De la ojota a Freud



Osidrio Sibilante-. Análisis del aquí y por ahora…




“Yo te voy a sacar la locura a garrotazos” esta frase es de mi vieja y es, para mi,  la síntesis de las medidas pedagógicas, psicológicas, de acomodamiento y construcción social, para la reivindicación de su rol en la familia y el mío, el del abuelo, el de mi tío, hasta del vecino. y del sopapo en la oreja que me pegaba se me sacudían tanto las neuronas, la psiche  y la conducta que me terminaba acomodando hasta el complejo de Edipo.


Vagando por los eternos hipertextos que describía y temía (¿?) Umberto Eco. Me encuentro con que una de las preocupaciones que más se repite en las noticias digitales, las cuales tienen como sujeto y escenario principal, la gurisada en la escuela.
Y ya no es noticia, digo,  ya no se presenta como suceso que rompe la cotidianeidad el hecho de que en las escuelas no haya agua o luz, o que tengan netbook pero no internet, que hagan clases 2x1 porque la pared que divide las aulas tiene un agujero que las une. No. La noticia de hoy es que los chicos se lastiman entre ellos o los lastiman física o psicológicamente en la escuela.




Yo iba una escuela de la zona de avda. Don Bosco donde era fija que en los recreos se partieran la cabeza de un puñete. Siempre hubo conflictos, enfrentamientos, puteadas, nos agarrábamos hasta con las tejas tan características del complejo, y no era que nos tirábamos a errar. Al contrario, apuntábamos a rompernos la cabeza de un toscazo. Y les comento algo que me jugará en contra en estos tiempos, pero que me da pie para lo que quiero exponer. Mientras recordaba la barbarie de un Ruiz reventándole de una patada el bidón de plástico a Natalia -una compañera que nos venía pegando con el recipiente, mientras hablo de cómo un compañero que le dijo mamá a la “seño” se comió las cargadas hasta el fin de año, mientras comento del cómo se caricaturizaba a docentes, directivos, y compañeros. Y pienso también en los sobrenombres puestos por circunstancias, (enano, chivo, gordo, el orejón, cabeza, melena, colo, narigón) de aquellos que nunca supe bien cómo se llamaban y fueron mis amigos, cuando cuento las toneladas de lápices, biromes y plasticolas que se prestaron sin pedir y nunca volvieron. Pido perdón de antemano porque mientras enumero todo esto sonrío.
Y no es por celebrar la violencia, es sólo que todo aquello que comento, que hoy pone en jaque a todo el sistema educativo, pasaba todos los días en mi escuela y hoy lo tomo como un recuerdo picaresco de mi paso por la primaria en este caso.

“Cruje, gruñe y se queja pero pal puchero me deja” decía un carro que juntaba cartones por el barrio. Y me sirve perfecto para describir lo que me tocó vivir en mis tiempos de escolaridad, mi escuela tenía todas las deficiencias. en invierno hacia frió, calor en verano, algunos iban comidos otros comían allí, otros hasta se vestían gracias a la escuela (como olvidarme de las zapatillas Flecha), pero la gente, las relaciones, la escuela misma me dejaba una enseñanza cada día. Aprendí a sumar, aprendí a contar con mis amigos, aprendí lo que era amistad,  aprendí a restar cuando quería comprarle algo a la chica que me gustaba pero quería dejarme algo para un Tatin, una Gallinita, o una Manon en el último recreo. Aprendí a respetar, a hacerme valer, a valorar el “veintiÚNICO” guardapolvo que tenía, y que según la vieja, tenía que durar blanco toda la semana. Qué digo la semana, ¡TODA LA VIDA! Por poco no decían las viejas “te vas a casar vistiendo ese guardapolvo”, por cómo lo teníamos que cuidar. Para colmo te lo compraban con proyección a futuro, unos talles más grande para que te dure más y le hacían un falso dobladillo para que no se note, recuerdo también que, al finalizar el año tenía mas cocidas que sutura de residente. Aprendí por las buenas porque tenía docentes más buenas que Lassie y una escuela que me contenía, a duras penas, con mucho esfuerzo, pero tenía hasta un plato de comida allí. Pero también aprendí por las malas, porque cuando yo me mandaba una en la escuela enseguida le avisaban a mi vieja en el maldito cuaderno de comunicaciones, y allí quien cumplía el rol materno en mi familia se hacía de la herramienta pedagógica más efectiva de los últimos 150 años (y me quedo corto). Aquella estrategia que la puso a mi vieja cogote a cogote con Paulo Freire; aquel dispositivo que le permitía corregirme, a la gorda reventadora de paciencia de mi padre,  traumática serial, guardiana de los pisos mojados in extremis y furtiva amante de tantas revistas de cosméticos, tupper y lencería le pasen por enfrente, era nada más ni nada menos que la chancleta o la ojota.



¿A quién no se le eriza la piel a la vez que se le esboza una sonrisa cuando escucha un “pasá por acá que no te va a pasar nada”?, (mucho más si se acuerda del maravilloso monólogo de Dady Brieva), ¿quien no se acuerda de haber corrido como pata de lana descubierto, al ver el cuerpo de la vieja inclinado hacia la derecha porque le faltaba ese calzado suela de goma tela tejida arriba, que sostenía con la mano desde el talón peinando el cielo? ¿Cuántos problemas que se diagnostican, se tratan y se medican hoy, se arreglaban antes con un chancletazo? Ojo, no estoy diciendo que todo se arregla con un chirlo, ni que no ha habido avances en los diferentes ámbitos que abordan estos temas pero si, me parece que se hace un circo del diagnóstico desde la multiperspectiva, de la pluralidad y el extremo cuidado.




