Cambia, todo cumbia



Osidrio Sibilante-. Cambia  todo cumbia




“!Mary! ¿Qué le pasa al perro que abre la boca y no toria”? Decía el finado Dominguez cuando se le había quedado sin baterías el audífono. Y más o menos como el “finao”, Dios lo tenga allá arriba (o allá abajo), hemos venido desde hace ya largo tiempo. Quiero decir, que hace un tiempo vemos al perro torear, haciendo oídos sordos al ladrido.

Me voy ajustar el cinto subiéndomelo con las dos manos una a cada lado, voy hinchar el pecho exhalando para comenzar en un suspiro a decir que hace tiempo venimos viendo una decadencia de la dirigencia política en general,  y con ella vemos también que viene cambiando la manera de “hacer política” pero no le hemos dado la importancia que merece.
“De política, de religión, y de fútbol en la mesa no se habla” decía mi abuelo que con el pucho lleno de tabaco “Richmond” se sentaba a la cabecera de la mesa a servir los fideos para todos. Y en esa premisa dictatorial, encerraba también un poco de democracia. Porque si se hablaban de esos temas se encendía la euforia, se habilitaban nuevas tensiones entre las partes que ya tenían algún conflicto (sacarle la novia un hermano al otro cuando chico, la pérdida del juguete preferido en el río), y esas heridas aumentaban el calor de la discusión y daban pie a la violencia. Desde allí la razón la sostenía luego el más fuerte cortando todo tipo de dialogo y/o debate civilizado.
Lo que sucedía era que mi abuelo como tantos otros abuelos sabia, porque había vivido, que en esas tres cosas se esconden algunas de las mayores pasiones. Y sabia también por haber estado enamorado que las pasiones no entienden de razones. Por tanto, sino disponía la prohibición temática a la hora de la comida se vería obligado a aplicar la misma lógica de la madre al agotar toda instancia del dialogo con el niño. “Tres veces te dije que vayas para adentro” Dijo la mamá revoleando las sandalias de las tres tiras, dura y pesada que tuvo destino de lomo.

Pensándolo un poco y así por arriba ¿por qué tanto alboroto por temas que tiene tantas verdades como creyentes?
Y un poco debe ser por la cultura del para siempre.



La cultura del para siempre es la hija no reconocida del  oficio hereditario, donde la genealogía definía de antemano el oficio, de ahí el sentimiento de que todo es para siempre, los amigos, la religión, la escuela, el club, el oficio, la ideología. Todo era para siempre, hasta las cosas duraban para siempre. Por eso creo que hubo una generación de adolescentes, que terminando el secundario,  se cagaba en las patas cuando volvían del barullo de Bariloche (los que podían ir y los que se quedaban acá también se cagaban lo mismo) porque lo que vos eligieras iba a hacer para siempre y no te podes equivocar. Mirá si elegís de puro hormonal e instintivo ser ginecólogo, y después descubrías que no era lo que pensabas e ibas a tener que bancártelo para siempre.
El club, Igual. Desde chiquito te inculcaban que era como el amor a la vieja y a la patria (dudo que mi vieja haya festejado un penal a favor), de esos amores que son para siempre y de jurar amor después de muerto como sugiere la canción de cancha “el día que me muera yo quiero mi cajón pintado… como mi corazón”

Los colores, las historias, las primeras experiencias todo ese amor es para siempre. Ni hablar la religión, desde chico y sin preguntarte te pegaban una ahogada en la fuente de la parroquia para sacarte el pecado original, luego te mandaban, si. Te obligaban a tomar la comunión, segunda comunión y confirmación, no te casaban y no te daban la extrema unción de una para no quemar etapas nomás pero por lo demás estabas completo. O sea, vos podías confirmar tu religión para toda la vida a los 15 pero eras inhábil para elegir a tu gobernante por seis años en aquel entonces.
Concretamente, era un contexto donde las cosas eran para toda la vida, muy diferente al de hoy donde la vida es para todas las cosas.





