¿Por qué el Patito Sirirí está en bolas?




Osidrio Sibilante-. Si hubo una ordenanza municipal que prohibía que los maniquíes en Paraná estén desnudos, ¿por qué no hay una ordenanza que lo vista al Patito Sirirí?






Cosas que pasan, dijo la abuela y estaba mirando autos en la avenida. Y la verdad es que en aquella escena para cualquiera cómica,  encerraba para ella y para quienes lo piensan aún más profundo, una carrera con o contra el tiempo. Y es que aquella señora que todavía pedía un millón de pesos argentinos de cosas sueltas, y para quien el último cajón donde se guardan los corchos todavía sigue siendo el templo de las cosas por usarse, las cosas habían cambiado. Y no solo eso sino que se había adentrado sin quererlo, quizás sin saberlo, en una lucha contra el tiempo poniéndose del lado de la resistencia.

Las cosas cambian y por eso la vigencia de aquello que dicta que lo de "antes siempre fue mejor”, pero mi abuela aún ante lo indeclinable del paso del tiempo no logra acostumbrarse si quiera a las “pelfies” de los adolescentes en las redes, ni a la dependencia de cables de hoy en día por muchas soluciones que prometan. Claro, el único cable que utilizaba ella más allá de algún nuevo electrodoméstico como la heladera que suplantó a la de kerosene, era el que usaba para tender la ropa.

La ciudad, como la abuela, da cuenta del paso del tiempo. Aunque algunos edificios por lo menos del casco céntrico como la Normal o la Catedral, de la cual nos seguimos preguntando por ¿Dónde está Juan Pablo?, siguen inmutables. Sin embargo hay pequeños grandes detalles que los despistados ángeles durmientes de la modernidad líquida no se han percatado.



Recuerdo yo el rataplán donde lloré los primeros juguetes, o en Yoghurt Time donde pude ir solo una vez y nunca jamás volví a probar un yoghurt congelado. Probé poniendo un vasito en el freezer. No es lo mismo.  Y se me viene a la mente un Casa Tía, del yo tengo un plan, que bien puesto estaba el nombre porque parecía la casa de una tía solterona con ropa de salir para las mujeres así todas colgadas, manoseadas y arrugadas, un montón de prendas para regalarle a los sobrinos todas revueltas porque tenia como cien sobrinos la tía (no había internet y escaseaba la yerba) y un par de boludeces mas por si se quería pintar para salir a dar una vuelta. Y ahora que lo veo el paso del tiempo hizo que aquella mal vista solterona, que la misma persona en su misma condición hoy fuera caratulada como una mujer independiente, pues el cambio trajo una aceptación social de su condición. Por eso es que creo que la misma modalidad de venta de ropas después se le puso QUE BIEN. Sino no se entiende.

Aquellas cosas cambian y damos por sentado el estandarte decimonónico nacional del orden y progreso que muchas veces se lee implícito en el discurso de algunos. Pero pensando un poco digo, algo se nos habrá perdido en el camino porque de aquellos conceptos al orden solo se aspira y al progreso lo vemos  pasar de largo. pues el otro día me encontré con un proyecto de modificar el centro por unos cuantos millones.
!Otra vez el centro!
Que los bancos que habían pedido las señoras de pies cansados por los tacos, los van a sacar, que las palmeras parientes de aquellas que perecieron en Mar del Plata tendrán un mismo destino del olvido, y las calles. Otra vez las calles.  Quieren cambiar las calles. Como si no tuviéramos ya con aquel viejo proyecto de quitar los carteles comerciales o aquel memorable de hacer tapar los maniquíes desnudos, fijate vos.  Recuerdo que con estos últimos nos pegaron un bofetazo de modernidad en la cara porque sosteníamos como en antaño la manía de orientarnos a lo de antes, por referencias tan locales como propias, allá de lo Pérez tres cuadras pa´l lado del río.
Por eso también se quedaban los turistas creo, porque quedaban dos semanas dando vueltas preguntándose donde esta el rió primero para después agarrar para lo Perez y de ahí recién rumbear para el destino.



Cuando taparon los maniquíes nos quitaron la vieja referencia de un local ubicado antes de Beter que quizás no lo vestían por pura rebeldía o porque quizás como el sirirí se había vuelto referencia en su localía.
La cuestión es que en esa cuestión del cambio, tan oficial, como renovador, valga la confusión política en estos tiempos.  Quedamos todos mirando la friambrera.

