Cuchuflito no es culpable



Lucas Carrasco-. El secreto para hacer una buena nota es simple pero difícil de encontrar en Entre Ríos.




Los diarios deben leerse, si se tiene interés en comprenderlos, preguntándose ante cada nota, a quién le están hablando. Porque la mayoría de las veces no le están hablando a uno, como lector.

Es un ejercicio costoso intelectualmente y requiere de esfuerzo y paciencia para aprender los códigos de los metamensajes y deducir a quién le habla cada texto. Con cierta práctica, basta leer el título y ya uno sabe a quién le está hablando el texto. O ni siquiera leer el título entero.

"El Concejal Cuchuflito advirtió severamente que..."l isto, ni terminés de leer el título, a no ser que quieras saber lo que el concejal (con minúsculas) Cuchuflito tiene que decirle a su jefe, a su ídolo, a su esposa o a sí mismo. Si  no te interesa, seguí de largo.
"La increíble paloma mensajera que maneja Corel 9 y cocina chucrut . Mirá el video", bue, esas notas boludísimas siempre tienen la misma característica: resulta que ocurren lejos, que el video está en Youtube, que en ese lugar lejos nadie se enteró de que eso haya pasado ahí (basta mirar los diarios de ese lugar siempre lejano) y que si uno quiere perder el tiempo con idioteces y hacer sentir un genio al que copió y pegó esa idiotez dando por sentado que usted tiene la edad mental de un chico de 11 años, hágalo. Pero sepa que le están, ahora sí, hablando a usted. Porque usted es un rematado idiota. Así que probablemente luego leerá las noticias policiales -cuanto más truculentas y morbosas, mejor: a usted le encanta, admítalo, y le gusta más si la nota está escrita en modalidad Doña Rosa Indignada- y las interminables irrelevancias deportivas que, para parecer más serias, están escritas en jeringosa pero también para un lector de 11 años que le vaya bien en la escuela: "El equipo dirigido por Cuchuflito se enfrentará al Alcaucil rojiceleste en el estadio de calle Mongo Aurelio". Uaaau, capo de las metáforas y las sinonimias, gracias por excluirme del texto. dado que no se quién carajo es Cuchuflito, a qué equipo le dicen Alcaucil, qué camiseta usará ese día y dónde queda el estadio. Yo solo quería saber a qué hora jugaban y por qué canal lo pasaban, pero leés toda la jeringosa, das por sentado que al señor le dijeron que escribir así, sin poner dos veces el mismo sustantivo y con adverbios salidos de una cantina, estás "escribiendo bien". O sea, no me habla a mí. Le habla a la Real Academia Española, que por suerte ni se entera.


La mayoría de las notas están escritas para agradar al jefe, a algún político, a cierto ideal de sí mismo. No para conmover al lector, hacerlo dudar, hacerlo reír, hacerlo sentir algo.
La idea de "información" es, hoy en día, una idea en crisis.
¿Realmente es necesario saber la cantidad de noticias que uno lee?
En mi caso, sí, porque es mi trabajo. Pero en realidad leo muy pocas noticias. Por economía intelectual: la mente no es un recipiente infinito, no puede guardar inabarcables datos. Somos limitados. Lo mejor es ecualizar la cabeza y sólo leer lo que vale la pena, lo que me aporte algo. Si puedo vivir perfectamente sin saber de la vida del asesino de Las Vegas, la marcha de los juicios a De Vido y ni que hablar las tonterías de la sección espectáculos, cultura o sociedad. Pero se me haría más difícil vivir sin una novela de Saer, sin las columnas de Pérez-Reverte, sin la sutilidad descarnada de Jorge Asís.
Porque le hablan a un lector que conocen, que moldean, que forman e informan. Porque dejan trascender cosas de sí en las cuales verse reflejados. Porque enseñan astucia, porque tienen imaginación, porque la crítica ácida es la contracara de una sensibilidad herida.


Los mayoría de los lectores adultos tienen la misma capacidad de comprensión de textos que niños de 11 años bien educados. No es un chiste, no es una exageración, es efectivamente así. Y los medios masivos escritos están pensados para ese lector. Nosotros mismos, desde Noticias Entre Ríos, escribimos antes para un lector así. Necesitábamos ser masivos. Así que podíamos titular -un amigo siempre me recuerda este título- "Mauro Urribarri se reunió con el pariente pobre de Ricardo Fort" y una foto de Mauro Urribarri con un muchacho que ni sabíamos quién era. Arrasaban las visitas.
Si algo sé hacer, es escribir para que se viralice (¿o viralise, o viralize?). Pero eso es una táctica. Se pierde en complejidad. Por eso suelo utilizar esa táctica un tiempo, para después irme replegando hacia un lector que, atraído por la novedad, se vaya quedando aunque las notas comiencen a volverse más oscuras, menos graciosas, más difíciles de leer, menos pasatistas. Así se construye una comunidad de lectores fieles. Gente que por ejemplo, me para en la calle y me comenta mi vida como si yo anduviera por ahí escribiendo la verdad sobre mi vida...No, no, es todo mentira. Mi vida es aburrida. Como la de cualquier persona que escriba tanto. Y que por ende, tenga que leer mucho. Son vidas aburridísimas. Con el talento para contarlo. Y la suficiente vanidad para bancarse semejante exposición.

La desnudez interior que implica la escritura en cualquier género es infinitamente más compleja y audaz que las pavadas que uno puede contar en la radio o la televisión. Todo texto escrito, así sea un parte meteorológico, nos dice algo sobre el autor. Y nos dice algo sobre nosotros, los lectores.

A mí no me gusta que me tomen el pelo. Ni los puteríos ajenos. Ni la hipocresía moralista. Ni el trabalenguas deportivo. Ni saber quién es la novia de ningún futbolista del planeta.
Hay gente a la que sí, a la que esas cosas le interesan y está muy bien, felicitaciones, hagan su vida. Eso sí, sepan que a ustedes los informan como si tuvieran la capacidad de comprensión de un niño de 11 años con buena educación.