Vivimos en una época donde el tiempo se nos escurre de las manos, donde las NTIC (Nuevas tecnologías de información y comunicación) aceleran los tiempos, acelera la demanda, apura la oferta, modificando también nuestra cosmovisión, nuestro cronometro sensorial del tiempo. Y en la vorágine han caído y cambiado varios tótems irrefutables de estos “para siempre” y la boca del metafórico perro que mencionaba al principio la vemos abrirse allá a lo lejos, con la imagen rasgada y el audio distorsionado, en la imagen del riojano que con el poncho al hombro y las patillas acariciándole el bigote, habla desde lo alto. Allá lejos donde va quedando la imagen de una adorada Evita diciendo “…otra vez estamos aquí para dar la respuesta al líder del pueblo.”  Y no es echar por tierra sus labores políticas, mucho menos por comparar el agua de Evita al aceite de motor sino que las dos imágenes anteriores sirven para graficar una manera de hacer política que  se hacia desde siempre y hoy viene dando tumbos.
Me refiero a la imagen aquella del líder, nacido y criado, arrojado y en compromiso con el pueblo, la imagen del líder como el caudillo, el salvador. Esta idea se fue degenerando tanto, en el sentido de transformar y en el que lo usaba mi abuela, que ya ni siquiera se respetan las características de liderazgo que tan bien describía weber. Se fue modificando tanto todo que hoy líder es el que junta determinado número de gente. Pero cuando en ese grupo de gente, cada uno piensa que es líder, termina habiendo mas caciques que indios (formula aplicable para entender las internas peronistas).

Vivimos en una comunidad más global, más conectada (no por eso menos aislados), que lo único que la divide son los regionalismos y los limites políticos. Por lo demás estamos todos cada vez mas conectados y compartiendo parte de nuestra cultura mediante alguna aplicación o red social.  Se escuchó en boca de varios periodistas decir “la gente ya no vota con los bolsillos” y pensando un poco puedo decir que la gente ya no solo con el bolsillo sino que también vota hoy con las redes sociales.
Si Saussure y Peirce, vieran el trabajo que se hace desde lo lingüístico en las redes sociales para generar un suceso con el mayor grado de veracidad. Sacarían diez libros cada uno.
Es que la “verdad” ya no la marca los lineamientos de una ideología o la impronta del líder. Lo cierto es que existe una construcción de una realidad llevada a cabo por las NTIC que determinados grupos presentan como verdad, y que termina de resistir sus grados de falsedad con cuantos adeptos  “crean” y la divulguen.
Es como el famoso que plantea Umberto Eco. El famoso de hoy no es el que tiene capacidad en su gracia y goza de ciertos estatus debido a eso, sino que el famoso de hoy es el más conocido. Aquí es igual la “verdad” que más se cree, a menudo es la que sostienen la mayoría, pero no es suficiente.  Especialistas y letrados en un tema específico la deben avalar, pero no es suficiente. Radios y medios hegemónicos deben repetir dicha “verdad” 24 hs los 7 días de la semana.  Y esos son los bombos, petardos y platillos de la nueva política que yo na resuenan en las ventanas de la avenida sino mas bien en la pantalla de tu teléfono móvil.



Han cambiado al líder por la idea del equipo, las pancartas por globos, las frases por hashtags, las menciones por arrobadas, los escudos por iconos o emojis, la seriedad  y el endiosamiento del líder por una figura que busca ser simpática bailando cumbia.
Y esto sucede sean del partido que sean, y son herramientas con las que se hacen por tener un Estado en crisis, y una dirigencia que no marcha acorde a las expectativas de la ciudadanía. Todos esto es un síntoma de la situación política que vivimos, mientras se pelean por un voto, mientras se pelean por las estrategias y se cagan en los viejitos que dicen, piensan y sienten para siempre la frase “La vida por Perón” (como en el gran sketch de Tato Bores de sindicatos y la patronal) mientras se arrancan los ojos por un sindicato, mientras se gastan 14 millones en un emoji de Twitter, mientras se quieren aplacar las viejas mañas políticas con unas nuevas, mientras unos reviven a Perón otros buscan el Globito.  Y esto sucede simplemente porque como dijo Ryszard Kapuściński “Un pueblo desprovisto de estado busca salvación en los símbolos”.