Hay amor de sostener y de someter me dijo mi analista la última vez que lo ví (lo dejé no por que quería sino porque me daba culpa pagarle con puras penas nomas).  Y creo que lo que se está haciendo con los pibes es lo segundo, toda esa puesta en escena de la teatralidad multitask, multiviewer, potenciado en la dinámica de las NTIC. (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) viene motivada por un amor de someter, que muchas veces viene sin el amor.
Hay una obsesión por descubrir, analizar e interpretar todo lo que le pasa al gurí tanto fisiológica, mental, subjetiva, hasta en su ki cuando tiene un berrinche.
Antes al berrinche se lo curaba con una leche, un chirlo con la chancleta, o lo que es raro en estos tiempos, con una herramienta efectiva si las hay y que ha salvado a muchos desde tiempos remotos,  que se usaba poco en aquel entonces y se abusa hoy en día, un abrazo.

Y se arreglaba así de una, un abrazo y te acomodaba todo, un chancletazo y te acomodaban las ideas. ¡Ni Foucault logró acomodar en la vía de la normalidad tanto como una ojota! Pero hoy en día las escuchás a las madres hablar de cómo abordan la situación de su nene y  parecen José María Muñoz relatando la formación de Argentina del 78. “Luquita no puede hablar fluido, se traba”, (ya no es “tartamudo” porque la palabra estigmatiza) “por eso a la mañana va a la fonoaudióloga, a la tarde medico clínico,  psicóloga, psicoterapeuta, analista, lifecouching luego, para terminar con yoga para los nervios”. Te dan ganas de decirle, señora “Luquita no puede hablar fluido, pero del cansancio que le agarra de ir a tantos médicos”.

Luquitas tiene siete profesionales que no lo estigmatizan con una palabra pero con los cuales pasa ocho horas de las 24 del dia, un tercio del dia, tres o cuatro veces a la semana tratando ese único tema. Luquitas esta individualizado frente a ocho profesionales “incluyentes” para tratar, su dolencia, afección, particularidad, su ritmo de vida, su zen, su mal equilibrada energía, su karma estancada y/o su trauma, eufemismos que por ser amables pierden sinceridad, y no solo eso sino que encasillan, cada uno en su profesión, lo que le pasa al gurí y lo dejan mas solo que Kung Fú.

Hoy hay un abordaje en equipo, de problemas que antes se arreglaban con un chancletazo. Tal es así que se ha llegado a la existencia de una burocratización de los sentimientos. Porque para acompañar a un pibe que está llamando la atención con un berrinche se llama a miles de organismos que alimentan una obsesión por conceptualizar, aislar y tratar lo que al chico le sucede. Es así que lo que antes eran caprichos, nanas, berrinches, rompe las pelotas, hoy es una afección, malestar, dolencia, dificultad, anormalidad, y demás sinónimos que no hacen mas que ser políticamente correctos; (en mi barrio dirían juegan para la gilada). Lo mismo si el gurí tiene un problema, hacen cápsulas teóricas y parcializadas de lo que le pasa al pibe, que solamente significan mas colas en la obra social y  Luquitas sin poder decir ni mu.

Lo que parece que no se dan cuenta es que el uso de eufemismos cae en una estigmatización académica basadas en teorías que no tienen ni cien años y cuyas bases están todavía en debate. Mientras se hace la dolencia políticamente correcta de nombrar, el pibe la sigue padeciendo. Además ¿qué es eso de la multitarea, multiprofesionalismo, acaso un proctólogo te va a atender a la misma vez junto a un dentista por un problema en el estomago?. ¿Se imaginan?  Multitarea era la abuela que mientras le daba la teta a mi tío lavaba a mano para afuera, cocinaba con el rabillo del ojo, miraba un primo que siempre se ahogaba en la palangana grande de la ropa. Eso era multitarea.

Un Gran amigo mío dijo con gran tino. Cuando las cosas se complican es porque no se dá todavía con la solución
- Sí, es verdad -contesté- ¿y entonces qué hacemos cuando en el avance vertiginoso no encontramos la resolución?
- Cuando te perdes yendo para adelante, volvès para atrás. Me dijo.

¿No será tiempo entonces de volver un poco hacia atrás y regresar hacia lo mas puro, y ver desde allí que la mejor manera de nombrar a alguien o algo escurra de la propia aceptación de lo que se es? ¿Por qué mejor primero aceptamos, abrazamos, comprendemos, amamos y  luego acompañamos para generar someter el tratamiento al amor y no al revés? Y hagámoslo primero en casa para atacar la problemática de la manera mas sana posible (o para que el remedio no empeore la enfermedad), para que los gurises tengan mas amigos que profesionales atendiéndolos, y que todo aquello de aceptarse, comprenderse, acompañarse, amarse, (ideologías detrás de un abrazo)  se traslade a la escuela.

Lamentablemente tendremos que entender que hasta que la casa no sea la primera buena escuela, en la escuela los pibes no se sentirán como en casa.