El finado

Manuel Langsam-. En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban "El Finado” o “El Finadito". ("El Finau", traducido al entrerriano).

Ya no estamos pa' esto



Osidrio Sibilante-. Ácidas reflexiones sobre el devenir del turismo en Entre Ríos.



Así comenzaba una frase con las cuales generalmente se anunciaba un final.
Se reconocía así la conclusión de un etapa que,  en el caso del abuelo (quien motivo este escrito al gritarlo a viva voz), era la idea de seguir jugando de “CentroFobal”.  Pero el tiempo y sus circunstancias hicieron que el viejo al primer tiro al arco improvisado entre el rosal y la canilla al principio del patio, se disloque el hombro, se desgarre las pantorrillas, no sin antes revolearle la pantufla que salió como Tomahawk tierra- aire directo a la cabeza de la abuela que se tragó los postizos de un solo chupón que le pegó al mate producto del golpazo propinado por ese calzado de carpincho suela de corcho duro que se volvió pesado por haber absorbido la humedad y que salió volando fruto del yerro del septuagenario jugador que quiso emular la figura de un Merlo, de un Rattin, un Corbata, un Sanfillippo y recordar así en su pirueta tosca, torpe, hasta grotesca, sus viejas épocas de cuando la movía en Ministerio. El abuelo terminó por errar para la mierda la patada a la pelota y desparramado sobre el pasto miraba a la abuela saliendo de la asfixia, azul, tosiendo yerba y allí cerró los ojos para que la media chilena se repitiera solo en su cabeza.
Las risas le terminaron por confirmar una idea que resonaba ya en sus huesos en los días de humedad. Ya no estaba para eso.


Esta pequeña anécdota, me hace acordar a la característica adjudicada a la ciudad de Paraná de ser la bandera de aquel slogan con el que se promocionaba el turismo provincial hace algunos años y del que hoy en día quedan resabios en las remeras que se usan para dormir, en algún gorro de un albañil, o en algún desgastado sticker de una heladera vieja.
La  frase de la que hablo es ENTRE RIOS TODOS LOS VERDES. Frase con la que yo estaba contento desde el vamos por ser hincha del Glorioso Club Atlético Talleres del Ministerio de Obras Publicas; Esta frase suponía a priori, en mi cabeza de gurí, que la condición de entrerriano habilitaba súbitamente  la condición de Negro del puerto, y eso a mí me encantaba. Pero fuera de mi cabeza suponía un montón de cuestiones que buscaban promover la provincia como un lugar turístico natural. De allí deben ser mis recuerdos de los picnics en la Toma Vieja, los campamentos en el Thompsom, de allí las juntadas en el Municipal, los Festivales en el Puerto.


Era gurí yo igual,  no recuerdo mucho, pero existen muchas fotos (a pesar de las dificultades de ese momento para hacerse de cuatro fotos como la gente), y les digo que  todas son de esos lugares y siempre la gente en ellas aparecen felices. Entiendo u hago la salvedad que como las fotos eran especiales y difíciles de conseguir ¿Quién corno se iba a sacar una foto triste, o llorando o como hacen en ahora en el baño, cagando y con pico de pato?  Nadie. Pero lo que me llamó la atención es que tanto los lugares como los sentimientos se repetían. Sé porqué se repiten los lugares en las fotos pero los motivos  los dejo para otra ocasión.
Toda la perorata la parafarnaria y el firuleteo lirico me dio pie para entrar al tema qe me hizo acordar y que que traigo a colación; El turismo.




