es la temática en sí la que les da trascendencia histórica a estos libros, sino la manera en que son escritos. Ni Satanowsky es parte hoy del debate político e intelectual argentino ni la familia asesinada en el libro A sangre Fría son parte del show business estadounidense.
De la misma manera que Emma Barrandeguy se inscribe en una ola de "mujeres escritoras" -con lo horrible que suena hoy el término- que fueron novedosas en su tiempo, José Hernández quedará dentro de la literatura gauchesca y Juan L Ortíz como el gran simbolista argentino.