De Vido, el Buen Salvaje

Lucas Carrasco-. ¿Qué más se puede hacer que reírse y dudar, dudar y reírse?





El hombre de la verdulería de la esquina -un peronista conversador y curioso-  me hizo un comentario, que no viene al caso, sobre la detención de Julio De Vido. Hoy, pensaba sobre esta nota, pensaba que podía citarlo, porque el comentario era elocuente de un síntoma, pero nada original ni del otro mundo. Sí, contrastaría con lo que también pensaba citar. Lo que me contó un amigo sobre Julio De Vido cuando trabajaba como uno de sus muchos secretarios.
La cosa quedaba bien. Una cita de alguien que tuvo poder, módico en relación al poder real y módico en relación al poder estatal y módico en relación al poder estatal que tuvo De Vido, pero poder al fin. Y la anécdota graficaba una situación que no se conoce, pero que, pensándolo bien, no agrega nada. Bueno, el asunto es que junto a esa cita, la del verdulero de la esquina contrastaba. Esos contrastes quedan hermosos. Son un recurso -berreta, muy berreta- bastante común pero bue, tampoco es que se pueda salir de los lugares comunes con un tema así.
Finalmente, no estoy escribiendo nada sobre eso.


El Buen Salvaje es una figura retórica que siempre me apasionó. De niño, por su radiografía literaria: su heroísmo, su contacto con la naturaleza, sus peripecias (la palabra peripecias se usaba mucho en las traducciones al español de los años ochenta de los grandes clásicos literarios como Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London, Robert Louis Stevenson: todos los cuales tenían su "Buen Salvaje" como protagonista de algún, o varios libros de su obra). De joven, por su misterio filosófico y antropológico. Resumiendo: un hombre solo frente a la naturaleza, ¿qué es? ¿Es bueno, es ingenioso, hace valer las tecnologías de su época, las que aprendió antes de su naufragio, su pérdida en las llanuras, su exploración glaciar, su viaje a una fantasía? ¿Es capaz de cooperar si se encuentra con alguien similar o la pulsión de muerte, de guerra y territorio, se apodera de él? ¿Es capaz de conocer más allá de sus límites materiales? ¿Inventa dioses para las cosas que no puede explicar? ¿Se vuelve loco? ¿Sería capaz de suicidarse? De adulto, el mito del Buen Salvaje me causa gracia por su construcción semiótica. "A mí la gente en el supermercado me dice que...", la frase, dicha por alguien famoso", es una figura retórica que se repite. Y es graciosa porque en realidad busca decir que...

a) Oh, mira tú, el señor famoso desciende hacia los simples mortales (donde supuestamente está La Verdad) y va al supermercado! (Su único espacio de sociabilidad siempre será de paso y relacionado al consumo, ya que la frase admite variantes como "la gente en el subte -lo que da cierto tono de popular: viaja en subte, oh...aunque subterráneo solo haya en la zona norte de la capital federal- me dice que..." o bien "cuando uno viaja al exterior....", ese señor, un tal Señor Exterior, suele ser muy consultado sobre diversas temáticas argentinas y, al parecer, siempre tiene la posta). 

b) ¡Recórcholis, vas al supermercado para averiguar La Verdad sobre si el hombre llegó a la luna, si los fueros legislativos están bien, si la inflación va a bajar! A la mierda: hacés la cola del supermercado junto a astronautas, constitucionalistas y expertos en macroeconomía. Los cuales, estoy seguro, también tendrán la solución para la Selección Argentina y quién debe acompañar a Messi como 9, cuánto durará el flamante matrimonio de un par de habitué de los programas de chimentos y dónde deberían venir los inversores extranjeros que siempre andamos esperando como al Mesías. Felicitaciones. Pero. ¿Dónde queda ese supermercado así voy con un cuaderno y hago un par de licenciaturas en dos tardes?

Multitud de gendarmes con armas largas posan para las cámaras de TV en una de las casas de Julio De Vido, el diputado cuyos fueros fueron anulados por la Cámara Legislativa que integraba y quedó detenido por dos causas de corrupción de cuando fue ministro de obras públicas del gobierno anterior. Al costado, un grupo de militantes del oficialismo gritan "Síiii, se puedeeee".
El diputado (aún lo es) en cuestión, se entrega a lo juzgados que están bastante lejos del show montado. Queda detenido y en su traslado al penal de Ezeiza, lo siguen en moto de a dos (lo prohíbe la ley porteña) un conductor y atrás un camarógrafo, mientras van por el carril normal, filmando el operativo del traslado, que va por el metrobús (que en esta ocasión, va más lento que el carril de tránsito normal). Muy lindo todo. Lástima que hiere la credibilidad del proceso. Degrada al juzgado interviniente y colabora con una sensación de inquisición medieval que está lejísimo de cualquier "espíritu republicano", alegoría que se torna más fantasmagórica de esta manera.

Mientras tanto, el diputado es dejado solo por sus pares, por sus ex aliados, por los empresarios que presuntamente coimeó, por los funcionarios del actual oficialismo que también son empresarios y también deberían estar involucrados, por la presidente que lo tuvo de ministro dos períodos, por sus ex compañeros de gabinete (como Manzur, Massa, Randazzo, Alberto Fernández) y por sus colaboradores, la mayoría de los cuales ya están presos.



El Buen Salvaje: ¿hablará? se preguntan, con esa superioridad moral de Clase B que pone el periodismo patrullero para quedar bien con el jefe, ¿se callará para negociar...tal o cual cosa?
La respuesta no está en los clásicos de la literatura. Ni en los grises expedientes judiciales. Ni en las imágenes del show de la inquisición posmoderna. La respuesta, me parece, está en la urnas.
El kirchnerismo acaba de desplomarse electoralmente.

¿Y la división de poderes?
Esa te la debo.