El turismo en nuestra provincia a mi me daba la sensación de que era de adentro hacia afuera.  Se preparaba todo para que  primero que nada la gente de acá estuviera bien, para que la gente de acá tuviera algo que compartir y disfrutar; y desde ahí decantaba la cuestión solita y por lógica pura porque ¿quienes venían primero?  Los parientes de los que vivían acá.
  Venían los primos Cordobeses que se asombraban y se siguen asombrando cuando ven tamaño rio. Y es comprensible: los ríos de ellos los cruzamos nosotros por calle Corrientes cada vez que llueve. Cuando nos toca ir para allá te dicen este es el río pajarito y los quedamos mirando como monaguillo que robó la donación.
Venian los porteños (de Capital Federal) que siempre andaba enchufados a 380 y andaban a dos mil por hora visteh y se van chochos visteh y descansos visteh aunque la noche en el barrio se armó la balacera.   Lo que pasa q las balaceras de acá es el canto del colibrí para ellos con los quilombos de allá y por tanto queda para la historia que nunca durmieron tan bien en la tranquilidad entrerriana. Y esos cordobeses y porteños, les comentaban a sus vecinos la grandeza del río, la tranquilidad del parque, que pasaron por un túnel debajo del agua y que el más chiquito de la familia quiso aguantar la respiración de punta a punta y casi se queda azul para siempre el boludo, que anduvieron en balsa, subieron el auto a un barco, ¿Me escuchas? Sí el auto, a un barco, grande, por el río, te lo juro. Sumale Tranquilidad algún que otro restaurant en el parque.  Claro, Imagínate, hacían cola para venir la gente esa. Y nosotros los atendíamos  primero porque eran parientes, segundo porque eran amigos de los parientes y tercero y más importante es porque teníamos con qué y dónde hacerlo. Era un turismo, a mi entender de pibe, de adentro hacia afuera.


Es como el cumple del primo donde la tía pensaba que si arreglaba la casa y ponía unos globos en la puerta, los amiguitos iban a van a venir igual aunque no haya mandado las invitaciones que no compró porque no le dio la plata  por traer un bidón de jugo más grande. Arregló adentro primero y eso se notó. No había que ser muy pillo para darse cuenta que era un cumpleaños y entrar despatarrado para agarrar el mejor lugar para la piñata. Y contar de lejos la bolsas de las sorpresitas para saber si alcanzaban para todos.
Así era, no teníamos mucho.  Pero lo que teníamos era lindo y, más que nada, era nuestro.
Sin embargo en los últimos años han cambiado las cosas, hoy ciudad turística es Santa Fe. ¿Desde cuándo Mabel decime? Si lo único que tenían era el palomar donde vendían alfajores viejos y te cagaban las palomas,  el “yopin”, un puente todo oxidado, y nada más. ¿Desde cuándo?  Ojo. Digo que bueno lo que les pasó a la gente del otro lado del charco, pero yo apunto a ¿Qué nos paso a nosotros? Esa es la pregunta que me hago, y caigo en la cuenta que se empezó a hacer todo al revés. El slogan de hoy, nunca mejor puesto, “Entre Rios una tierra diferente” tiene razón ya no es lo que era. Quizás el aggiornarse a los tiempos que corren hace que se deba posicionar la promoción del territorio de otra manera, quizás se vea motivado por la búsqueda de dinero que aquí no hay. Pero la cuestión es que le pegaron en el ojo con eso de “diferente” porque ya no es lo mismo. Lo que antes se hacía de adentro para afuera ahora es al revés, de afuera para adentro.