Pero como venia diciendo, no solo el centro, las calles también sufrieron el slogan.
Allá pasaba papurri, cuenta un audio de whatsup, a contramano x Echague en el Renault del cuñado esquivando zorros,  a lo Marcel Marceau haciendo señas para cualquier lado quedó una vieja a la cual le preguntaron para donde corre Soler… Perón para abajo contesto la vieja y la tildaron de gorila. Y no era que la señora en su conservadurismo guardara sesgos antiperonistas lo que sucede es que calle Perón antes se llamaba Soler y corría para abajo (una entrerranía en referencia a la barranca)  pero lo que sucede es que le preguntaron a una señora a la que violencia de género era cuando la estafaban con la tela. Porque en sus tiempos no estaba conceptualizada ni socialmente tan rechazada esa violencia como así lo inmortaliza una Mamá Cora en Esperando la Carroza al decir que el marido la fajaba pero en el fondo era bueno.

Lo que sucede es que las cosas cambian y eso es inevitable, lo que antes era mal visto hoy no lo es, lo que antes era repudiado hoy es festejado, a veces me parece que los saltos culturales, sociales e infraestructurales lo hacemos de en voto en voto, donde el primer y el ultimo año de la elección son los que valen y hay una meseta de dos en el medio.  Porque a veces se hacen las cosas pero al cuete y cerca de las elecciones y en el medio de aquello quedamos nosotros todo removidos y olvidados luego, como el terreno del estadio único presente solo en la memoria de quienes lo recuerdan.
Cambian las cosas pero seguimos siendo los mismos, dijo el abuelo que festejaba contento su cumpleaños sin pensar que para su cumpleaños faltaban dos meses y la vela era porque se había cortado la luz. Y en su memoria abatida por el alemán del olvido, tenía razón. Cambian las cosas, Casa Tía se cansó de esperar un amor,  se llenó de comidas y se volvió supermercado, Yoghurt Time que duró poco se lo tomó muy a pecho y hasta se lo volvió personal.  Pero son los mismo locales, igual con las calles. Son las mismas con los mismos cráteres pero corriendo a contramano de la costumbre, de la lógica y hasta con la numeración de las casas, hay mas plantas menos plantas menos árboles mas barrancas pero es el mismo parque, mas camalotes, mas boliches, el mismo puerto, lo mismos galpones, la misma gente.

Es esta la razón  por la que los porteños cuando vuelven después de un tiempo piensan que Paraná no ha cambiado nada, la misma razón por la cual cuando nos vamos mucho tiempo la extrañamos tanto a esta ciudad. Es que seguimos sosteniendo la solidaridad y la inmutabilidad de ciertas costumbres de un pueblo, como nos llamó La Sole alguna vez y la abuchearon. Por eso son las veces que corregimos a los artistas cuando nos confunden con Santa Fe. Porque amamos lo nuestro, lo defendemos aun en nuestras criticas, adoramos esta ciudad que cambia por arriba nomas. Te pasan de vereda los semáforos, te sacan cinco paradas de cole te ponen dos pero los colectivos siempre llenos y tarde,  te pintan los canteros de un color diferente a cada gobierno, cortamos una calle que atraviesa San martín y de acá para allá la nombramos de un modo y de San Martín  para acá la misma calle de otro.  Y así nos gusta.



No hay que resistirse al cambio, dijo la abuela que quería echar al abuelo para ponerse de novia con el sodero. Y no tenemos que hacerlo,  hay que abrazar el cambio, y cuando es bueno hasta el duelo de perder nos avizora un buen futuro. La abuela perdía un compañero de cincuenta años pero iba tener soda gratis. Nosotros en cambio, dejaremos de pelear con los comerciantes por pedirles el excusado y dejaremos de usar la Normal como baño público pero tendremos al fin un lugar nuestro en el centro para evacuar las penas los llantos y las urgencias de la barriga. Dejaremos de ver a los policías solitarios, figurando la silueta de un Batman con sus capitas invernales en lo alto de ese mirador,  tendrán agua los transeúntes eternos sin techo que habitan en las plazas, no podrán tocar cómodos los artistas callejeros pero vamos a llegar mas rápido a casa sin tanto obstáculos.
Cuando el cambio llega hay que abrazarlo y en tanto en tanto esperar que se de también en los hospitales para que no seamos allí como los autos que veía la nona sobre la avenida, tan solo cosas que pasan.