El sol entrerriano al mundo



Antonina Della Marisa-. El girasol está de moda en el mundo occidental. Entre Ríos tiene la oportunidad de construir una polo industrial y creativo que agregue valor a las semillas de girasol.


En el ambiente culinario hay modas. Y el girasol está de moda en el mundo occidental.
A la par que se conoce un poco más el aceite de girasol, las pepitas se pusieron de moda por su alto nivel nutricional. Supuestas propiedades curativas y el alto contenido de nutrientes lo pusieron en la palestra.
Su origen proviene de centroamérica y parte de norteamérica. No es originario de sudamérica, menos que menos de Entre Ríos, como podía llegar a pensarse al ver la postal de los campos con esa hermosa flor.
Sus usos industriales son varios. El más conocido es el de aceite comestible, dado que sus frutos, las pepitas, tienen más de la mitad de su composición de aceite.
El uso que mayor futuro tiene es el de ser la materia prima para biodiesel.
Los restos de ambos procesos industriales sirven para hacer comida procesada fundamnetalmente para ganado.
Ahora bien, la venta de las pepitas es la gran tajada del negocio, aún no desarrollada del todo por empresas grandes, con proyectos viables y de envergadura exportadora.
Como suele suceder en Argentina, la agregación de valor a las materias primas es algo que casi todos los políticos pregonan pero nunca se hace.



Las semillas están de moda.
Pero no cualquier semilla ni producida de cualquier forma. Este punto es vital.
Entre Ríos solo produce girasol a granel para aceites y otros excipientes, la inversión tecnológica privada es poca y en investigación, es nula. Las universidades entrerrianas directamente ni se plantean tener algún rol que sirva para la sociedad: están en la suya, esperando recibir su dinero, pagar sus salarios, repartir los conchavos y listo.
Las entidades empresarias son peores. Y del gobierno ya se sabe que no se puede esperar nada más que burocracia y burocracia para finalmente subsidiar a los empresarios rurales amigos bajo cualquier excusa, pero siempre anulando el riesgo empresario, con lo cual, se anula el espíritu sano del capitalismo. Para caer en este capitalismo prebendario y pastoril.

Si se le incorporase tecnología limpia y verde, trabajando en conjunto con universidades, comos se hace en Holanda con los alimentos orgánicos, se ganarían mercados de mayor sofisticación y nivel y por lo tanto, de mayor precio, mayor valor agregado y el consecuente desarrollo con empleos bien pagos y en blanco. Lo contrario de lo que sucede en el campo entrerriano y en general, la falta de horizontes y proyectos ambiciosos de la provincia de Entre Ríos.

Tarde o temprano, otro país asumirá esta tarea de vender al mundo girasol orgánico con un packaging acorde, junto a la tarea pedagógica de enseñar sus beneficios, especialmente para niños y embarazadas.
Será otro oportunidad perdida para Entre Ríos.