Si hay pobreza que no se note dijo la abuela y tapaba el rancho con un toldo,  y  yo recuerdo con respecto a esto, Stands de turismo en el parque y en el puerto, hasta con merchandasing nuestro. ¿Quién no se llevó una remera de Paraná con el logo del sol con el velero que solo tenían los del Rowing? (hablo del velero) y no era de una calidad que envidiaría Sarkany. A mi entender estábamos más cerca de Sankarny la carnicería pero de todos modos, tapábamos lo que nos faltaba con lo que nos sobraba que era expectativas. Éramos de Paraná queriéndole mostrar al resto de los paranaenses que lo éramos y si éramos entrerrianos mejor porque hacia juego con el parque y con todo éramos todos verdes, honrábamos el panza verde re significándolo como algo bueno aunque viniera de una derrota que en algunos libros sigue doliendo.
Sin embargo ahora queremos tapar lo que nos falta con lo que no tenemos. Ahora vemos como la promoción se busca lejos y en lugares que son casi al pedo,  y se me viene a la mente el parador promocionando playas en Mar del plata. Como escuchó señora no se ría porque es verdad, milenaria capital turística del país por sus playas ahí poníamos a competir cogote a cogote al Thompsom, el Municipal, o un Flotante en Hernandarias y se me viene Yeruá con su costita llena de piedras chinas o la Terraza allá en los pagos de Rosario del Tala. Les faltó poner un stand en Bariloche con un slogan que diga  ¡viva la nieve en Paraná!, o uno en Córdoba que diga ¡la mona y el fernet son mejores en Feliciano!, Pero en fin. Ya no se ven los pescadores con surubíes,  o dorados, menos remeras con el logo de la provincia o de la ciudad cosa por la que antes nos peleábamos para conseguir algunas. Ahora que lo pienso las grandes batallas campales de la fiesta de la primavera ahí en el parque se habrán armado por eso, por agarrar algún premio con el logo.
En cambio ahora nos conformamos con pancartas en las calles que nadie ve, y promociones en canales importantes de Buenos Aires.  Porque la promoción esta allí.  Una vez alguien me dijo vos sabes nene que hace unos años el turismo de acá apuntó hacia el porteño visteh (por el porteño de Capital Federal, no por el de Puerto Yeruá que también son de puerto y por tantos también les cabe el adjetivo porteños), y lo odié por eso. No por no querer ofrecer algo a la gente de capital, sino que la rabia venia porque sentí que ya no era nuestro, sino que ahora éramos un producto prefabricado y envasado que se vende afuera por no poder pagarse adentro. Y me di cuenta entonces que hay una sensación de que a la gente la corren de lado, no tienen lugar,  en el Thompsom te saludan los terezos y la basura del “clab de shatch” que si les llegas a decir, te plantean que prácticamente no van de cuerpo porque es de una bajeza total gordoh. O en el mejor de los casos te venís con una conjuntivitis que ni Bob Marley un sábado a la noche con los ojos rojos. En el parque a los pibes los van corriendo cada vez más, los sacaron del rosedal, de la torre, del monumento a Urquiza si siguen así los van a tirar para abajo, y juntados todos en la canchita del Pancho. Van tomar mates mirando el Wall Mart. Ni hay que ver cómo está la Toma. arreglada  y todo dista un montón de sus épocas de esplendor, de hipismo, rocanrol, familias, y  batallas campales… (también las  hubo) pero sin embargo hasta la barbarie aquella me parecía nuestra, sabíamos que a tal hora se ponen todos de cabeza y se la van a dar. Es por eso que las familias se iban antes.

Y es así. A lo propio se lo conoce desde siempre y desde adentro.
Y lo querés y lo cuidás.
Si me habrán cagado a pedo por tirar una piedra,  en el muelle.
¡No que espantas los pescados, me decían! Una piedra de morondanga en el río más caudaloso que conozco. Y me cagaban a pedos igual.
¿Qué vamos a cuidar ahora? Si ni en los papeles son nuestras las cosas, el Thompsom privatizado, la Toma tercerizada hasta hace poco, el Municipal está zafando pero porque el Rowing y el Cae no quieren limpiar una playa más grande porque sino, olvidate. Que vamos a cuidar si cuando vemos las publicidades de la provincia y realmente  lo observamos nos da la sensación de que es otro lugar ¿no les parece? Vi una publicidad en Marcelo Tinelli creo, y vi el spot. Y mi abuelo, que estaba conmigo dijo ¿Dónde es eso? Él preguntó, que estuvo dando vueltas la provincia toda su vida y  no se dio cuenta. Fue como la gaseosa de naranja que te dicen que es de naranja pero naranja no tiene. Bueno así. Y ahí nomás enseguida el abuelo se levantó y se puso a jugar al fútbol, yo en cambio me puse a mirar las fotos de mis vacaciones y vi Santa Fe, Corrientes, ¡Crack! Sonaron los huesos. Seguí observando, Mendoza, Salta, fiumm un una pirueta trunca del abuelo. Uruguay, Brasil.  !Plaf! Se la pegaron a la abuela con la pantufla que le voló el mate a la mierda. Todas mis vacaciones fuera de la provincia. ¿Por qué? La vez que fui a Mar del plata ¿Fue por culpa del stand? ¿Fui a buscar lo que vendían allá por miedo a no tenerlo acá? Y entre mis manos temblorosas resbala unas fotos de mi primo el de Buenos Aires, el de Corrientes y yo en la Toma. La única vez que estuvimos juntos. En eso que la levanto, y la miro, se recompone el abuelo de su frustrada pirueta y mirándolo en silencio coincido, cuando limpiándose los pastos del codo se queja diciendo Ahh Ya no estamos para esto.